Museo de las Ilusiones: un espacio para desafiar los sentidos

El Museo de las Ilusiones abre sus puertas en Sevilla

Alejandro Luque


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Desde esta semana, Sevilla cuenta con un museo que no se parece a los museos convencionales. No al menos en lo que se refiere a la prohibición de hacer ruido o tomar fotos. Y tampoco al hecho de que lo que allí se contempla permanezca quieto. En el Museo de las Ilusiones, que acaba de abrir sus puertas en el número 28 de la calle San Eloy está permitido, según expresa indicación de sus responsables, gritar, reír y correr. Y por supuesto, hacer todas las instantáneas que uno quiera.

Al frente del mismo se encuentra Martina Curila, empresaria croata que llegó a Sevilla hace un par de años para estudiar, se enamoró de la ciudad y de su gente y decidió invertir en el sector en el que se había formado, el del Turismo. “Entonces descubrí que en mi ciudad, Zagreb, habían inventado un Museo de las Ilusiones que llevaba seis años extendiéndose como franquicia por todo el mundo, hasta abarcar 30 ciudades. Y pensé que en Sevilla también podía funcionar”, recuerda.

En efecto, el Museo de las Ilusiones pretende ofrecer un nuevo concepto del siglo XXI asistido por arquitectos y diseñadores gráficos especialistas encargados de crear ilusiones ópticas en el visitante, y que, afirman sus impulsores, ya está presente en ciudades como Nueva York, Orlando, París, El Cairo, Busán, Dubai, Kuala Lumpur, Nueva Delhi, Shanghai, Estambul o Toronto. En el caso de Sevilla todo estaba listo para lanzarlo antes de la pandemia, “pero llegó el confinamiento y hubimos de ponerlo todo en pausa”, dice Curila. “En todo caso, teníamos claro que no íbamos a rendirnos, de modo que cuando llegó noviembre dijimos: ‘Ahora o nunca’. Y aquí estamos”.

El ojo y el cerebro

A través de 70 exhibiciones distribuidas en unos 300 metros cuadrados, el visitante descubrirá hasta qué punto le engañan los sentidos cuando camina sobre una superficie plana pero cree estar girando en un cilindro; o se siente caminar por una sala infinita, donde parece que no hay límites físicos gracias a un ingenioso juego de espejos... “Y cabe imaginar qué sucede cuando la habitación se llena de flores, o de globos”, apuntan.

Lo mismo ocurre en la Habitación Amés, donde el tamaño de las personas parece cambiar según se desplazan por ella. O perder la noción de la ubicación en el Cuarto Inclinado, una habitación que parece haber girado 90 grados. En la Habitación Antigravedad, el cerebro y los ojos no se ponen de acuerdo sobre si estás parado en una superficie plana o inclinada, siendo testigo de cosas que son físicamente imposibles: pelotas que ruedan hacia arriba, agua que fluye en dirección ascendente...

También sorprende el Jarrón de Rubin, un conjunto de formas bidimensionales ambiguas o biestables desarrolladas alrededor del año 1915 por el psicólogo danés Edgar Rubin. La clave es dejarse impresionar por el misterio de los rostros escondidos y tratar de localizarlos a todos. Y el Salón de Juegos Inteligentes ofrecerá un verdadero campo de entrenamiento para el cerebro, además de suponer una desintoxicación digital al volver a las formas más básicas.

Transformar el espacio

“Los museos de arte y patrimonio que conocemos suelen atraer a un perfil bastante concreto. Nosotros queremos que el nuestro resulte muy accesible”, prosigue Martina Curila. “La base del Museo de las Ilusiones es conjugar educación y entretenimiento, pues todo está construido a partir de una base matemática y óptica dirigida a crear una ilusión cuando entras en el lugar. Lo interesante aquí es que el visitante no solo observa y fotografía, es él mismo el que transforma el espacio creando imágenes nuevas a cada visita”.

De hecho, los responsables del Museo confían en que la mejor publicidad sean las imágenes de los usuarios compartidas en sus redes sociales. “Es un lugar muy llamativo para quienes están inmersos en la cultura del selfie”, dice Curila. “Pero además está la oportunidad de crear imágenes muy interesantes y de estimular la creatividad del público. Aseguro que en muchas exhibiciones el visitante va a preguntarse, ¿dónde me pongo? Y eso es lo divertido”.   

Aplicación propia

El recorrido del Museo de las Ilusiones está compuesto por más de 70 demostraciones inmersivas de hologramas, salas rotativas, rompecabezas, puzles, nudos, ángulos imposibles y espejismos diseñados para engañar la mente y desafiar la gravedad garantizando momentos de ocio y entretenimiento con la familia o amigos. De esta forma, durante la visita, cuyo tiempo recomendado es de 45 minutos aproximadamente, los usuarios se divierten mientras contemplan elementos y objetos que el cerebro no puede llegar a entender.

Abierto de lunes a domingo de 10.00 a 22.00 horas, el Museo de las Ilusiones de Sevilla cuenta también con una aplicación propia que permite introducir en las fotos filtros propios, así como facilitar juegos didácticos que permiten que la diversión continúe incluso una vez completado el recorrido.  

Por otro lado, el museo también ofrece la posibilidad de organizar otro tipo de eventos y actividades grupales, desde fiestas de cumpleaños juveniles hasta prácticas empresariales de Team Building, un ejercicio dirigido a fomentar la cohesión entre empleados que mejora el ambiente de un equipo de trabajo. Con todo, la meta de sus impulsores a corto plazo es “que la gente pueda quitarse pronto la mascarilla y disfrutar sin miedo a tocar o a acercarse unos a otros”, concluye Curila. “Que pasen un buen rato y, por nuestra parte, ofrecer algo más de lo acostumbrado, sobre todo para los niños. Lo más importante ahora es llevarnos bien con nuestros vecinos y poner sonrisas en la cara de quienes nos visitan. Ése es el mayor premio”.

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