Día 66 en estado de alarma: somos sujetos de estudio

Sujetos de estudio

Más allá de las investigaciones determinantes, que son las destinadas a encontrar un remedio contra el coronavirus, están las otras que intentan entender esta situación, incluso pese a que en ocasiones se presenten con titulares tan obvios como que los territorios con menos incidencia de COVID-19 tienen menos población inmunizada. ¡Toma ya!

Día 65 en estado de alarma: sin fallecidos, entre la esperanza y la relajación

Día 65 en estado de alarma: sin fallecidos, entre la esperanza y la relajación

En uno de ellos, de un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla sobre cómo estamos afrontando la enseñanza no presencial (en algunos casos, la no enseñanza en absoluto), me han hecho la encuesta y me he despachado a gusto porque, salvo contadas excepciones, es un infierno. Será interesante ver sus resultados de cara a un curso que promete ser complicado. Habrá que afrontarlo, si no queremos ir formando la generación del coronavirus, marcada por el bajo rendimiento e incluso por el fracaso escolar. Pero claro, esa patata caliente no la quiere nadie, y hasta los que reivindican el autogobierno escurren el bulto. Para reabrir las playas sí quiero mandar, pero para planificar el curso 2020-2021, mejor decide tú.

Pero para estudios del confinamiento, me quedo con mis favoritos. Por un lado, los de autocomplacencia, que concluyen cosas del tipo: los ciudadanos de tal sitio son los que más respetan el encierro. Curioso, por la difusión luego de imágenes de supuestas hordas de incumplidores en esos mismos lugares. O también porque los que te defienden esa teoría se echan luego a la calle a reivindicar la libertad porque el estado de alarma no sirve para nada. Por otro lado, me encantan los que concluyen que el confinamiento ha elevado el nivel de estrés, crispación, depresión y otras enfermedades mentales de los españoles.

Supongo que no han tenido que estudiar mucho para averiguarlo. Ya puestos, avanzo otras conclusiones: el confinamiento ha disparado las horas que los niños pasan delante de pantallas; el confinamiento incrementará los problemas en la vista a medio plazo por tanto dispositivo electrónico; el confinamiento ha reducido la vida social; el confinamiento genera tensiones entre las parejas; el confinamiento ha subido el consumo de pollo… Esto último ya cuento otro día por qué. (La ventana de Olga)

Un refugio de cine

Una sala oscura y un haz de luz que nos sumerge en otras vidas. Los más románticos pensamos que la belleza del cine alcanza su esplendor acomodados en una buena butaca. Sumidos en nuestros pensamientos, encarnados en la piel de otros seres que afrontan sus temores, luchan por sus sueños, padecen calamidades y ansían el verdadero amor.

Durante estos meses, el drama de los cinéfilos ha sido insignificante, microscópico, más pequeño aún que el virus que nos ha impedido disfrutar de nuestra gran pasión. La auténtica calamidad, éste sí de envergadura, ha estado tras el proyector. Con todos esos trabajadores y empresarios que han tenido que cerrar sus puertas y esperan ansiosos para apagar las luces de la sala y encender la del proyector. Qué paradoja. El refugio de los sueños convertido en una amenaza real. Todos recordamos nuestra primera película (Dentro del laberinto), nuestro primer beso (Monstruos S.A.), nuestro primer llanto (El lector). Una sala de cine es un lugar especial para todos.

Por eso, cuando me llegó un correo de la Federación de Cines me dio un vuelco al corazón: ¡Se estaban preparando para volver a la carga! Me pedían diez minutos de mi tiempo para responder una encuesta, que contesté encantado. Llevado por la ilusión, respondí que estaba deseando ir muchísimo al cine, comer un montón de palomitas y, por supuesto, plantarme en la puerta de las salas desde el el primer día. No se me ocurre un refugio mejor.(La ventana de Ale)

Encuestas teñidas de gris marengo

Decían Les Luthiers en una de sus actuaciones: "de cada 10 televidentes, 5 son la mitad". Y es que las encuestas no fallan nunca, a posteriori, claro.

Esta mañana me pasaron este cuestionario: ¿Qué esperanzas tenemos depositadas en la salida de la crisis provocada por la COVID-19 en el sector cultural sevillano? El objetivo de la encuesta es conocer de primera mano los aspectos relacionados con el negocio de la cultura en la ciudad de Sevilla, las empresas implicadas y otras iniciativas culturales de interés, pero desde todas las perspectivas: Artes Escénicas y Danza, Lírica, Audiovisuales y Cine y un largo etcétera. Me la pasa mi amigo Luis, artista plástico y mucho más, con el que ayer estuve charlando de lo negro que se presenta el futuro en el tema de iniciativas culturales. De hecho, yo tenía cerrada una exposición de fotografía para septiembre en la nueva sala de Cajasol. Cuando comenzó el estado de alarma, me llamaron para decirme que quedaba suspendido todo hasta nuevo aviso, y que se temían que el aviso llegaría muy tarde. Eso me temo yo también, ya que el panorama no es nada alentador.

Por otra parte, creo que todos estamos con esta incertidumbre a cuestas que nos va pesando en la espalda y nos hace mirar el horizonte con no demasiado optimismo. Así que, imagino que nos encuesten de lo que nos encuesten y pregunten lo que nos pregunten, todo va a salir un poquito teñido de un gris marengo, casi negro. Entiendo que hay otras prioridades, pero no deberíamos equivocarnos como tantas veces ha ocurrido a lo largo de nuestra historia, porque dejar la cultura de lado es quedarnos tullidos para siempre. (La ventana de Luis)

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19 de mayo de 2020 - 23:04 h

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