Dando vueltas a los pies de Filabres: el 'tour' ciclista que atraviesa Almería y Granada
A lomos de un esqueleto metálico de dos ruedas, con el aire dando en la cara y la vista puesta en el horizonte, así disfrutan los aficionados del ciclismo por la TransAndalus. La travesía del GR7 de 35 kilómetros de distancia que atraviesa las comarcas con distintas paradas en el camino que permiten conocer los parajes del Parque Natural de Sierra de Baza. Un espectáculo lleno de naturaleza en el que se hila el pasado andalusí con el trasiego contemporáneo.
El pelotón se sitúa para su salida en Serón y continuará por El Hijate, el centro de Baza y dos paradas más, la Alcazaba de Baza y el Museo Arqueológico de la localidad. El primer pueblo se sitúa en pleno valle del Almanzora, la comarkca que ocupa el noroeste de la provincia de Almería, donde la diversidad de arquitecturas, estampas y gentes hará más disfrutable el viaje. En las faldas de la Sierra de los Filabres, este es uno de los reductos más emblemáticos puesto que fue fundado por los nazaríes en el siglo XIII como fortaleza defensiva.
Tras caer en manos cristianas en 1489, no sería hasta el siglo XIX cuando volvió a recobrar la brillatez del crecimiento económico. La entrada de compañías extranjeras para la explotación y producción de las minas que se encontraban en la región conllevó una serie de mejoras sociales para un censo que llegó a registrar 9.000 habitantes. Entre los avances estuvo la llegada del tren, conocido como el Ferrocarril del Almanzora, que contaba con un ramal hacia el puerto de Águilas. Sin embargo, la extracción terminó sobre la década de los 70, lo que conllevó a que haya en la actualidad unas 2.000 personas que preservan el espíritu de aquel pasado siderúrgico.
Antepasados
En los alrededores hay varios pueblos en los que se podría reposar, como Fuencaliente y Calera o El Ramil, pero la brújula marca el camino hacia El Hijate. En el margen izquierdo del río Almanzora, el enclave está en la zona limítrofe entre las provincias de Almería y Granada. De esta joya, los historiadores recuerdan que hay documentos que señalan su existencia desde el siglo XVI y, en su patrimonio, destacan edificios religiosos como la iglesia de San Antonio de Padua o la ermita de la Virgen de la Inmaculada Concepción, mientras que en el centro urbano destaca la torre de El Ramil, de pasado nazarí.
En el horizonte, se encuentra los Fibrales, la principal alineación montañosa de Almería. El entorno estuvo poblado hasta principios del siglo XX, como atestiguan los vestigios de las construcciones humanas, si bien hoy día es paso de caminantes, aventureros y, cómo, ciclistas. La próxima meta está en Baza, traspasando la frontera granadina y metiéndonos de lleno en la recta final.
La ciudad es nexo de unión entre Andalucía y el Levante con el centro peninsular, lo que la dota de preeminencia tanto a nivel administrativo como cultural y social. Al final, no deja de ser la cabeza de una amplia comarca natural, que comprende las zonas de Huéscar, Pozo Alcón, Los Vélez y Valle del Almanzora, y que tiene sus inicios en el Paleolítico.
La población de íbera de Basti se asentó en el territorio alrededor del siglo IV a.C., desde donde se tenían relaciones comerciales con Grecia. En el paraje de la Zona Arqueológica de Basti destaca el Cerro Santuario, donde apareció la Dama de Baza y el Torso del Guerrero de Baza. Dos elementos indiscutibles de la historia del entorno, pues su importancia artística e historia reflejan los intereses de los antiguos habitantes del territorio. Además, el siglo VIII estuvo marcado por la presencia musulmana, de la cual bebe el trazado de la ciudad antigua y destaca, entre otros elementos, los Baños Árabes, cuya rehabilitación fue reconocida por el Premio Nacional de Arquitectura.
La casi octava capital
Baza, que estuvo a punto de ser nombrada la octava capital de provincia, vive del sector servicios, mayoritariamente, de la explotación agrícola y también de la industria. Pero, antes de bajarnos de la bicicleta, quedan dos paradas en el trayecto: la Alcazaba y el Museo Arqueológico.
La ciudadela que defendía Medina Bastha rodeaba a la ciudad y era casi inexpugnable. A pesar de que apenas se conservan algunos tramos a causa del crecimiento de la población y la necesidad de construir más allá de sus muros, se distinguen tres fases dentro del centro histórico de la urbe: la primera, del siglo XI y XIII, otra nazarí y, la última, el periodo correspondiente a la conquista cristiana del siglo XVI. Era la residencia de las autoridades militares y gozaba de todos los servicios urbanos necesarios para ser autónoma.
Por último, queda el Museo, donde ya podremos dejar la bicicleta y entrar para pasear entre los dos edificios históricos contiguos del siglo XVI, siendo uno de ellos la antigua alhóndiga. Con ocho salas de exposición permanente y más de mil metros cuadrados, en la instalación se da a conocer la historia y arqueología desde la prehistoria hasta la Edad Moderna, pasando por la cultura ibérica, el mundo romano, los visigodos y la Edad Media. Una suerte para finalizar el recorrido habiendo disfruta de la naturaleza y del rico patrimonio cultural.
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