Madrid tiene acento, como Lucía
Reza la publicidad de la patética apropiación cultural, Madrilucía, de Ayuso-Almeida and Company: “Dicen que Madrid no tiene acento”. Lo cierto es que no hay ni un solo ser humano que, con capacidad efectiva de articular, carezca de acento. Sea de Madrid, Valladolid, Palencia, Sevilla, La Habana, Medellín o Caracas. Todos los hablantes de cualquier variedad lingüística hablada del mundo tienen acento.
Otra cosa es que ideológicamente la persona y su grupo se crean desespacializadxs, carentes de toda espacialidad. Que se piensen ausentes de marcas, con acento neutro o estándar. Todo esto no forma parte de la realidad: está en sus cabezas. Es mera ideología lingüística mediada por fake concepts como el esperpéntico y falaz pseudoconcepto de acento neutro o el mal usado concepto de estándar, que solo aplica a lo escrito y nunca a lo hablado.
Es decir, no existe tal cosa como acento neutro o lengua/variedad hablada estándar. Todo el mundo tiene acento, aunque la falta de familiaridad con tal o cual variedad no nos permita identificar de qué región, comarca, localidad, barrio, calle, casa y familia es.
Hace un par de años, impartiendo una ponencia, se acercó por el salón de actos universitario donde se desarrollaba un profesor de otra facultad (de Química, creo recordar). Era una ponencia más bien divulgativa ante alumnado de primero carrera. Estaban presentes fundamentos de la lingüística y de la sociolingüística bien establecidos. Grosso modo, yo explicaba que no existen jerarquías inherentes entre las variantes lingüísticas, ya sean estructurales, dialectales, sociolingüísticas o históricas. Cada variedad tiene una motivación funcional y responde a necesidades comunicativas específicas de sus hablantes. Las variedades diatópicas (geográficas), las diastráticas (sociales), las diafásicas (situacionales) o los cambios lingüísticos no representan deficiencias o distorsiones graduales entre sí, en términos de mejor/peores, sino adaptaciones que garantizan el funcionamiento exitoso de la lengua. En este sentido, todas las variedades poseen igual valor para la constitución de una lengua, ya que cumplen con los mismos objetivos comunicativos fundamentales. Cualquier jerarquía que se hace o haga guarda más relación con la ideología de una persona o de su grupo (ideológico) que con cualquier hecho o rasgo inherente a esta u otra variedad. No hay elementos lingüísticos en las valoraciones sociales: todos son ideológicos y están conformados con relación a la política y la historia.
Aquel profesor de Química no tomó la palabra para preguntar; es de entender que su competencia en ciencia lingüística sea o limitada o nula. Su discurso fue para negar categóricamente lo expuesto, porque ante una película doblada en español de España no sabía de dónde era el actor de doblaje y ante un doblaje de América Latina, sí. El argumento es de pobre a ridículo, porque (y así lo expliqué) diatópicamente el acento es centronorteño peninsular y estilísticamente está cinematográficamente marcado, según los patrones fonéticos suprasegmentales normalizados en el doblaje de España. De hecho, con estos mismos patrones estilísticos, con ligeras adaptaciones entonativas, puede doblarse una película o serie o locutarse una publicidad en cualquier variedad, incluyendo el andaluz.
Que en tal o cual sitio no tienen acento es solo un discurso (simbólicamente, terraplanista), una ideología lingüística, una ignorancia tan arrogante como ridícula. Santiago tiene acento, de Bogotá. Yo tengo acento, andaluz, de Huelva. Ayuso y Almeida tienen acento, de Madrid. ¿En qué colegio, público o privado, engañan a la gente con tal tremenda ignorancia glotofóbica y raciolingüística?
El doblaje, hablar por la radio (por ejemplo, para locutar las noticias o presentar música), etc., no es una cuestión diatópica, como mal creen quienes cambian su acento para ponerse delante de un micrófono. Es una cuestión de estilo. Simule, queridx lectorx, que es unx locutorx de radio y es la hora de las noticias: “Son las dos de la tarde, la una en Canarias”. Todo lo que simule de la radio, le lleva a establecer esa entonación radiofónica tan característica, incluyendo ese pequeño silencio tan expresivo entre tarde y la y el medio susurro final sobre la última sílaba. Da igual si lo hace con acento centronorteño peninsular español o andaluz. Hablar por la radio es hablar con el estilo de la radio no como si uno fuera de Valladolid o de Madrid. Ahora, pruebe con esa misma entonación a simular que le contesta así, con ese estilo radiofónico, a alguien que le pide la hora por la calle. Si lo hace en la realidad, quizás salga corriendo.
Todo está situado. La idea del acento neutro es del mismo orden que su primo hermano: el estándar. Arriba ya he adelantado que solo es aplicable a la escritura, nunca a lo hablado. Nadie habla un estándar. Lo estándar tiene sentido en aplicación a lo material, como los trazos estandarizados que conforman las letras (o cualquier elemento que se use en un sistema de escritura). El fin ser producido, reconocido y reproducido. Son trazos que representan lo hablado. Siempre, en su reproducción, deben ser más o menos iguales para ser reconocidos y actualicen lo que lingüísticamente representan. Si no, son meros trazos sin más. El que sean siempre iguales es lo que los convierte en estándar o estandarizados. Incluso, las normas ortográficas forman parte del proceso que garantizan la estandarización. Normas ortográficas que son estas, pero que bien podrían ser otras. Lo importante es la consecución de su fin. En ausencia de escritura, dice el lingüista Ralph Penny, hablar de estándar carece de sentido.
Las ideas sobre lo neutro o lo estándar en aplicación a un acento o variedad diatópica tiene una relación directa con la historia y la construcción ideológica de un grupo dominante sobre otros dominados. Es la construcción del privilegio lingüístico, social, cultural y ontológico de lo castellano (y lo que se le parezca), lo burgués y la blanquitud. Es una cuestión de colonialidad del ser, del poder y del saber.
Que se diga que Madrid o Valladolid no tienen acento es bulo del nivel, en otro ámbito de conocimiento, del terraplanismo. O tan absurdo como decir que las valencias de la tabla periódica de los elementos en Badajoz se llaman de otra forma, porque todos sabemos que Badajoz no está en la Comunidad Valenciana. Lo de aquel profesor de Química no llega a esto, pero sí equivale a decir que es el Sol el que se mueve alrededor de la Tierra porque, en apariencia, lo vemos moverse de oeste a este cada día.
Aquella construcción histórica guarda una relación directa con la conquista del Valle del Guadalquivir y el sistema de repartimientos, cuyo correlato de lo material a lo simbólico fue la construcción ideológica de la andalufobia. Este proceso, en lo que respecta lo castellano, apropiado (¡qué raro!) posteriormente por Madrid, devenida en capital del Estado, recibe un nombre: desespacialización. Este término, más usado en inglés, se ha aplicado a diversos asuntos tanto en lingüística (Ruth Wodak y Teun van Dijk, por ejemplo, estudiando el léxico y el racismo de los discursos oficiales), como en el urbanismo, leyes, filosofía, etc. Por mi parte, lo he usado y uso desarrollando una idea de un filósofo colombiano, Santiago Castro Gómez: la hybris del punto cero. La soberbia o desmesura de quien se cree estar en un punto cero, en un vacío social, en lo universal, frente al resto, situado, marcado.
Que en tal o cual sitio no tienen acento es solo un discurso (simbólicamente, terraplanista), una ideología lingüística, una ignorancia tan arrogante como ridícula. Santiago tiene acento, de Bogotá. Yo tengo acento, andaluz, de Huelva. Ayuso y Almeida tienen acento, de Madrid. ¿En qué colegio, público o privado, engañan a la gente con tal tremenda ignorancia glotofóbica y raciolingüística?
Sobre este blog
En Abierto es un espacio para voces universitarias, políticas, asociativas, ciudadanas, cooperativas... Un espacio para el debate, para la argumentación y para la reflexión. Porque en tiempos de cambios es necesario estar atento y escuchar. Y lo queremos hacer con el “micrófono” en abierto.
0