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Calima en la Moncloa

Pedro Sánchez en una visita a Mohamed VI en una imagen de 2018.

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“Tú vas a ser soldado de España, decía el coronel Capaz a cada uno de los cabileños. No sois alquilados sino españoles auténticos porque siendo Ifni un territorio de soberanía eran —les decía— tan españoles como él”. Esto narraba Manuel Chaves Nogales en sus crónicas sobre la colonización de Ifni. Luego, ya saben, guerra oculta y vergonzante, entrega a Marruecos y olvido de aquellos españoles. Nada nuevo. España siempre ha colonizado fácil pero ha salido a culatazos de todas las playas coloniales, abandonando a los suyos.

Con solitud, Pedro Sánchez ha entregado el Sáhara Occidental; ya antes lo hicieron otros de sus antecesores, pero, ahora, en democracia plena y sin consenso. Lo sabemos por la carta del Majzen, el poder total del monarca alauí, que ha provocado la respuesta urgente, pillando a los protagonistas en pijamas diplomáticos, aviándose  con prisas con un comunicado desaliñado  y con palabras confiadas del ministro de Exteriores sobre las consecuencias de lo que habían decidido sin avisar a sus socios, disconformes, a la oposición, ni al arco parlamentario. Sí, a todos. Se trata de una cuestión de Estado —tiene razón el PP— y el Estado somos todos, permanece.

Un cambio histórico se resalta, sí, pero sobre todo por lo insólito del proceder, velado y arrogante. Y por su incoherencia y engaño. Lean el programa del propio PSOE, un poner, familiaricen con las bases socialistas que siempre han sido solidarias y reivindicativas de los derechos de nuestros antiguos compatriotas. Y adviertan su historia y el propio cambio de Sánchez: del Levante al Poniente sin que se le mueva el tupé.

No le valió al Presidente la vergonzosa entrega de la cabeza de su ministra de Exteriores, Arancha González Laya, para calmar al sátrapa marroquí. Era más

Pedro Sánchez se retrotrae a las criticadas tesis de Donald Trump y se lo pone fácil a Joe Biden; no ha resistido la presión del Majzen marroquí, incesante desde la independencia de Marruecos. Da validez a los ilegales Acuerdos de Madrid y, de camino, también a la represión y la vulneración de los Derechos Humanos en el Sáhara y a su expolio económico. Una vergüenza y cobardía de España al no asumir sus compromisos y su obligación moral como potencia administradora de iure de su antigua colonia, a la que orgullosamente llamaba provincia.

Y la pregunta es ¿qué entregó España a Marruecos y quién en su nombre tras la Marcha Verde? ¿Qué se guarda bajo mil llaves en el diván del Majzen sobre aquella cesión vergonzosa y qué están dispuestos a revelar?

La alta tensión y mala relación dosificada durante años, el asunto Ghali, el asalto de niños a Ceuta, los de la verja de Melilla, los saltitos en los peñones e islotes de soberanía, la delimitación unilateral de aguas en Canarias, los lanzamientos de migrantes a ritmo de mareas y marejadas, el goteo terrorista... tenían que ver con esto. No le valió al Presidente la vergonzosa entrega de la cabeza de su ministra de Exteriores, Arancha González Laya, para calmar al sátrapa marroquí. Era más.

En Francia se frotan las manos. El posible protagonismo español en el futuro energético de Europa quizá salte por los aires

Además no puede ser más inoportuno y diría que desleal. No se puede someter a todo un país al estrés político de un cambio de tamaña envergadura, ponerlo en el brete de la responsabilidad en plena crisis bélica en Ucrania, y ante las presiones desestabilizadoras de la extrema derecha en cada fisura que detecta.

Mientras que se erige en paladín europeo de la desactivación de la depredación de las eléctricas y energéticas, Sánchez se sitúa en una complicada situación con Argelia —de maniobras en la frontera con Marruecos— con las relacionales rotas y el encontronazo siempre a punto de estallar.

En Francia se frotan las manos. El posible protagonismo español en el futuro energético de Europa quizá salte por los aires. Un nuevo impedimento para el gasoducto Midcat. Así le ponen las carambolas a Macron. A huevo.

España se acomoda a las tesis marroquíes sobre la autonomía del Sáhara, es decir, una decisión que reconoce su marroquinidad porque será Marruecos quien decida qué autonomía dará

Quizá esto explique ahora la exuberancia atlantista de Sánchez con Ucrania pero impugna su declaración vibrante de respeto a las resoluciones de las Naciones Unidas y el derecho internacional; entre otras cosas, el derecho de autodeterminación y el respeto de las fronteras. España se aleja de las resoluciones de la ONU, de sus exigencias claras de respeto de la voluntad de esos españoles del desierto, mediante un referéndum. Pero también se distancia de la propia posición de la UE y de las sentencias de su Tribunal de Justicia y, por cierto, de la Corte internacional desde hace décadas. Ni que decir tiene que ante la Unión Africana queda como un país subordinado, de menor cuantía.

España se acomoda a las tesis marroquíes sobre la autonomía del Sáhara, es decir, una decisión que reconoce su marroquinidad porque será Marruecos quien decida qué autonomía dará. Lo que no queda claro es si España tiene autonomía o no. La independencia de Marruecos fue en 1956, la de España no se sabe.

Como otra nueva peste, la inoportunidad de la decisión de Sánchez pinta a España en color calima, la sitúa a merced del siroco del desierto y pone al descubierto sus vergüenzas coloniales. Vendrán otros vientos del sur.

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