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La mirada del retrón

No es necesario recordar cada día nuestras carencias

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Espejito, espejito. ¿quién es el retrón mayor del reino?

Espejito, espejito

“La discapacidad está en la mirada del otro”. Esta frase aparecía a principios de los 90 en un cartel de Disminuidos Físicos de Aragón. Recuerdo verlo en mi colegio, junto a otro de Naciones Unidas que animaba a no ser racista. Ya entonces me resultaba un tanto extraño el mensaje. Pero tardé en comprender la razón.

En realidad, la discapacidad está en tu propia mirada.

Es una metáfora, por supuesto. El que es retrón, es retrón. Y punto. Pero puedes ser retrón y, además, sentirte retrón. Igual que puedes ser feo y, además, sentirte feo.

El feo de pensamiento se mira cada mañana al espejo y baja la cabeza; se peina a desgana y suspira; viste ropa insulsa porque, total, es feo y a nadie le va a importar. Al final, claro, no liga porque emana fealdad.

Lo mismo sucede con el retrón. Hay algunos (me temo que son mayoría) que se levantan a disgusto, no se arreglan lo suficiente, apenas se relacionan con bípedos, pasan demasiadas horas frente a la TV y, en definitiva, viven sin vivir.

Claro, los bípedos, que son muy suyos, los marginan. De niños, les esquivan en el colegio, no les invitan a sus fiestas de cumpleaños y si hay que hacer trabajos en grupo intentan que no les toque en el suyo. Esto a los 10 años, cuando la capacidad de relacionarse y conocer amigos está en lo alto; luego, con esa actitud, todo empeora.

Yo, retrón perdido, me levanto cada mañana y veo en el espejo a un treintañero con ojeras que la noche anterior durmió poco, voy al trabajo cantando por la calle a 10 por hora (algún día me multarán, pero merece la pena), trato de emborracharme de vez en cuando, ceno con amigos y pago mis impuestos. Vamos, lo que suelen hacer los bípedos, ¿no? (Lo de pagar impuestos cada vez es más raro, pero eso es otro tema).

Supongo que soy un retrón raro, (mi socio en el blog también lo es) porque hago todo esto con naturalidad. No digo: “Ay, qué valiente soy, que voy a currar a pesar de no tener brazos”. No. Voy a currar y punto. De hecho, hasta que no empecé a trabajar y relacionarme con gente que no me conoce de toda la vida, nunca había pensado en estas cosas.

A quien me pregunta suelo presentarles un dilema. Si te dan a elegir, ¿qué prefieres: retrón en España o bípedo en Somalia? ¿Retrona en España o bípeda en Afganistán? Curioso, nadie elige Kabul...

Esta filosofía de andar por casa puede aplicarse a cualquier situación negativa. Nadie es feliz al 100%. Pero si sólo piensas en lo que te falta, te vuelves loco. Un ejemplo extremo (que es la mejor forma de entender las cosas, según Christopher Hitchens): todos vamos a morir. Un día dejaremos de respirar y nos perderemos el crecimiento de nuestros hijos, la nueva película de Almodóvar o una buena puesta de sol. ¿Pensamos en ello cada mañana? No, claro.

Lo mismo si eres ciego, sordo, mudo, te faltan brazos, piernas o tu cerebro no funciona como debiera.

Y hasta aquí la justificación de este blog. A partir de ahora, dejaremos de decir lo guays que somos por vivir como todos y nos dedicaremos a criticar el sistema. Que es lo que se lleva.

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