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Los 'bankeros' liberales del Estado ahora compran empresas

El Gobierno del "adelgazamiento" ha dado un paso impensable en los últimos veinte años: comprar una empresa privada para no dejar que su acción caiga en la bolsa. Además de las cajas nacionalizadas ahora los españoles se han quedado también con una empresa tecnológica de defensa, Indra.

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Bankia regalaba una toalla de Amazing Spiderman por mejorar el sueldo 300 euros / marvelousRoland

Bankia regalaba una toalla de Amazing Spiderman por mejorar el sueldo 300 euros / marvelousRoland

La toalla de Spiderman que regalaba Bankia poco antes de su intervención fue uno de los principales motivos de mofa internacional tras la nacionalización del banco. Muchos blogueros financieros se preguntaban si a cada español-contribuyente que había puesto sus impuestos para comprar el banco hasta entonces dirigido por Rodrigo Rato, le darían una de las toallitas de playa. Las toallas se acabaron pero lo que no sabían los bankeros-contribuyentes ( mote adoptado gracias la famosa campaña publicitaria de Bankia de la salida a bolsa instaba a hacerse "bankero") es que con el transformer financiero también venía un complemento tecnológico: Indra.

El viernes 2 de agosto cuando ya se había puesto el sol, como mandan los cánones de las grandes decisiones económicas, la nacionalizada Bankia anunciaba que se había deshecho del 20% de la empresa que tenía aún en su cartera. La antigua Caja Madrid tuvo participaciones significativas en grandes empresas españolas, Iberia, Mapfre, Iberdrola o la propia Indra, pero dentro de las necesidades de liquidez de la entidad financiera desde hace meses se ha procedido a la venta de estas participaciones. Pero la venta de esta importante participación no se hacía a un fondo de inversión o a otra gran compañía del sector. Se hizo nada más y nada menos que al Estado, mediante su brazo industrial SEPI, el antiguo INI.

Si del Estado eres al Estado volverás, o algo así habrá ritualizado el notario que será testigo de esta transacción, ya que Indra fue pública hasta 1999 cuando otro Gobierno conservador (¿o era liberal?) la sacó a cotizar a bolsa. Al final, el movimiento es un juego de trileros ya que el Estado vende por un lado para ganar liquidez pero lo pierde por otro, ya que ha utilizado recursos públicos para poder hacerse con esta participación valorada en 337 millones de euros. La operación, además, se hace como se hacían las cosas en las épocas de la burbuja. Prácticamente a tocateja, sin financiación, gracias a los ahorritos que la SEPI se había guardado de la venta de una parte de EADS, la multinacional aeronáutica europea, y también una parte de Hispasat.

Los aspectos positivos, y estratégicos, de la operación desde el punto de vista de Bankia y de Indra son notables y evidentes. Bankia necesita hacer caja y centrarse en su core business, lo que viene a ser dar créditos, y esta amalgama de retazos empresariales heredados de poco le servían en un momento de aligerar alforjas. Además de que era un mandato obligado por Bruselas.

En el caso de Indra las ventajas son aún mayores. Tener una participación tan importante en manos de un banco zombie no había hecho más que penalizar a la acción. La buena noticia hizo que en su primer día de cotización la acción haya subido más de un 9%. Si ya no es de Bankia se lo quitan de las manos.

Pero, ¿qué beneficios reporta esto al contribuyente? ¿Para qué quiere el Estado entrar en una empresa privada en mitad de crisis? "Preserva la estabilidad de Indra", contestan desde SEPI. "Pero, ¿en qué beneficia al Estado?", insistimos desde eldiario.es. "Indra tiene muchos contratos en el sector de la Defensa, es una compañía estratégica, es bueno saber en qué manos está", matizan desde el órgano adscrito al ministerio de Hacienda. "Entonces, si está en defensa, ¿será necesaria una autorización para comprarla y venderla?". "No, no es tan estratégica, por eso cotiza en bolsa".

En resumidas cuentas, Indra es lo suficientemente estratégica para no dejar que el 20% pulule sin control, o en manos de extranjeros, pero el 80% sí puede estar cotizando en el parqué madrileño como una empresa más que haga, por ejemplo, los envoltorios de los chorizos (sí, existe, es Viscofan).

El dislate de la operación salta más a la vista cuando se echa un vistazo al resto de empresas bajo el paraguas de la SEPI. La Agencia Efe, cuyos redactores tienen ya incluso prohibido coger taxis, Navantia, Hunosa o Izar, que huelga decir en qué situación se encuentran, o Tragsa, sobre la que pende un posible ERE. Pese al calamitoso estado de estas empresas llama la atención que el primer dinerillo fresco que ha entrado, se haya dedicado a la compra de una entidad privada.

Desde la sociedad estatal insisten en que "esto no es un gasto, es una inversión", un lema muy similar al que utiliza la marea verde para recordar lo que supone la partida dedidaca a la educación. También insisten en la solvencia y la calidad de la empresa, una razón aún más poderosa para venderla en bolsa a buen precio.

Pero Indra quería un novio fijo, con credenciales y con dote, no lanzarse a un mar de casquivanos pretendientes que pusieran en riesgo el precio de sus acciones. Ah, los peligros de los mercados de capitales. También Abertis, la empresa catalana que históricamente gestiona o concesiona infraestructuras públicas, quería un buen encaje para uno de sus principales aeropuertos, el de Luton, que le ha colocado al estado por más de 500 millones de euros. La teoría es que Aena, que hace poco hizo un ERE de 1.600 trabajadores y que está bajo la constante denuncia por parte de los trabajadores de que se han rebajado las medidas de seguridad, está nutriendo su balance para ser un caramelo más apetitoso de cara a su privatización. Y así, antes de matar el pavo, lo engordan. El Gobierno del adelgazamiento.

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