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Miss Perú: las herramientas del amo no destruirán la casa del amo

Si en vez de dar cifras sueltas sobre violencia sin más explicación, cada una de las concursantes hubiera explicado con una sola frase por qué certámenes como ese están estrechamente relacionados con que nos maten, otro gallo hubiera cantado. 

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"Algo está cambiando". Es un pensamiento, una frase, a la que muchas feministas recurrimos cada vez que notamos que hay avances dentro de la lucha. 

El hecho de que el caso Weinstein haya provocado tanta polvareda y una ola de apoyos a las denunciantes es una de esas cosas que nos hacen pensar que algo está cambiando. Y es que así es. La lucha feminista, como toda lucha progresista, es lo que tiene, que a pesar de las piedras del machismo y el conservadurismo, sigue su camino. A veces para, a veces va más despacio y otras más deprisa, pero indudablemente, siempre acaba abriéndose paso entre la maleza. 

Otra de esas acciones que nos hacen ver que "algo está cambiando", ha sido el certamen de Miss Perú.

Personalmente, siento que es un motivo para creer que el feminismo se ha colado donde jamás pensó que podría. No hay nada más rancio, machista y misógino que un concurso donde se mide la belleza de las mujeres según el canon del país y el siglo en el que estén. Ni las mujeres más "bellas" de hace uno, dos, tres, diez siglos se hubieran comido un colín en un certamen actual, ni las actuales hubieran tenido ninguna posibilidad en un concurso similar en el pasado. 

No creo que nadie ponga en duda la misoginia que hay en un concurso basado en medir los cuerpos de las concursantes, en observarlos caminar y moverse, para determinar finalmente a quién se le da la corona y la banda de "más bella". 

Cuando las concursantes de Miss Perú hablaron de la violencia que sufren las mujeres justo cuando tenían que dar sus medidas, fue un gol al patriarcado, que a estos sitios siempre va sin portero. Sin embargo, me parece importante que todas hablemos de las incoherencias de esta acción. Está siempre bien que el feminismo se cuele en las tripas del propio sistema patriarcal, pero siempre recordando que, como dijo Audre Lorde, " las herramientas del amo no destruirán la casa del amo".

Entre el público de un concurso de belleza es posible que encontremos a pocas mujeres con conciencia de género, ya que es imposible disfrutar de algo misógino siendo feminista. Y aquí viene mi duda sobre la efectividad de esta acción para esas mujeres que sí quieren ver dichos certámenes: ¿Dar cifras sobre violencia contra las mujeres es suficiente para despertar consciencias? ¿Acaso es un secreto que las niñas y mujeres son atacadas sexualmente? ¿Que a las mujeres se las mata? ¿Se le escapaba antes a alguien, feminista o no, que somos el blanco de depredadores sexuales? ¿Acaso no hemos pasado miedo todas volviendo a casa alguna vez? 

Creo que no son las cifras lo que faltaba para concienciar, sino el porqué de esta violencia. Las feministas podemos aplaudir cuanto queramos esta acción, pero es como predicar al coro, nosotras ya hemos entendido de qué va la violencia contra las mujeres, son las que aún no son feministas las que necesitan abrir los ojos. Una acción así, no creo que haga entender a ninguna de ellas por qué nos violan, nos pegan, nos matan. 

La sociedad, en su inmensa mayoría, sigue pensando que el motivo es la biología: los hombres no controlan sus "instintos sexuales" vs las mujeres no pueden defenderse porque son más débiles. Dar cifras sobre violencia contra nosotras hace que siga pareciendo algo inevitable: "esto es así", "hay mucho loco", "ojalá no pasara, pero no se puede luchar contra la naturaleza". 

Sin embargo, si en vez de dar esas cifras sin explicación alguna, cada una de las concursantes hubiera explicado con una sola frase por qué certámenes como ese están estrechamente relacionados con que nos maten, otro gallo hubiera cantado. 

"Soy Miss Cuzco, y salir en bañador para que unos señores juzguen si soy o no bella es machismo, y el machismo nos mata".

"Soy Miss Lima, y medirnos como si fuéramos objetos que deben encajar en un rincón determinado hace que luego nos traten como objetos".

"Soy Miss Arequipa, y la presión estética de concursos como éste, hace que las niñas y adolescentes se odien frente al espejo".

"Soy Miss Ica, y gracias a bombardeos como el de hoy sobre qué es la belleza, el número de mujeres con trastornos en la conducta alimenticia no para de crecer".

"Soy Miss Tarapoto, y las niñas y mujeres no mueren, cada una de ellas tuvo a un hombre que las mató. Hombres a los que se les educa para creerse por encima, mientras a nosotras nos miden las caderas para validarnos".

Entiendo que ninguna de las candidatas estaría dispuesta a algo así, porque realmente todas querían ganar. Y la que finalmente se llevara la corona estallaría de felicidad, ajena a las frase que dijo al inicio. Lo cierto es que no salió de ellas dar aquellas cifras, sino que fue planeado por el propio certamen. El patriarcado puede ser tonto a veces, pero no tan tonto, y algo así hubiera supuesto el consiguiente cierre del concurso.

En definitiva, es siempre un placer ver cómo le metemos goles -¡y siendo mujeres, que qué sabremos nosotras fútbol!- al patriarcado pero, me pregunto si esto no habrá sido más un gol en propia puerta por parte del patriarcado.

De verdad creo que ni hemos conseguido ganar el partido de los concursos de belleza ni creo que "nuestro equipo" haya conseguido muchas seguidoras nuevas.

Ojalá muchas más entendamos que son concursos así -entre otras cosas- los que nos tienen sumidas en un mundo que, más allá de cómo seamos o cómo nos percibamos a nosotras mismas, nos ve solo como cosas bellas o feas, pero cosas al fin y al cabo. 

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