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La salud se resiente por la crisis

La pobreza energética provoca problemas de salud en la población que la sufre.

Eduardo Azumendi

¿Qué efectos y repercusiones están teniendo en la salud pública de la población la crisis y las políticas de austeridad? Los análisis realizados los expertos sostienen que se ha producido un empeoramiento de la salud poblacional en Euskadi y en el conjunto de España. La Gran Depresión de 1929 en Estados Unidos, la caída del comunismo en la Unión Soviética en 1989 o la crisis que el sudeste asiático sufrió a finales de la década de 1990 no solo significaron una debacle en términos económicos, sino también de salud pública. Aunque los especialistas consideran que es pronto para conocer exhaustivamente el efecto de la actual crisis en este terreno, estudios preliminares señalan ya “consecuencias concretas en la salud”. Así lo recalca el último de los informes bienales que elabora la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), recogido por el Centro de Documentación y Estudios de la Fundación Eguía Careaga.

El documento indaga en las causas y consecuencias de la crisis económica, al tiempo que rememora otras crisis previas y sus efectos en la salud. También examina los cambios en los determinantes estructurales de la salud (renta, empleo, vivienda) y su incidencia en las desigualdades en salud. Se analizan las consecuencias en los sistemas de salud de las políticas de recortes y privatizaciones implementadas en respuesta a la crisis y profundiza en la situación de tres grupos poblacionales especialmente vulnerables: la infancia, las personas mayores y las personas inmigradas.

El efecto más significativo de la crisis sobre la salud y las desigualdades sociales que evidencia el trabajo guarda relación con la salud mental. Así, entre 2006 y 2010 las consultas de atención primaria registraron en el conjunto del país un incremento de pacientes por trastornos del estado de ánimo (19%), de ansiedad (8%) y por abuso de alcohol (5%). “Este aumento aparece estadísticamente relacionado con estar en desempleo, tener un familiar en desempleo o tener dificultades para pagar la hipoteca”, refleja el trabajo.

Según los especialistas, el hecho de que haya pocas evidencias sobre el efecto de la crisis en la salud o su incidencia en un mayor aumento de la mortalidad puede deberse, en parte, a que “los mecanismos de protección social no han perdido toda su capacidad amortiguadora”. Y también a que los cambios sociales pueden requerir más tiempo para manifestarse en el ámbito de la salud.

Frente a los especialistas que sostienen que la situación de crisis no ha comportado un aumento de la mortalidad, otros experto en salud pública apuntan que el deterioro de la situación que vive el país ha llevado al sufrimiento a un gran número de personas y, por lo tanto, resulta “difícil pensar que ello no repercute en la salud de la población”.

“Y se puede esperar”, añaden, “que los indicadores de salud empeoren de forma diferencial en los grupos de población que han estado más o menos afectados por la crisis. La salud es mucho más que la mortalidad. Un ejemplo de ello es un trabajo que ha mostrado cómo el incremento del desempleo se ha traducido en un aumento de la mala salud mental en los hombres adultos en 2011 respecto a 2006, y también un aumento de las desigualdades socioeconómicas en la mala salud mental”. Además, se ha constatado en la población infantil un incremento de la obesidad y de las desigualdades en la calidad de vida.

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