De la deshumanización de Montero a la candidata 'Marisu': “Me han hecho cientos de memes y yo tan contenta”
A María Jesús Montero, la todopoderosa ministra de Hacienda, la vicepresidenta del Gobierno de España, la vicesecretaria general del PSOE y la persona de confianza de Pedro Sánchez, su madre y sus allegados la llaman Marisu.
En una ocasión, estando en un corrillo con periodistas en los pasillos del Congreso, un cámara de televisión la grabó cuando cogía la mano de una redactora para explicarle algo, refiriéndose a ella con el apelativo cariñoso “chiqui”. Podía haber usado “miarma” o “quilla”. El caso es que aquella expresión, común en Andalucía, mutó en instrumento de mofa, desprecio y pitorreo en Madrid, en boca de algunos dirigentes del PP, de Vox, de periodistas, tertulianos y medios de comunicación.
Montero suele quejarse del proceso de “deshumanización” que sufre ella, el propio presidente del Gobierno y su entorno familiar, a manos de sus adversarios politicos más furibundos y de activistas de ultraderecha, con ataques que luego adquieren una sobredimensión tóxica en las redes sociales. A la sevillana la han vilipendiado por su acento, por una hipergestualidad próxima al histrionismo -“sus caras”- en las sesiones de control al Gobierno, que han sido una fuente inagotable de memes.
Incluso su equipo de campaña le ha sugerido cierta contención en la expresividad facial -como pudo verse en el debate electoral de TVE- pero a ella le fastidia tener que reprimirse. “Yo soy muy expresiva, por eso me sacan muchos memes. Incluso los míos me dicen que no sea tan expresiva pero, ¿por qué no? Soy una persona muy natural, a pesar de que luego salga así en las fotos, que me sacan como si estuviera borracha. Pero yo defiendo la naturalidad en la política y traslado espontaneidad”, dijo este jueves, en una charla de sofá junto a la filóloga e influencer, Carmen Amores, en Rota, ante unas 250 personas.
El PSOE le ha organizado a Montero un escenario idóneo para sea menos vicepresidenta del Gobierno y más candidata. La socialista salió del Consejo de Ministros para entrar de inmediato en precampaña, y aún se mueve encorsetada en el traje institucional, con un exceso de cautela tanto en el contenido de sus discursos com oen las formas, que contrasta con lo desahogado de sus rivales en las urnas.
La líder del PSOE-A no está haciendo una campaña muy pegada a la gente de la calle, no se la ve abrazándose a las vecinas ni besando a mayores y niños, como hace a diario el presidente de la Junta y candidato del PP, Juan Manuel Moreno. Tampoco se graba vídeos cantando, con personajes de Star Wars, o haciendo chascarrillos en busca del voto joven. La preocupación de Montero es la desmovilización de los suyos, y está volcada en hacer pedagogía sobre el deterioro de los servicios públicos bajo la gestión de Moreno, para que las clases trabajadoras, quienes más lo sufren, traduzcan ese malestar en un voto socialista.
Este jueves, al fin, se ha metido de lleno en un formato de campaña diseñado para humanizar al personaje, a la política, a la candidata a presidenta. Montero, en tono distendido y entre risas, ha hecho autoparodia de sus caras, ha hablado del “ratito de más que se queda en la cama”, de “la montaña de ropa que planchar”, de cuando se ha topó con otras ministras que llevaban un traje casi igual al suyo (“que parecemos Azúcar Moreno o las de Baccara”), de cómo conserva vestidos de hace décadas, “porque tengo la misma talla desde hace 40 años”, de las llamadas de su madre preguntándole “si ha comido”, cuando estaba en mitad de una reunión, digamos, con Oriol Junqueras, sobre la financiación singular para Catalunya. “Una madre siempre pregunta si has comido, da igual la edad que tengas”, dice.
Con todo, y pese a ser médica de profesión, Montero es política hasta la médula, y de cada anécdota personal ha sacado una reivindicación de su persona, de su proyecto político y una proyección de su candidatura para el próximo 17 de mayo. “Cuando me dicen chiqui es para ofenderme, porque a mí nadie me llama así, ni mucho menos. Lo dicen para que me arrugue, pero eso es gente que no me conoce. Yo esa palabra no la conozco”, ha dicho.
La aspirante a suceder a Moreno se ha puesto seria para aclarar que toda esa violencia política hace daño, hace mella, y tiene que echar mano de toda su fortaleza mental para “no romperse”. “Soy una persona con vida interior, por mis orígenes cristianos, y cuando se apagan las luces, me tengo que encontrar conmigo misma para ordenar las ideas y descartar todo lo que no me aporta, lo que produce incomodidad”, admite. Para rematar: “Este maremagnum que llevamos en la vída diaria hace que mucha gente se rompa. Yo me hablo todos los días y me digo lo que no me gusta, pero también me digo: tú puedes, tú sabes, tú lo vas a conseguir”.
La joven filóloga que ha conversado con ella, con mucho desparpajo pero también con mucho poso intelectual, le ha sacado el pasaje de uno de sus libros de referencia -Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar-, cuando una ciudadana de Roma pide audiencia al emperador, y éste la ignora. “Si no tienes tiempo para mí, no tienes tiempo para el imperio”, le reprocha ella a Adriano. Y Amores pregunta a la candidata: “Cuando se alcanza el poder, ¿pesan más las siglas del partido o los ciudadanos que confiaron en ustedes?”.
“Yo no concebiría al PSOE si en su centro y razón de ser no estuvieran los ciudadanos. Somos gente normal, aunque algunos somos más normales que otros”, ha bromeado. Y más adelante ha añadido: “En mi vida política, nunca he tenido que elegir entre mi partido y la gente. Si me hubiera ocurrido, habría tenido que dejar de representar al partido. La gente nos tiene que permitir rectificar”.
También ha tocado los grandes hits de su campaña: el declive de la sanidad pública (asegura que “ya tiene redactado” el primer decreto que aprobaría en su primer Consejo de Gobierno, para “acabar con las listas de espera sanitarias en seis meses”); el colapso del mercado inmobiliario; la privatización de las universidades y la Formación Profesional.
Montero tiene dos hijas y... “no hay manera de que los jóvenes se vayan de casa, y ya no es sólo por salud mental de ellos, también de nosotros, no puede ser que sigan viviendo en casa de sus padres con 30 años”, ha dicho, en referencia a la dificultad del acceso a la primera vivienda para los jóvenes.
En este punto, ha cargado duramente contra el Ejecutivo de Moreno. “El PP es la única entidad jurídica de este país que dice abiertamente que no va a aplicar la ley”, ha afirmado, en referencia al rechazo frontal de la Junta a desarrollar la Ley estatal de Vivienda, que permite limitar los precios de alquiler en zonas muy tensionadas.
Al final de la charla ha vuelto a resignificar los ataques a su acento y a su expresividad como una reivindicación andalucista. “No me preocupa que me imiten o que imiten el acento andaluz. Me preocupa que la derecha asocie el andaluz con el paniaguado, con la pobreza, el analfabeto, y cuando somos mujeres se ensañan con el acento. Me han hecho cientos de memes y yo tan contenta, porque yo mi acento andaluz no lo cambio por nada”, ha dicho, arrancando un largo aplauso de los presentes.
Dice Montero que se siente “orgullosa” de dos cosas, sobre todo: de cuando era portavoz del Gobierno de España, “y salía ahí y hablaba en andaluz”. De cuando su madre le decía: “Niña estudia, para no depender de nadie”. Y de los jóvenes y las jóvenes de hoy, que han estudiado incluso más que las mujeres de su generación, y ahora van por delante. “Sois un orgullo”, les ha dicho.
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