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Cuando cayó Pegida, el problema seguía ahí

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Cuando cayó Pegida, el problema seguía ahí

Cuando cayó Pegida, el problema seguía ahí

El movimiento islamófobo alemán Pegida se ha hundido casi tan rápido como surgió, fruto de las fracturas internas, el escrutinio mediático y la demonización de la política, pero las 25.000 personas que llegaron a secundar sus protestas siguen ahí, aunque no salgan a la calle.

La marcha convocada este lunes en el centro de Dresde por los Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida) apenas atrajo a 2.000 personas, menos de una décima parte de la que sumó en su protesta más masiva, la del pasado 15 de enero.

Entre medias, el movimiento que surgió aparentemente de la nada y polarizó en tiempo récord a la sociedad alemana con sus concentraciones semanales, siempre con una participación en fulgurante ascenso, se ha quebrado por su base.

Este es el núcleo del análisis del politólogo de la Universidad Técnica de Dresde Werner Patzelt, que en declaraciones a Efe explica que Pegida ha sucumbido, principalmente, fruto de las "divisiones internas" de su organización.

Lutz Bachmann decidió abandonar la dirección de Pegida el pasado 21 de enero más o menos forzado, después de que el tabloide "Bild", el diario de mayor tirada de Europa, difundiese una imagen antigua de su cuenta en Facebook en la que aparecía caracterizado como Adolf Hitler, con bigote recortado y flequillo cruzado sobre la frente.

Pero Bachmann no quiso dejarlo del todo, prosigue este profesor, que recuerda que tras una turbulenta semana, cinco de los doce organizadores de Pegida -entre ellos la portavoz y cara del opaco movimiento, Kathrin Oertel-, dimitieron porque no querían seguir siendo "instrumentalizados" por el antiguo líder del movimiento.

Para Patzelt, los 2.000 alemanes que fueron el lunes a la manifestación de Pegida son el "núcleo duro" del movimiento, gente de extrema derecha y simpatizantes directos de Bachmann y sus tesis radicales.

Los miles de "personas normales" que en algún momento se sumaron a las marchas en Dresde, bien porque no estaban de acuerdo con la leyes de inmigración de Alemania o por una insatisfacción general con el Gobierno, han huido en desbandada tras estas controversias, pero han quedado en el proceso profundamente "resignados".

"Muchos eran gente de la calle que no estaban contentos con las leyes migratorias y que esperaban ser escuchados con la esperanza de que algo cambiase", apunta Patzelt, gente "normal" a la que le molestó ser tachada de "fascista" y "no ser tomada en serio".

Por eso, es probable que "en algunas semanas dejemos de verles en las calles, pero las quejas de muchos no van a desaparecer", vaticina Patzelt, que prevé que la actual efervescencia de la extrema derecha política en Alemania se prolongue durante meses.

A juicio de este politólogo, el "discurso político en Alemania ha virado a la izquierda" en los últimos años, especialmente por el movimiento hacia el centro de la conservadora Unión Cristianodemócrata (CDU) bajo el liderazgo de su pragmática presidenta, la canciller Angela Merkel.

Con este argumento explica el éxito de la euroescéptica y conservadora Alternativa por Alemania (Afd), que en opinión de Patzelt es el partido con más opciones a recoger los beneficios de estos cambio.

A AfD hay que sumar otros movimientos que han surgido a la sombra de Pegida, como los más radicales y violentos Dügida -en Düsseldorf- y Legida -en Leipzig-, así como la escisión de Pegida encabezada por Oertel, llamada Democracia directa para Europa.

A esta última Patzelt le prevé una vida corta, basándose en las apenas 500 personas que congregó este domingo, en su primera protesta en Dresde.

Al ultraderechista NPD, el partido que aglutina a la mayoría de grupúsculos neonazis del país, Patzelt lo descarta por ser un "cadáver andante".

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