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Arahal, un vergel entre olivares de espaldas a la Base de Morón

En su término municipal hay plantadas 6.873 hectáreas de olivar, lo que supone el 82% del total de superficie agraria

La Base de Morón, situada íntegramente en suele arahalense, no produce beneficio alguno para la localidad

Cuenta con tres polígonos industriales y uno agropecuario desocupados en más del 50 % de su capacidad

La localidad conserva toda la esencia de un pueblo andaluz.

La localidad conserva toda la esencia de un pueblo andaluz. pitagorasfotos.com

Cuentan que en el registro municipal de Arahal se guarda un escrito, enviado por el que era alcalde de la localidad en los años 50, en el que se solicitaba al Ministerio de Defensa no poner el nombre de la localidad a la base aérea que está íntegramente en su terreno municipal y que, desde un principio, se ha llamado Base Aérea de Morón. La razón que figuraba en esta solicitud era el temor a que la llegada de los “americanos” fuese un peligro para las “mocitas” de entonces.

Esta anécdota la cuenta el actual alcalde, Miguel Ángel Márquez, cuando habla sobre la importancia de las instalaciones militares en el pueblo. No recuerda el año exacto ni el nombre del alcalde; es un acta de un escrito que hace tiempo cayó en sus manos, que está entre los registros municipales, y al que se refiere como curiosidad cuando eldiario.es/andalucia pregunta por su relación con unas instalaciones a las que el pueblo siempre ha dado la espalda.

Quizás esta no sea la razón de que Arahal viva sin tener en cuenta las instalaciones militares: los vecinos se han acostumbrado hasta al ruido de los aviones, pero el alcalde actual prefiere que a este pueblo se le conozca más por las aceitunas que por un lugar utilizado para “hacer la guerra”. “Soy pacifista y estoy convencido de que los problemas del mundo no se arreglan con las guerras. Creo en la necesidad de tener un Ejército y esa base en el futuro seguirá existiendo pero no estoy de acuerdo con la presencia americana por respeto a nuestra soberanía nacional”.

Se quiera o no, lo cierto es que Arahal es más conocida por sus aceitunas. El título que lleva siempre incorporado este pueblo de la Campiña sevillana, que apenas supera los 19.500 habitantes, es el de ser cuna de la aceituna de mesa. Y así lo defienden, no sólo los agricultores locales, sino cualquiera que entienda un poco del producto. Las razones son varias, la calidad de la tierra, la tradición del olivar, incluso la meteorología cuando acompaña. Y cuando más se nota es en campañas regulares, como la de este año en el que la producción en su término municipal ha superado con creces a la del resto de zonas del olivar de la aceituna de mesa de la provincia.

La identidad de las aceitunas

De las más de 200 variedades de aceitunas existentes, las que predominan en este pueblo son la manzanilla y gordal. En el término municipal hay plantadas 6.873 hectáreas de olivar, lo que supone el 82% del total de superficie agraria.

Este hecho debería ser condicionante para que en el pueblo no haya paro durante todo el año, como ocurre cuando llega el verdeo, pero no es así. Miguel Ángel Márquez cree que la falta de espíritu empresarial se debe a que en Arahal “la tierra está muy repartida y quizás las familias son felices con lo que tienen. Si aquí hubiera concentración de la tierra en pocas familias, lo mismo tenían que buscar otras opciones”.

Hay tres polígonos industriales y uno agropecuario desocupados en más del cincuenta por ciento de su capacidad. Porque estar a pie de la A-92, ser un pueblo situado a menos de una hora del aeropuerto y de la capital y a menos de media hora de los principales pueblos de la Campiña y Los Alcores, no ha sido atractivo suficiente para las empresas. También hay que añadir que, hasta hace apenas un mes, estos polígonos sufrían continuos cortes de suministro de electricidad por la falta de planeamiento en el pasado de las infraestructuras necesarias a la hora de planificarlos.

El verdeo y su fiesta

Pero sí, la aceituna es tan importante, que tiene hasta su propia fiesta. A principios de septiembre, cuando aún las temperaturas veraniegas se niegan a retirarse, el pueblo se prepara para su feria y, sobre todo, para el pregón del verdeo, un acto celebrado en la Plaza del Santo Cristo, junto al templo que acoge todo el año al Señor de Arahal, Señor de la Misericordia.

La Feria del Verdeo se hace en honor a la aceituna, al comienzo del verdeo, la época con más actividad de todo el año. Y para pregonarla ha llegado hasta este pueblo incluso un premio Nobel, como Camilo José Cela (1989), entre otras personalidades de la cultura española y andaluza.

El alcalde de Arahal

El alcalde de Arahal

Miguel Ángel Márquez es el político municipal que lleva más tiempo en activo. Llegó al Ayuntamiento en 1995, y fue en este año cuando aceptó encabezar la lista de IU después de estar cinco años de profesor de francés en el IES La Campiña, antiguamente instituto solo de formación profesional. Desembarcó en Arahal desde París. Sí, Arahal tiene un alcalde, desde hace casi trece años, comunista y francés, aunque sus raíces familiares están en Málaga, a donde pretendía volver, pero no lo hizo.

Antes de llegar a la alcaldía, en 2007, el PSOE había copado casi todos los gobiernos municipales, de hecho en 1995 era impensable que IU acabara gobernando; Márquez se ha presentado como candidato a siete elecciones municipales, y ha gobernado desde 2007, primero en coalición con el PSIA (Partido Socialista Independiente de Arahal) y después con el PSOE. En los dos últimos mandatos, 20011/2015-2015/2019, y lo que va de la actual, gobierna en solitario gracias a su ya holgada mayoría absoluta, y en la actualidad tiene 13 concejales. A pesar de estos resultados obtenidos por IU en las elecciones municipales, cuando llegan las generales, Arahal se vuelve de nuevo socialista superando casi en tres veces los votos de IU. Miguel Ángel Márquez es el paradigma de que en los pueblos se vota a la persona por lo que su partido tiene por delante un importante reto para sustituirlo.

La gente joven no quiere irse

Cuando Márquez se bajó de un autobús de la línea Alsina Graells en el lugar que hoy ocupa la actual estación y la Policía Local, faltaban dos años para que se inaugurase la Autovía del 92 la principal vía de comunicación de Arahal. Sonriendo recuerda que al intentar abrir el maletero del vehículo “el autobús estaba rodeado de vacas y una se echó en la puerta, tuve que decirle al conductor que avanzara un poco para poder sacar la maleta, porque el animal no se retiraba”. Así encontró a un pueblo en el que ahora casi han desaparecido los ganaderos.

Un pueblo hospitalario pero “difícil de convencer a no ser que pongas buenos argumentos encima de la mesa”, cuenta. Un pueblo del que no quiere irse la gente joven. Total, Sevilla está muy cerca y es un lugar tranquilo para vivir que ha visto triplicar todos sus servicios en los últimos años. Hay un teatro con más de 400 plazas de aforo, el centro deportivo La Venta donde se práctica diferentes modalidades, con una media de 1.000 usuarios mensuales. Y muchas zonas verdes, una de las prioridades durante los últimos años del Equipo de Gobierno local. Parques en los que se puede ver todo el año, si no llueve o hace frío, a familias merendando o celebrando cumpleaños al aire libre.

El último parque que están a punto de reabrir es el de San Antonio, antiguo cementerio municipal y lugar utilizado durante la guerra civil por las fuerzas golpistas para asesinar a muchos vecinos del pueblo, de ahí que haya sido durante años zona de excavaciones para la Asociación de Memoria Histórica, sin resultados concluyentes. Aprovechando estas obras, se ha limpiado de huesos y restaurado completamente, añadiendo nuevos servicios. 2020 es el año de este renovado parque con el que ponen punto y final de momento a la ampliación de espacios verdes.

Por estas razones, Arahal no abandona su carácter de pueblo. Es para el máximo mandatario una de sus ventajas. “No me gustaría que este pueblo olvidara sus raíces, que se convierta en una ciudad como Dos Hermanas o Alcalá de Guadaíra, no me gustaría que hubiera, por ejemplo, grandes expansiones y empezara a llegar gente de fuera; Arahal debe crecer con naturalidad”.

Porque en Arahal los vecinos siguen dándote los buenos días por la calle, siguen respetando las tradiciones y la hospitalidad te acoge apenas paras a un vecino para preguntarle algo o en los bares. En fiestas como la Semana Santa o Feria, los arahalenses se sienten más lugareños que nadie, están orgullosos de sus fiestas, las mantienen, promocionan y afianzan con un buen programa de actividades. En los últimos años raro es el fin de semana que no hay conciertos, charlas, pruebas deportivas, mercadillos o sale alguna imagen para celebrar aniversarios concretos.

La cultura gastronómica

Todas estas fiestas van acompañadas de platos típicos que suenan a pueblo y que sirven a la mayor parte de los bares. Como las tagarninas esparragadas, los soldaditos de pavía, los caracoles a la gitana, las espinacas con garbanzos y huevo, el menudo, el picarnache, entre otras. O si tienes la suerte de pasar por las calles en Navidad o Semana Santa, olerá a dulce con reminiscencias árabes que todavía sigue reuniendo a familias alrededor de la masa, la almendra y el ajonjolí.

Hay muchos retos que alcanzar en Arahal pero sin duda uno de los más esperados es que la aceituna alcance de una vez por todas su justo precio y, agarrados con fuerza están a la Indicación Geográfica Protegida de la aceituna manzanilla y gordal, incluso se habla en estos días de que aquí puede establecerse la sede de su Consejo Regulador.

A esto se suma la necesidad de aumentar la oferta de vivienda para los jóvenes y ver que el comercio local, tan importante en otra época -todavía quedan dos tiendas centenarias-, encuentre un camino que lo ayude a competir con Internet.

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