Adiós a Antonio López Hidalgo, una vida entre la literatura y el periodismo

Antonio López Hidalgo.

Alejandro Luque


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El mundo del periodismo y las letras andaluzas se despertaba este martes con un duro golpe: la noticia del fallecimiento a los 65 años de Antonio López Hidalgo, un miembro destacado de esa tribu por partida doble, en su calidad de profesional de la información y de narrador; y hasta triple, pues a estas faenas sumaba la de docente, ejerciendo como catedrático del área de conocimiento de Periodismo desde 2018 y director del Departamento de Periodismo II de la Facultad de Comunicación de Sevilla desde 2016. Un infarto acabó con la vida de este hombre inquieto y apasionado, inconfundible con sus ojos azules y su barba cana, así como un estilo depurado durante muchos años de escritura. 

El periodismo cultural se busca a sí mismo entre las presiones del mercado: "se requiere conocimiento, experiencia, memoria"

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Nacido en Montilla (Córdoba), en 1957, se inició en el mundo profesional del periodismo con 18 años. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Periodismo por la Universidad de Sevilla, desde 1980 ejercía el periodismo en distintos ámbitos profesionales: prensa (Correo de Andalucía, Diario Córdoba, El periódico del Guadalete, El País), radio (Radiocadena Española, Antena 3 Radio), televisión (Canal Sur TV), diarios digitales (El Confidencial) y gabinetes de comunicación (Consejería de la Presidencia de la Junta de Andalucía).

Tantos años de andadura le dieron la oportunidad de conocer a algunas de las figuras más destacadas de las letras hispanas del siglo XX, a las que recordaría en un volumen cuyo título le brindó el poeta linense José Lupiáñez: La exactitud de la nostalgia. Por allí desfilan, entre otros, el Nobel colombiano Gabriel García Márquez, que le firmó un libro de Cortázar porque era el único que llevaba encima, rubricando “Para Antonio, en nombre de julio”.

Máquinas de escribir

También aparece el argentino Jorge Luis Borges en su visita a Sevilla de 1984, que le confió su gusto por “jugar, pero como los niños, que juegan seriamente”. El mexicano Octavio Paz, que también sería Nobel, le prohibió mencionar en su artículo cierta polémica en la que se había involucrado con Günter Grass y Mario Vargas Llosa, bajo amenaza de escribir una carta al director de El Correo de Andalucía. De Vargas Llosa se hizo eco de su amistad con Isabel Preysler muchos años antes de que fueran pareja, y el peruano mostró su esperanza de que la Expo 92 sirviera de algo más que como rito vacío.         

Al peruano Alfredo Bryce Echenique lo encontró en una cafetería sevillana, y le dijo que en lugar de dormir la siesta prefería conocer por dentro El Correo, del que le impresionó que solo hubiera una máquina de escribir, reemplazadas ya todas las demás por ordenadores. También conoció a Rafael Alberti cuando apoyaba a Julio Anguita en las elecciones, y a un Antonio Muñoz Molina imberbe que le contó que le gustaría vivir de la literatura, aunque en aquel momento solo le alcanzaba para pagarse las copas.    

Juan Goytisolo, a quien conoció con la primera entrega de sus memorias, Coto vedado, le pareció un ser tímido y huidizo, refractario a las entrevistas, pero le confesó que “en España hay mucha vida literaria, pero poca literatura”. Fernando Sánchez Dragó le aseguró que barajaba la posibilidad de mudarse a Sevilla, y le insistió mucho en que le confirmara si en la capital hispalense se ligaba o no se ligaba. “Tú ligarías”, resolvió López Hidalgo, y el escritor madrileño le respondió con una sonrisa autocomplaciente. También le pidió consejos sobre la noche sevillana Terenci Moix, al tiempo que le aseguraba que su sueño era escribir una novela sobre el Guerrero del Antifaz.   

Amante para siempre

En el año 1992 se incorporó a la docencia y a la investigación en la Universidad de Sevilla, sin abandonar el periodismo. También era director del Grupo de Investigación Influencias de los Géneros Periodísticos y de las Tecnologías en la Comunicación Social. Asimismo, López era candidato a las elecciones a Decano de la Facultad de Comunicación de Sevilla que tendrán lugar el próximo 20 de junio. Su hijo, Isaac López, es también periodista.

Su primera obra periodística se remonta a 1990, cuando publicó El sindicato clandestino de la Guardia Civil junto al periodista Juan Emilio Ballesteros, después de una larga investigación, y por el que fueron procesados y finalmente absueltos. Además, publicó varias obras de ficción y era autor de una amplia bibliografía académica, de la que cabe destacar Las columnas del periódico, La entrevista. Entre la información y la creatividad, Las entrevistas periodísticas de José María Carretero, El Titular. Manual de titulación periodística, Géneros periodísticos complementarios, El periodista en su soledad, La columna. Periodismo y literatura en un género plural y Periodismo de inmersión para desenmascarar la realidad, coautor de este último libro junto con la profesora María Ángeles Fernández Barrero.

Por otro lado, López Hidalgo era autor de las novelas breves La vida inventada de Máximo Español, Escrito en Brasil y El peligro y su memoria, que se abría con una cita de las Troyanas de Eurípides: “No es amante quien no ama para siempre”. Y un amor permanente, eterno, es el que el cordobés tributó siempre a la letra impresa, la de los periódicos y la de los libros.     

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