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OPINIÓN | 'Los NOES a las guerras, por Antonio Maestre

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Sánchez, ante los primeros bombardeos sobre Irán: “20 años después, el mismo error. Nos toca ahora marcar la diferencia”

José Luis Albares junto a Pedro Sánchez este viernes
7 de marzo de 2026 22:37 h

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La desinformación a toda mecha. Un clásico en las guerras. Trump ha reciclado la propaganda de George W. Bush sobre las armas de destrucción masiva y el PP de Feijóo, las mentiras de Aznar para justificar una invasión ilegal construida sobre la base del arsenal nuclear. La última: el bulo sobre la ministra de Defensa, Margarita Robles, y su falso apoyo a Donald Trump, pero ha habido otros.  

Hace 23 años que millones de españoles se manifestaron contra la guerra de Irak y el entonces presidente del Gobierno hizo caso omiso del clamor de la ciudadanía. Un mes después acudía a la Cumbre de las Azores para plantar la bandera española junto a la de las tropas invasoras. Aznar sabía que el 90% de los españoles rechazaba aquella guerra ilegal. Y Tony Blair –lo desveló su asesor Alastair Campbell en su libro The Blair Years– le dijo después que le apoyaba “menos gente de la que aún cree que Elvis Presley sigue vivo”. Las encuestas sostenían entonces que solamente un 4% de los españoles apoyaba esa guerra mientras un 14% de los estadounidenses creían que el rey del rock & roll paseaba aún por las calles de Misisipi.

El primer ministro británico minimizaba así la dura batalla a la que se enfrentaba el entonces presidente del Gobierno español, que llegó a afirmar en una entrevista en televisión: “Le estoy diciendo la verdad: el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva”. Nadie le creyó. Los españoles estaban en lo cierto, como demostró Sir John Chilcot, el funcionario que presidió una extensa investigación sobre la guerra de Irak y emitió un veredicto condenatorio sobre Tony Blair. Junto a Aznar y Bush, el primer ministro británico había mentido a sus ciudadanos.

El PP, que durante años ha intentado echar tierra sobre aquel negro episodio de su historia, se ha encontrado estos días con que los españoles han tenido con la invasión coordinada de EEUU e Israel sobre Irán una dosis de recuerdo de lo que fueron sus mentiras y las consecuencias del apoyo a una guerra ilegal e injusta. Y el latido de la sociedad española, 23 años después, no es muy distinto al de entonces. 

El ataque lanzado por Estados Unidos e Israel contra Irán desde el pasado 28 de febrero cuenta con la frontal oposición de los españoles. Según un sondeo elaborado por 40dB, el 68,2% de los ciudadanos está en contra de esta intervención militar. Solamente el 23,2% está bastante o muy de acuerdo con ella, siendo los votantes de Vox los únicos que respaldan esta guerra, con un 53%. Es más, la mitad de los encuestados (57%) está de acuerdo con la posición adoptada por el Gobierno de Pedro Sánchez ante este conflicto de no apoyar militarmente a Trump y Netanyahu. Datos que para la Moncloa confirman que el Gobierno está en el lado correcto de la historia: a favor del derecho internacional y en contra de la solución armada de los conflictos.

El presidente del Gobierno considera que la intervención no solo es ilegal sino “un extraordinario error” del que “ya se están pagando las consecuencias” con el alza del precio del petróleo y el gas. Y, aunque evita la confrontación directa con Trump por sus duras críticas a España en los últimos días, reivindica el derecho entre aliados a “señalar los errores de los socios cuando están equivocados”. 

En el entorno de Pedro Sánchez, donde en la última semana se ha dormido poco y trabajado 20 de las 24 horas que tiene el día durante las siete últimas jornadas, recuerdan palabra por palabra lo que salió por boca del presidente la madrugada del sábado cuando su jefe de gabinete, Diego Rubio, le telefoneó y le dijo “ya ha empezado”. “¡Es increíble! 20 años después, el mismo error. Ahora nos toca a nosotros marcar la diferencia”, espetó el presidente.

La madrugada del 20 de marzo de 2003, cuando comenzaron los primeros bombardeos de la guerra de Irak que marcaron el inicio de la invasión por parte de la coalición liderada por Estados Unidos, el PSOE estaba en la oposición y ahora, las riendas de la política exterior están en sus manos. “Lo que flota en el ambiente de La Moncloa es todo el rato la sensación de responsabilidad y, sobre todo, la determinación de hacer las cosas de forma radicalmente diferente a como se hicieron entonces”.

Habla así Diego Rubio, quien asegura que el Gobierno lleva meses preparándose para esta eventualidad. De hecho, a finales de 2025, Sánchez ya contaba con informes solventes que alertaban de un inminente ataque conjunto de EEUU e Israel sobre Irán. En enero de 2026, las señales se multiplicaron y el Gobierno ya empezó a trabajar para determinar cuándo se produciría la operación exactamente y cómo y cuál debía ser la reacción de España. Se dibujaron así distintos escenarios multisectoriales con el objetivo de calibrar las consecuencias económicas, geopolíticas, diplomáticas y sociales de cada uno de ellos. Pero, todos apuntaban a la misma conclusión: “La guerra sería un desastre”.

La cédula de crisis de Exteriores

Y el Gobierno de Sánchez, cuentan quienes participaron en el diseño de la estrategia, “estaba determinado a hacer lo que estuviese en su mano para evitar una escalada”. La operación fue dirigida desde la Moncloa, en estrecha coordinación con los ministerios de Exteriores, Defensa y Economía, y en conversación con varios países europeos. Cuando comenzaron los bombardeos, en la mañana del 28 de febrero, el presidente ya tenía claro cuáles serían sus primeros pasos. Se denegó a EEUU el uso de las bases de Rota y Morón para cualquier operación que estuviese directamente relacionada con el bombardeo en Irán, incluyendo las maniobras de repostaje en vuelo de los aviones cisterna. Se activó de inmediato la cédula de crisis de Exteriores, y se empezaron a preparar las evacuaciones de los españoles que habían quedado atrapados en varios puntos de Oriente Medio.

Desde el gabinete del presidente se activó también una ronda frenética de reuniones y llamadas dentro y fuera del Ejecutivo. Entre el lunes y viernes, Sánchez habló con varios líderes de Europa, América Latina y el mundo árabe. Y los ministros de Exteriores y Defensa, José Manuel Albares y Margarita Robles, hicieron lo propio con sus homólogos y las redes diplomáticas y militares. 

En el Consejo de Asuntos Exteriores extraordinario que se celebró el 1 de marzo, España fue el primer y único país que propuso que la UE condenase la acción como una violación del derecho internacional. Mientras tanto, los titulares de Economía y para la Transición Ecológica, Carlos Cuerpo y Sara Aagesen, además de otros ministros, fueron ultimando planes de contingencia para lidiar con posibles impactos.

El primer país en sacar a sus ciudadanos de Irán

España ha sido el primer país europeo en sacar a sus ciudadanos de Irán y ha logrado evacuar ya a más de 2.000 personas del Golfo con un dispositivo del que en La Moncloa se sienten especialmente satisfechos. Pero si de algo están convencidos en el entorno del presidente es de que Sánchez es “hoy un referente mundial a favor de la paz” y de que, cuando condenó la intervención militar de EEUU y pidió contención en la noche del domingo 1 de marzo, “parecía un solitario clamando en el desierto mientras que hoy ha arrastrado a su posición a otros socios europeos”. De hecho, a lo largo de la semana, a la posición de España se han sumado Bélgica, Eslovenia, Francia, Finlandia, Irlanda, Italia, Portugal y numerosos países de América Latina y el mundo árabe. 

Todo, mientras la derecha sigue empeñada en dibujar un falso retrato de Sánchez aislado del mundo y que actúa contra la seguridad de España por intereses electorales con su respuesta a Trump. Y Feijóo, con ayuda de su sincronizada habitual, desdeña el “no a la guerra”, trata de buscar contradicciones entre el rechazo al uso de las bases americanas y el envío de la fragata Cristóbal Colón a Chipre para labores estrictamente defensivas y exige la comparecencia de Sánchez en el Parlamento para un duelo del que, previsiblemente, el líder de la oposición puede no salir bien parado dado los antecedentes. Aznar, por recordar, tardó 10 meses en acudir al Congreso en 2003.

Sánchez, más allá de lo que su estrategia pueda o no movilizar a una izquierda adormecida, está seguro de que el tiempo acabará dándole la razón, que ha encontrado un marco ganador que incomoda sobremanera al PP y que cuenta con el apoyo mayoritario de una opinión pública para la que las consecuencias de la guerra de Irak siguen hoy en el recuerdo colectivo por los atentados del 11M.

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