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Los denunciantes de Carlos y Carmen, condenados a tres años por un piquete, "a favor del indulto"

Los propietarios, que han cerrado el local por las represalias recibidas, cuentan su versión de los hechos

“Tenían que denunciar lo ocurrido”, dicen, pero lamentan lo “disparatado” de la condena de tres años de cárcel

Los padres de Carlos piden “respeto” para el negocio, y recuerdan que todo es “fruto de una desafortunada aplicación de la ley”

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El local en el que se produjeron los incidentes por los que han sido condenados Carlos y Carmen

El local en el que se produjeron los incidentes por los que han sido condenados Carlos y Carmen

‘La Champagnería Jazz Café’ es un pub de largo recorrido en Granada. Céntrico, cercano a la Plaza de Gracia, el local ya existía con ese nombre hace tres décadas. Sus actuales propietarios, Manuel y Carolina, de 40 y 38 años, lo adquirieron hace 17. Un bar de copas de clientela fija “para sentarse y hablar tranquilamente”, según lo describen ellos mismos. Pero en los últimos tiempos ‘La Champagnería’ ha cobrado otro tipo de reputación mucho más dudosa, a raíz del incidente ocurrido allí el 29 de marzo de 2012: cuando se presentó un piquete informativo, en la noche de vísperas de la huelga general, pasadas ya las 00.00 horas. El episodio que ha costado a la postre la condena de Carlos Cano y Carmen Bajo a una pena de tres años y un día de prisión, más multa, por “atentar contra los derechos de los trabajadores”.

“Algunos dicen que es un bar pijo, pero en realidad viene gente del barrio de toda la vida”, cuenta Manuel, en otro bar distinto del centro de Granada. Lo cierto es que Manuel Hernández no responde a lo que popularmente se suele entender por pijo (“soy un autónomo cualquiera”, dice, y “pluriempleado” forzoso de un tiempo a esta parte);aunque encaja esas críticas con humor. El mismo con que relata por qué ‘La Champagnería’ ha tenido que echar el cierre estos días: “La semana pasada ya recibimos varias llamadas anónimas. Algunas con más gracia que otras. Desde ‘¿Están Carlos y Carmen?’, hasta ‘Sois unos hijos de puta esquiroles, os vamos a quemar el bar’… Pero ya el sábado…”.

El pasado sábado, 14 de junio, “sobre las siete de la tarde”, cuatro hombres se presentaron en el local con una curiosa actitud: “Estaba mi mujer sola en la barra (ya no nos podemos permitir empleados). Ella les preguntó si querían tomar algo, y ellos dijeron que no, que sólo habían ido ‘a mirar’. Como intentando tensar la situación, a ver si ella perdía los papeles. Estuvieron así casi media hora, hasta que apareció mi madre por allí”. Sólo entonces se fueron. Carolina terminó perdiendo los papeles en forma de ataque de ansiedad, y la pareja decidió cerrar el negocio “por unos días, a ver si las cosas se calman”.

Manuel y Carolina nunca se engañaron: era en cierto sentido previsible que recibieran represalias, dada la repercusión (social, política, mediática) que ha ido alcanzando paulatinamente el caso. Pero también quieren aclarar hasta dónde alcanza su responsabilidad en la suerte jurídica que han acabado corriendo Carlos y Carmen: “Nosotros sólo pusimos la denuncia, porque teníamos motivos para ponerla, y luego la fiscalía actuó de oficio en la acusación”… “Si llegamos a saber de antemano que la pena iba a ser de 3 años de cárcel, nos hubiéramos pensado mucho más el denunciar”. Pero no podían saberlo.

“Pensábamos cerrar el día de la huelga”

Carolina también se puso nerviosa aquella noche del 28 al 29 de marzo. Pasadas las doce, ya podía considerarse por iniciada –oficialmente al menos– la jornada de huelga general para los más madrugadores. “Lo gracioso es que nosotros pensábamos cerrar también, pero al día siguiente. Porque con nuestro horario (de 15.30 a 3.00) no nos podíamos permitir cerrar dos noches seguidas”, relata Manuel.

Las versiones sobre el tono y el contenido de las expresiones que el piquete utilizó para convencer a la dueña de que cerrase difieren: “pacíficamente”, sostienen los manifestantes; “profiriendo todo tipo de expresiones vejatorias”, según recoge el juez, basándose en el testimonio de Carolina y de algunos clientes. Ante la negativa de aquélla a echar el cierre, hubo más tensión. Carlos realizó pintadas en las paredes con espray (extremo que el propio Carlos no ha negado nunca). Por otro lado, fueron “Carmen y otro señor mayor” quienes “más agredieron verbalmente” a Carolina. La sentencia pone en boca de Carmen amenazas muy serias: ¿Fue así realmente? “Sí”, según Manuel. “Tenemos pruebas. Que no usó después la Fiscalía”. Además, asegura, “no es verdad eso que se ha dicho de que la identificación de la policía fue aleatoria”. Carolina “señaló a la policía, en cuanto llegaron”, quiénes eran los responsables, tanto de las pintadas como de las amenazas.

El juez insiste en su escrito en la “coherencia” de Carolina al prestar testimonio; cosa que refrenda, según Manuel, el hecho de que no identificase en el juicio a la segunda persona (“señor mayor”) que supuestamente le amenazó: no pudo reconocer en Justo, el tercer identificado por la policía, al hombre que ella acusaba. Lo cual sugiere que en ese caso sí pudo haber algún tipo de “arbitrariedad” en la identificación.

Precisamente de otro tipo de ‘arbitrariedades’ es de lo que quieren salir al paso los gestores de ‘La Champagnería’. Manuel (que se encontraba con su madre en el hospital aquella noche) entiende que “los piquetes son así”, que “cualquiera se puede pasar en un momento dado”; pero no “el hacer daño porque sí”. “Que yo también he estado en manifestaciones; y me considero un tío de izquierdas razonable. Aunque muchos crean que tener un negocio ya te hace ser otra cosa. Nosotros simplemente queríamos que nos pagaran los 700 euros que costó pintar las paredes otra vez, nada más”. Por otra parte, considera, “no se puede obligar a nadie: ni a hacer huelga, ni a no hacerla”.

Apoyo mutuo con la familia de Carlos

Manuel quería que se conociera su postura, pero sobre todo un planteamiento esencial: por una parte, que “no tuvieron más remedio” que denunciar, porque los hechos, “graves” tanto por el daño al mobiliario como por las presuntas amenazas, merecían algún tipo de repercusión; pero también, por otra, que la sentencia impuesta finalmente a Carmen y Carlos les parece “un disparate” sin reservas, difícilmente previsible en su momento.

Carmen y Carlos en la manifestación celebrada este viernes en Granada

Carmen y Carlos en la manifestación celebrada este viernes en Granada/FOTO: M Ortega Lucas

El pasado viernes, día 13, se fraguó un acercamiento con la familia de Carlos. Los padres de éste, María Félix y Pedro, se solidarizaron ante “los ataques” que están recibiendo Manuel y Carolina. La pareja del pub les aseguró por su parte toda la ayuda posible para conseguir que la petición de indulto que va a elevarse al Gobierno llegue a prosperar, al considerarla también “una desproporción”.

No pierde de vista la familia de Carlos que la batalla es contra el proceder de la Justicia en este caso, no contra Manuel y Carolina. Ese mismo día 13, el abogado de los dos condenados, César Fernández, intervenía personalmente en el muro de Facebook de ‘La Champagnería’ para alegar que “indudablemente Carolina no tiene culpa ninguna de lo ocurrido (…) El problema está en la propia ley y en la desproporción de la pena establecida para el delito que nos ocupa”.

Estos días, los padres de Carlos han hecho llegar asimismo a Manuel varios comunicados, para que él mismo los publicase. Añadimos a continuación, resumido, uno de ellos.

‘A FAVOR DEL RESPETO Y LA DIGNIDAD’

Somos Pedro Cano y María Félix Navarro, padres de Carlos (…). Queremos expresar nuestro total y profundo desacuerdo con todas aquellas acciones que de alguna manera intentan perjudicar a ‘La Champagnería’ y, por supuesto, a las personas que la regentan. Todavía más cuando todos aceptamos que esta situación es fruto de una desafortunada aplicación de la ley, resultando una pena a todas luces desproporcionada.

En estos días hemos tenido conocimiento de que no sólo nosotros estamos sufriendo por todo lo sucedido, también Carolina está recibiendo de forma injusta muestras que perjudican su negocio.

Rechazamos toda violencia, del tipo que sea, venga de donde venga. Por ello pedimos encarecidamente el más profundo respeto a Carolina, a su familia y al negocio que les posibilita una vida digna, como deseamos para cada persona de este mundo.”


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