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Del “te vas a quedar ciego” al “masturbarse provoca egoísmo e impulsos incontrolables”

Desde hace siglos, y hasta algunos medios en la actualidad, se ha tratado de estigmatizar la masturbación aludiendo a cuestiones médicas y problemas psicológicos

Hacemos un repaso histórico de esta persecución a la luz de los nuevos 'torquemadas'

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Obra atribuida al pintor japonés Kunisada.

Obra atribuida al pintor japonés Kunisada.

“En muchos casos la masturbación es un indicador de insatisfacción con uno mismo”. “La baja autoestima te puede llevar a abandonarte a tus impulsos y perder el control”. “El abandono a los impulsos es egocéntrico y suele coincidir con la inmadurez del adolescente”. “Es una especie de intento de fuga frente a la realidad que no aporta nada”. “Un impulso incontrolable”. “Un auténtico problema”.

La masturbación, procurarse placer sexual a uno mismo, es algo a evitar según el  ‘Aula de sexualidad’ del diario  ABC. De forma velada pero manifiesta, los artículos de este especial sobre sexo de uno de los principales periódicos de España le atribuyen a la masturbación efectos secundarios propios de algún desequilibrio psicológico. Esta perspectiva generó tal estupefacción en los lectores que uno de estos artículos sin firmar se convirtió en  el más compartido en redes sociales de todo el día en lengua castellana en el mundo, a pesar de que ese espacio se creó en junio de 2012 como “una herramienta de gran ayuda” para abordar entre padres e hijos el “difícil asunto” del sexo, según anunció en sus páginas ( PDF) el periódico que dirige Bieito Rubido.

En otro de los artículos de este ‘Aula de sexualidad’ se abordan los motivos por los que hay niños pequeños  que estimulan sus genitales:

“El descubrimiento fortuito de que el estímulo de los órganos genitales puede producir placer. Para prevenirlo es aconsejable evitar que los niños jueguen desnudos o tarden mucho tiempo en vestirse después del baño o que se queden demasiado tiempo sentados en el inodoro o vater cuando están en el baño. Se les puede comentar que sus genitales son muy importantes y que es mejor que no los toquen tanto porque podrían hacerse daño”.

Esta determinación contra el placer sexual en solitario tiene autoría colectiva. Aunque nadie firma esas piezas, vienen respaldadas por el sello de la Universidad de Navarra. En concreto, se trata de “respuestas elaboradas por el equipo de profesionales que conforman el Proyecto educación de la afectividad y sexualidad humana, adscrito al Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra”.

Ideología con el sello del Opus

La Universidad de Navarra  fue fundada por José María Escribá de Balaguer dos décadas después del Opus Dei, en 1952, y todavía hoy pertenece a esta prelatura religiosa. Y el proyecto responsable de estas “respuestas” sobre la masturbación depende del  “investigador principal” Jokin de Irala, un médico especialista en salud pública y en materia sexual que ha publicado libros como  El valor de la espera, sobre relaciones sexuales previas al matrimonio, y  Comprendiendo la homosexualidad, en el que plantea como “modificar la homosexualidad” porque no es “irremediable” y puede “evitarse”.

Irala defiende que la homosexualidad es curable, una postura contraria al consenso científico y que le genera importante rechazo allí donde trata de vender sus teorías,  como sucedió el año pasado en Costa Rica. En resumen, defiende planteamientos propios de su concepción moral y religiosa pero que, como en el caso de la masturbación en el diario  ABC, se tratan de apuntalar con material supuestamente científico.

Dibujo de Gustav Klimt.

Dibujo de Gustav Klimt.

“Desde un punto de vista científico, pretender atribuir todos esos males a la masturbación es erróneo, descabellado”, asegura Manuel Lucas, presidente de la Sociedad Española de Intervención en Sexología. “Las personas que se masturban no caen en ninguna actitud compulsiva”, afirma, “y quienes presentan una actitud más obsesiva son los más reprimidos”. Y añade: “Frente al que dice que fomenta el egocentrismo, yo podría decir que ayuda a conocer tu cuerpo, tu respuesta sexual, y te permite compartir mejor la experiencia sexual acompañado”.

“Ya no amenazan con que te quedarás calvo, se te secará la médula, te quedarás ciego o te saldrán pelos en las manos”, repasa este sexólogo, “ahora asustan con lo del egoísmo”. En el ámbito del Opus Dei, es fácil de explicar por qué se trata de estigmatizar la masturbación: “En su perspectiva procreativista de la sexualidad, la masturbación es desperdiciar el semen. El sexo es para procrear”, resume Lucas. De hecho,  en otra pieza de  ABC se asegura que “no parece muy apropiado llamar polución [nocturna] a un líquido corporal que tiene una función tan relevante como la de originar la vida humana”.

El esperma, bien divino

Sin embargo, el semen no siempre cumple la función de engendrar vida: “Se produce esperma continuamente en los testículos. Si echas mucho, produce mucho. Y si echas poco, se produce una retroalimentación negativa que frena su producción”, explica el sexólogo. Lucas, quien también es director de la Estrategia de Salud Sexual de Andalucía, recuerda que es propio de las “culturas machistas” esta mitificación del semen como algo divino que no debe derramarse como sucede con la eyaculación al masturbarse. “El semen es el líquido vital y la menstruación algo enfermizo”, señala Lucas, quien alude a la tribu  Sambia de Nueva Guinea, en la que los jóvenes deben beber el semen de los guerreros adultos como ritual de acceso a la madurez.

La perspectiva religiosa o mística para rechazar la masturbación se entiende pero la atribución de consecuencias médicas o psicológicas negativas como si fuera un comportamiento enfermizo siguió un proceso más complejo. Aunque ya el propio Hipócrates advertía de que la pérdida de cantidades excesivas de semen podía causar daños físicos como el deterioro de la columna vertebral, no fue hasta el siglo XVIII cuando masturbarse pasó a convertirse en un problema de salud pública. Una “cruzada sanitaria”, como explican Francisco Vázquez y José Benito Seoane en  un estudio de 2004.

Fue en plena Ilustración,  mientras en los cafés se conspiraba contra Dios y la Iglesia, cuando en 1760 el médico suizo  Samuel-Auguste Tissot recopiló –con espíritu enciclopédico– todas las barbaridades que se habían dicho sobre la masturbación en un libro titulado  L’Onanisme, ou Dissertation Physique sur les Maladies Produites par la Masturbation (El onanismo, o disertación física sobre las enfermedades producidas por la masturbación). Las admoniciones de Tissot convencieron a galenos y filósofos (como Voltaire, Kant o Rousseau): la civilización debía extirpar este vicio de sus entrañas que tanto mal causaba a los hombres (y mujeres, aunque menos, porque “los humores que pierden son menos preciosos”).

Causa de todos los males

Tissot aseguraba que masturbarse causaba problemas de visión, epilepsia, pérdida de memoria, tuberculosis pulmonar, jorobas, debilidad de espalda, palidez, acné, gonorrea y sífilis. Y tendencias suicidas. Sus advertencias recorrieron Europa en sucesivas traducciones que llegaron, aunque mucho más tarde, hasta España, donde se tradujo finalmente en 1807. Curiosamente, mientras la Iglesia defendía el libro, fueron las asociaciones médicas las que se negaron a que se publicara porque “la viveza de las descripciones del ginebrino eran una invitación al vicio juvenil”, según Vázquez y Benito.

En España, aunque no hay constancia de que ningún médico español escribiera un manual haciendo suyas las teorías de Tissot, el mensaje de la ceguera y otras dolencias caló con fuerza. Como en el resto del mundo, donde se perseguía a los chiquillos desde su cama –el doctor Kellogg sugería vendar sus genitales y atar sus manos– hasta la escuela. Era la época de  los médicos fabricantes de angustias que alcanzaron su apogeo en la Inglaterra victoriana.

Fue San Antonio María Claret quien consolidó en España la persecución del onanismo, que provocaba “enajenación mental y aún la imbecilidad”, según los libros pediátricos de la época. Claret –que escribió el manual  Modo de confesar a un niño que no sabe acusarse por sí solo, y que necesita que el confesor le pregunte– entre otras cosas recomendaba a los padres desconfiar de los niños que pasaban mucho tiempo en la cama:

Entre los remedios «contra la impureza», repetía gran parte de las propuestas higiénicas (cama dura, baños frescos, alimentación ligera, «camisolas de mangas cerradas y atadas al cuello» o «dormir del lado derecho»), pero añadía una larga lista de remedios morales: «firme resolución de no pecar más», «apartarse de personas, cosas y lugares que inducen a pecar», «apartar el pensamiento  de estas cosas», «pensar que Dios está mirando», «fijar los ojos de la consideración en el Calvario y en las penas del infierno», «frecuencia de los Santos Sacramentos», «oración mental y lectura espiritual» y «devoción a María Santísima».

Estos remedios, recopilados por Vázquez y Benito, recuerdan mucho a  los que plantea la Universidad de Navarra en su “herramienta” para el  ABC, como cuando recomienda construir un “grupo de amigos sano” o protegerse de la “agresión comercial del erotismo ambiental”. De hecho, se recomienda acudir, cuando la masturbación sea un problema, a “un profesional serio y de confianza que les pueda ayudar a desengancharse (pueden ser bueno un médico, un psicólogo o incluso un asesor espiritual o religioso)”.

Manuel Lucas considera que el paralelismo no es casual, que los pretextos han cambiado pero el discurso, el fondo del asunto, sigue siendo el mismo. “Se buscan miles de argumentos para convertir células en vidas humanas sagradas”, explica. No en vano, el  aborto es otro de los temas que aborda el Aula, con piezas que aseguran que  no es correcto interrumpir un embarazo fruto de una violación.

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