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Podemos: ¿moderarse o “cavar trincheras”?

¿Qué estrategia debe tomar Podemos tras la crisis del PSOE? ¿Ofensiva con el fin de atraer a los nuevos votantes socialistas o defensiva para afianzar a los apoyos que ya tiene?

Analizando los datos del CIS, aproximadamente un 15% de votantes socialistas podrían ser fácilmente atraídos por Podemos

Para acceder a otros votantes, sería necesario replantear la moderación ideológica y el liderazgo. No está claro que esa estrategia de moderación no vaya a suponer más pérdidas de votantes de izquierdas que ganancias electorales

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En un especial reciente de Al Rojo Vivo de La Sexta tuve la oportunidad de tener un intercambio de ideas con el director de Radiocable, Fernando Berlín, acerca de los nuevos retos de Podemos. En concreto, el debate que mantuve con Berlín se centraba en torno a qué estrategia debía tomar Podemos tras la crisis del PSOE: ¿debía ser ofensiva con el fin de atraer a los nuevos votantes socialistas o defensiva para, con ello, afianzar a los apoyos que ya tiene?

En esa tertulia defendí la primera postura. Entonces argumenté que Podemos debía aprovechar la ventana de oportunidad que se abría tras la crisis del PSOE para seguir una estrategia de acomodación con el fin de resultar atractivo entre los socialistas que se sentían huérfanos. En consecuencia, me mantuve crítico sobre la actitud de Pablo Iglesias durante las últimas semanas de mostrar su cara más ideológica. A mi entender, Podemos debía optar por una estrategia ofensiva: no podía dedicarse a cavar trincheras justo cuando su principal rival electoral tenía sus filas rotas y sufriendo una sangría de deserciones.

La crisis socialista debía ser una oportunidad para abrir Podemos a un nuevo electorado desafecto con el PSOE y eso sólo puede conseguirse adaptando el discurso para que sea del agrado de votantes con ideologías dispares. A menudo, para ganar votos hay que acercarse a las estrategias propias de los partidos catch-all (atrapalotodo), cuya receta es rebajar la carga ideológica para, con ello, lograr que el partido se convierta en atractivo a ojos de un electorado amplio y heterogéneo.

La objeción de Fernando Berlín a mi análisis fue advertirme que no siempre la estrategia ofensiva es la más adecuada, incluso cuando el PSOE se encuentre en sus peores momentos. Berlín consideraba que antes de saber qué estrategia debe perseguir Podemos, debemos preguntarnos hasta qué punto este partido tiene potencial de crecimiento. Según su perspectiva, bien podría ser que Podemos se encontrara ya cerca de su techo electoral y, en consecuencia, una estrategia de moderación no reportaría nuevos votantes, sino más bien el enfado y desafección de sus actuales bases.

Creo que Berlín acertó en poner sobre la mesa la pregunta de hasta qué punto Podemos tiene un techo de cristal. Es crucial saber qué potencial de crecimiento tiene Podemos, pues de ello depende optar por una estrategia ofensiva y de acomodación (que implica edulcorar la carga ideológica) o una estrategia defensiva o de "cavar trincheras" ideológicas. Las decisiones de los partidos políticos nunca son fáciles. La apuesta por una estrategia de moderación para captar nuevos votantes puede resultar atractiva, pero puede ser contraproducente si aliena a los votantes más ideologizados.

Este dilema lo exponían muy bien Adam Przeworski y John Sprague en su famoso libro Paper Stones (Piedras de papel). Según estos dos politólogos, cuando en el siglo pasado los partidos socialdemócratas se dieron cuenta que no podían ganar elecciones sólo con la clase obrera, decidieron proceder a una estrategia "inter-clasista" para captar apoyos de otros origenes socio-económicos. Para ello, moderaron su discurso de clase. Al dejar de apelar al voto obrero consiguieron, en efecto, atraer a nuevos votantes, pero a costa de perder adhesiones entre sus bases obreras tradicionales. El resultado final fue, como diría José Mota, el de "las gallinas que entran por las que salen".

De forma similar, una estrategia de moderación de Podemos no tiene por qué reportarle inherentemente unos mayores réditos electorales. No es descartable que lo que acabe ganando con la moderación a cuenta de los votantes socialistas descontentos se vea compensado o incluso superado por las pérdidas entre sus bases, muchas de las cuales desean un partido marcadamente de izquierdas y no una versión mejorada y corregida del PSOE.

Así, el dilema es el siguiente: ¿puede Podemos ganar muchos votos del PSOE o puede perder más en el intento? Para resolver esta duda he efectuado un primera exploración en los datos preelectorales del CIS. En el gráfico 1 recojo una clasificación de los votantes del PSOE en función de su lealtad y propensión a votar a otros partidos (al final del artículo cuento la clasificación con mayor detalle). Según mi lectura de los datos del CIS, los votantes del PSOE se clasifican de la siguiente forma:

PSOE

Casi un 30% de su electorado son votantes incondicionales, que difícilmente dejarán el partido a pesar de su crisis interna. Un segundo grupo de votantes de en torno al 50% pueden ser potenciales pérdidas del PSOE, pero tienen un probabilidad baja de refugiarse a las filas de Podemos, al menos en el corto plazo. Es posible que una parte importante ese colectivo sigan en la órbita del PSOE o en la indecisión a la espera de cómo se resuelve la crisis del PSOE. El tercer grupo son los potenciales votantes de Podemos. Se trata de ese colectivo (alrededor del 15%) que, aún habiendo votado al PSOE en junio, ven a Podemos con buenos ojos y tienen una opinión razonablemente buena de Pablo Iglesias.

Los datos muestran pues, que Podemos tiene cierto potencial de crecimiento tras la crisis interna del PSOE. Sin excesivos esfuerzos podría atraer un 15% de su electorado, lo que no es una porción nada desdeñable. No obstante, es importante señalar que la mayoría de los votantes del PSOE parecen no estar fácilmente al alcance de Podemos. La valoración de Pablo Iglesias entre este colectivo de "potenciales huérfanos" es cercana al 2 sobre 10. Un suspenso rotundo que muestra la poca simpatía que tienen hacia su líder y hacia el proyecto del partido. Para ser atractivo a este colectivo de "huérfanos" del PSOE, Podemos necesitaría cambiar su naturaleza ("moderarse") y su liderazgo.

Las potenciales ganancias de un Podemos edulcorado deben ponerse en contraste con sus potenciales pérdidas. En efecto, la moderación podría provocar que parte de sus bases más ideologizadas abandonaran el partido y se sumaran a las filas de su potencial competidor por la izquierda: IU. En el gráfico 2 muestra los distintos grupos de votantes de Podemos, usado la misma clasificación que en el anterior gráfico. Los datos muestran que Podemos cuenta con muchos menos incondicionales, apenas el 13% de su electorado. Además una porción muy relevante de sus votantes son potenciales fugas a IU (el 37%, dato de diciembre, pues en junio se presentaron conjuntamente).

Los datos indican pues que aunque Podemos pueda estar tentado a moderarse para dar cobijo a los votantes desafectos con el actual PSOE, esta estrategia tiene potenciales costes considerables si tenemos en cuenta la competencia con IU por la izquierda. El dilema se reduce sustancialmente si IU se mantiene de forma incondicional dentro de la coalición con Podemos aunque este decida unilateralmente viajar a posiciones ideológicas más moderadas.

Podemos

Entonces, ¿qué estrategia debe perseguir Podemos? Esta primera exploración usando datos del CIS no parecen estar en perfecta sintonía con esa estrategia de moderación que he defendido en algunas ocasiones. En realidad, es posible que, como aseguraba Fernando Berlín, Podemos se encuentre relativamente cerca de su techo de cristal. Para romperlo debería cambiar probablemente su liderazgo y parte de su ideario político. Y tal estrategia no estaría libre de costes: los datos sugieren que no es descartable un escenario en los beneficios de la moderación acaben siendo compensadas o incluso superadas por las pérdidas por la izquierda.

En definitiva, si el potencial de crecimiento de Podemos es modesto e incierto, entonces quizás no sea tan mala idea "cavar trincheras" y destinar sus esfuerzos en consolidar sus actuales apoyos electorales. 

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Nota: Gráfico PSOE: Los incondicionales son aquéllos votantes socialistas que tienen una probabilidad de votar al PSOE de 10 sobre 10 y una probabilidad de votar a Podemos 0 sobre 10. Los potenciales huerfanos son votantes socialistas con probabilidad de votar al PSOE inferior a 10 y una probabilidad de votar a podemos inferior a 5. Los potenciales votantes de Podemos son aquellos socialistas con  probabilidad de votar al PSOE inferior a 10 y una probabilidad de votar a podemos superior a 5. El resto están en categoría "otros" (datos preelectoral del CIS de junio 2016).

Gráfico Podemos: Los incondicionales son aquéllos votantes de Podemos (Ps) que tienen una probabilidad de votar a Ps de 10 sobre 10 y una probabilidad de votar a IU de 0 sobre 10. Los potenciales huerfanos son votantes de Ps con probabilidad de votar a Ps inferior a 10 y una probabilidad de votar a IU inferior a 5. Los potenciales votantes de IU son aquellos socialistas con  probabilidad de votar al Ps inferior a 10 y una probabilidad de votar a IU superior a 5. El resto están en categoría "otros" (datos preelectoral del CIS de diciembre de 2015. No se usa la preelectoral de junio 2016 porque ambas formaciones se presentaron en coalición).

Advertencia: los datos del barómetro de octubre del CIS nos ofreceran una nueva oportunidad para corroborar si estos resultados siguen vigentes tras la crisis interna del PSOE.

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