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Y al día siguiente Carmina lo flipó. Sexismo pastelero en el anuncio de la lotería

En este país o te toca la lotería o estás abocada a la precariedad, inestabilidad y angustia vital constante

No podemos dejar de apuntar esa afición por elegir modelos de mujeres mayores, siempre relacionadas con roles tradicionales o trabajadoras en profesiones feminizadas, consideradas como una prolongación de los cuidados

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Fotograma anuncio Navidad 2016

Fotograma anuncio Navidad 2016

Suponemos que cuando Carmina, la adorable viejecita que confunde el día del sorteo de la lotería de Navidad, se cree ganadora y toda su familia y su pueblo le hacen creer que así ha sido para mantener su ilusión, despierte se llevará un buen sofocón. Claro, el anuncio de la lotería de este año no nos cuenta qué pasa después, así que no sabemos cómo gestionan Carmina y sus familiares la situación. Si siguen con el engaño en plan película Good Bye Lennin o la tienen que llevar al hospital del susto y la impresión. Tampoco sabemos si esta familia pone el mismo empeño en hacerle la vida agradable de forma habitual o reservan sus energías para el 21 de diciembre.

El anuncio de la lotería de este año sigue la estela de los anuncios de 2014 y 2015 con ese buen rollismo pastelero que apela a los sentimientos y a la ternura, en un país en el que sin duda o te toca la lotería o estás abocada a la precariedad, inestabilidad y angustia vital constante. En un país supuestamente democrático capaz de elegir en las urnas hasta el bucle infinito opciones no democráticas nos encanta, emociona y nos pone mucho apelar a la sensiblería en lugar de a la lucha. Ciudadanía unida sólo por la celebración y el engaño. Pobres, jodidas, pero felices; no con felicidad subversiva, sino complaciente, como en el franquismo.

Más allá de estas dimensiones más políticas, el anuncio de la lotería protagonizado por la abuela Carmina destila sexismo por muchos lados y por varias razones. La principal, porque crea una  imagen completamente estereotipada de la adorable viejilla con patinazo o lapsus mental  a la que es mejor ocultar la realidad. Esta señora, que podía ser la madre o la abuela de cualquiera de nosotras, ha trabajado de maestra, una profesión muy feminizada y que relacionamos con la entrega. Vive, como vamos viendo en el anuncio, en el cuidado a los demás, en la renuncia –¡si renuncia incluso al décimo para dárselo a su hijo!–, en la generosidad, y en las aspiraciones cotidianas, como ir a celebrar el supuesto premio al faro. Se trata de cualidades, alguna de ellas muy positivas, relacionadas con la feminidad tradicional y patriarcal.

Todo esto ocurre en un idílico y bello pueblo, envuelto en una épica música en el que las mujeres son mano de obra no cualificada en la fábrica o peluqueras, y los hombres son pescadores que trabajan y están en el bar. Tampoco nos podemos olvidar de los guardias civiles, ¡que también se unen a la fiesta!

Claro que es un anuncio. Claro que busca llegar al corazón y que empaticemos desde la ternura y cierta lástima con una señora mayor, y además seguro que lo consigue. Pero no podemos dejar de observar y apuntar esa afición de decantarse y elegir modelos de mujeres mayores, siempre relacionadas con roles tradicionales que apelan a un imaginario de mujeres trabajadoras en profesiones feminizadas consideradas en ocasiones como una prolongación de los cuidados, a mujeres que siempre han cuidado y van a cuidar y que siempre antes de pensar en ellas mismas y en sus intereses van a pensar en los demás.

Joder, necesitamos abuelas –además las hay y muchas– que no sólo le hagan el cola cao a un nieto que lee el móvil y no es capaz de decirle a su abuela que se ha equivocado de día y que no nos recuerden ni remitan siempre a la Herminia de la serie Cuéntame.  Necesitamos más modelos de abuelas que enriquezcan los referentes y recojan las nuevas realidades.

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