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Urdaibai contra Urdaibai

El plan de protección de la reserva de la biosfera se renovará por vez primera en 20 años y busca acabar con el desapego de los vecinos.

Para los 45.000 vecinos la declaración de la reserva hace 28 años no ha tenido efectos económicos: no ha habido ni un solo plan de desarrollo. Se quiere implantar un modelo turístico coordinado.

“Ahora los plenos [del Patronato] son más tranquilos”, afirma la directora de Biodiversidad del Gobierno.

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Urdaibai es la joya ambiental vasca pero no termina de pulirse. Declarada hace más de 28 años reserva de la biosfera, la única existente en Euskadi, ha sido durante estas tres décadas otro motivo más de conflictos institucionales: entre el Gobierno (encargado por ley de su gestión) y la Diputación de Vizcaya, que nunca ha aceptado estar al margen de la gobernanza. Y ha causado el desapego de gran parte de sus 45.000 vecinos, que han visto cómo avanzaba la protección pero sin ningún plan de desarrollo económico para la zona. Pero, por vez primera en sus 28 años de vida, se atisba una luz para aprovechar, medioambiental y económicamente, un área que ha quedado anclada todos estos años. El cambio en el documento del Plan Rector (el que regula la protección y que el pasado mes de agosto cumplió 20 años sin ninguna modificación) previsto para el próximo año puede ir resolviendo bastantes de los problemas.

Una reserva de la biosfera no es un parque natural en el que casi todo está prohibido. Es una figura de protección que la combina con el desarrollo socioeconómico. Pero para los 45.000 vecinos de sus 22 municipios, que ocupan una superficie de 22.000 hectáreas, Urdaibai ha supuesto en estos casi 30 años una restricción a su capacidad de actuación: en las zonas rurales no se puede construir salvo excepciones y actividades económicas como la forestal tienen grandes limitaciones. La preservación natural ha tenido éxito pero el sacrificio para los residentes apenas ha tenido compensaciones. De hecho, en los 20 años desde que se aprobó el plan de protección de Urdaibai por parte del Gobierno, no se ha podido desarrollar ningún plan económico. El resultado es que la comarca se ha quedado casi sin tejido industrial, al perder más de 4.000 empleos en estas casi tres décadas.

Los datos son engañosos, porque el paro no es alto y la recaudación de impuestos se ha duplicado desde 1990. Pero la mayoría de los vecinos se van a trabajar a diario fuera de la comarca. No hay un polígono industrial ni ningún proyecto concreto para atraer empresas.

El anterior equipo del Departamento de Medio Ambiente, dirigido por el PSE, inició un giro drástico en Urdaibai, al poner en marcha la renovación profunda del Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) de la reserva, uno de los dos pilares de las reservas de la biosfera. Es el que garantiza la protección de la naturaleza. El otro es el desarrollo socioeconómico, cuyo avance ha sido nulo. Primero se realizó un diagnóstico sobre los problemas de la reserva, en el que se constataron las discrepancias institucionales de gobierno de Urdaibai, la necesidad de lograr una mayor implicación de la ciudadanía y crear un modelo turístico coordinado, algo que no se ha desarrollado nunca por increíble que parezca en una zona con tantas posibilidades turísticas. “Se pusieron las primeras piedras para llegar a la situación actual en la que, institucionalmente, las cosas han mejorado mucho”, asegura Jon Hidalgo, presidente del Consejo de Cooperación, un foro consultivo previsto en la ley de la reserva para fomentar la participación ciudadana que agrupa a una quincena de colectivos.

Simplificar la burocracia

Ese trabajo ha sido aceptado por el nuevo equipo de Medio Ambiente, del PNV, que espera presentar el borrador de renovación del Plan Rector para finales de año. “La idea es simplificar los procesos administrativos”, explica Amaia Barredo, directora de Biodiversidad del Gobierno. Ahora los vecinos tienen que solicitar al menos dos permisos (uno a su ayuntamiento y otro al Patronato de Urdaibai, el órgano que gestiona la reserva) para cualquier actuación, desde una simple chabola o vallado hasta la construcción de una vivienda. Se quiere que haya una ventanilla única, según señala Amaia Barredo.

El nuevo plan de protección  “afinará” más la cartografía, otro problema que solivianta a los vecinos. Al dividir la protección en grandes áreas, las injusticias son mayores. “En algunas zonas se será más benévolo (los propietarios tendrán más opciones para aprovechar urbanística o forestalmente sus suelos) pero en otras áreas, como en las zonas Red Natura, habrá más restricciones”.

Otra de las claves será la función del Patronato. El órgano gestor de la reserva, en el que están las instituciones, sindicatos, colectivos ecologistas y sociales o la Universidad, ha sido en estos 30 años más una jaula de grillos que un instrumento para el desarrollo de la reserva de la biosfera. Para los ayuntamientos ha sido una especie de Inquisición por su injerencia en los planes urbanísticos y se ha limitado a una labor burocrática de concesión o desistimiento de permisos. “Ahora los plenos están siendo muy tranquilos”, señala la directora de Biodiversidad. En los 90 hubo mucha tensión con plantes de ayuntamientos y la propia Diputación, que amenazó con romper la ley de Urdaibai. Barredo tiene claro que debe dedicarse a promover proyectos incluso de áreas como la turística. El futuro para los habitantes de Urdaibai pasa un modelo turístico coordinado, que, aunque sorprenda, nunca ha existido.

La gestión urbanística, la clave del conflicto

En la renovación del PRUG, se abordará uno de los temas clave del conflicto institucional: la gestión urbanística. El anterior equipo de Medio Ambiente se mostró dispuesto a ceder competencias a los ayuntamientos, lo que sería bien visto por la Diputación y el PNV pero que no complace a los ecologistas. "Sería poner al zorro a cuidar el gallinero", dicen. La directora de Biodiversidad no suelta prenda y pide esperar al borrador. Jon Hidalgo cree que las competencias urbanísticas de los ayuntamientos “nunca han sido discriminadas. Lo que pasa es que remitían todos los expedientes al Patronato y no tenían por qué hacerlo”. Entre los grupos sociales de la comarca, se cree que, al ver vigilados sus planes urbanísticos, los ayuntamientos han buscado paralizar la actividad del Patronato atiborrándole de labores burocráticas.

Que la anormalidad ha presidido la gestión de Urdaibai se refleja en que durante cuatro años, desde 2008 y hasta mayo de 2012, no ha habido director-conservador, la figura clave en cualquier reserva de la biosfera, lo que ha complicado las labores del equipo del Patronato.

Jon Hidalgo cree que las “cosas van a avanzar más que antes”, aunque piense que estamos en “el país que más estrategias tiene para hacer tan pocas cosas”. Considera que se han producido avances en la gestión de la naturaleza, como “la regeneración de la zona alta del estuario entre Murueta y Gernika” y defiende lograr una “paz social” en la reserva “porque la aceptación de la población ha sido baja”. Y también tiene su autocrítica: “si el Consejo de cooperación ha sido una figura decorativa, quizás lo hemos hecho sus integrantes.  No ha habido renovación y puede que la gente esté cansada de tantas reuniones y procesos”. La directora de Biodiversidad es optimista y relata la media docena de proyectos en marcha, como un observatorio de cetáceos, la restauración del río Oka o la puesta en marcha de un plan piloto para llevar el saneamiento a los caseríos aislados.  

 

 

 

 

 

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