"Estamos más vigilados que en '1984'"

Susana Finquelievich

"Las ciudades son el espacio en el que las tecnologías se crean, se experimentan, se difunden y se re-transforman". Así se presenta i-Polis, el último libro de la investigadora y arquitecta argentina Susana Finquelievich, una mente brillante, que analiza la íntima relación entre la ciudad y la tecnología. ¿Nos estamos transformando en cyborgs? ¿Se apoderará de nosotros la inteligencia artificial cual Frankenstein? Y, quizás, la pregunta más importante: ¿para cuándo los coches voladores en nuestras ciudades?

 Finquelievich tiene algunas de estas respuestas, que todos nos hemos hecho alguna vez tras ver Blade Runner o Regreso al Futuro. Este viernes, a las 18 horas, dará una charla en el Museo Casa de la Ciencia (Avenida de María Luisa S/N).

¿Nos imaginábamos nuestra sociedad así hace 30 años?

Se han cumplido algunas expectativas y algunos temores, como el de estar vigilados por todos lados. Hay cámaras en todas partes y cada vez que hacemos algo en internet, vamos dejando rastro. Estamos más vigilados que en 1984 (novela de George Orwell), no hay mayor transparencia política y los ciudadanos no estamos empoderados. Las ciudades no han desaparecido, sino que han mejorado y se han reconectado, mientras la inteligencia artificial no se ha apoderado de nosotros como un nuevo Frankenstein. En cuanto a los logros, el conocimiento científico se ha multiplicado de manera exponencial y hay un cierto confort vital gracias a la tecnología.

¿Cree que las nuevas tecnologías nos van a permitir vivir de manera más dispersa, en vez de concentrados en grandes ciudades?

Las nuevas tecnologías ya lo permiten, pero la gente no lo está haciendo. Existía el mito de que la gente iba a poder vivir de manera dispersa. ¿Por qué, por ejemplo, se acumulan las empresas en los centros urbanos? Porque pueden tener reuniones más fácilmente, acceder a servicios con mayor facilidad y tener a tus socios, abogados o accionistas más cerca.

¿Veremos coches voladores en las urbes del siglo XXI?

ES muy difícil hacer futurología, porque tiendes a equivocarte, al pasar muchas cosas imprevistas. Probablemente veremos aviones que despeguen verticalmente y eso alterará el tráfico y provocará que los aeropuertos necesiten menos espacio y estén más integrados en las ciudades. Puede que no haya coches voladores, pero sí muchos más coches eléctricos y coches robot, capaces de interpretar las necesidades de la persona que transporta.

¿La ciudad del futuro se parecerá más a la de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) o a la de Her (Spike Jonze, 2014)?

En Blade Runner hay una ciudad distópica y decadente, porque ha habido un desastre, mientras que nuestras ciudades no están deteriorándose, sino regenerándose. Sin embargo, las urbes se van a parecer a la de Blade Runner en un sentido: cada vez hay más robots. El móvil, que nos permite despertarnos o hacer llamadas, es una especie de robot aunque no tenga un aspecto antropomorfo. Por otro lado, nosotros somos cada vez más cíborg, ya sea para mejorar nuestros cuerpos, como Oscar Pistorius, o para mejorar ciertas funciones, como la retina o piel electrónica. Nuestras mentes también son cíborg, porque cada vez dependemos más de internet.

¿Cambiará esto nuestras relaciones personales?

Con tecnologías o sin ellas, las relaciones personales son siempre las mismas. Da igual que mires en la Biblia, en las obras griegas o en los diarios actuales… las pasiones siempre coinciden: amor, celos, odio, admiración, camaradería, solidaridad... Lo que cambian no son las relaciones en sí, sino la forma de manejarlas. Nuestras relaciones a nivel político y social están cambiando. En Argentina hicimos una manifestación contra los feminicidos y se volvió masiva gracias a las redes sociales. Todo esto se va amplificar, con el cielo como límite. 

¿Un mundo más conectado es un mundo mejor, como le gusta decir a Mark Zuckerberg, creador de Facebook?

Un mundo más conectado es más interesante, pero no sé si mejor. Por ejemplo, a mí como investigadora, las redes que me proporcionan mucho información y un intercambio con colegas. La conectividad nos ha facilitado mucho la vida. Las migraciones nacionales o internacionales son moneda corriente y la conectividad ha facilitado mucho la comunicación entre miembros de una familia que no viven en el mismo lugar.

¿Cómo afectará esta conectividad extrema al mundo laboral?

Hay pros y contras. La conectividad acelera la vida laboral, sobre todo si eres teletrabajador, borrando los límites entre trabajo y vida personal. Influye también en la robotización. Hay una serie de actividades repetitivas o administrativas, en la que dependemos cada vez más de la inteligencia artificial. Sin embargo, las actividades que necesitan empatía, intuición o toma de decisiones no van a desaparecer, como ocurre con ejecutivos, camareros o personal de servicio. Ese capital humano no ha sido incorporado por ahora a los robots. Marx decía que la tecnología liberaría a la gente en su tiempo libre. A nivel tecnológico eso es perfectamente posible, pero tiene que cambiar la distribución del ingreso. Aumenta la productividad, pero no la redistribución de la riqueza.

¿De qué manera podemos abordar el problema de la brecha digital?

Al igual que la brecha de acceso a la salud o a la vivienda, la brecha digital forma parte de la brecha socioeconómica. De todas ellas es una de las más fáciles de resolver. Desde principios de esta década, en América Latina se han distribuido ordenadores entre los alumnos de primaria, de manera que educas a los niños y a sus familias. Actualmente, no me preocupa tanto la brecha digital, en cuanto a acceso a tecnología, como el de la apropiación, es decir, usar la tecnología para tu propio beneficio, el de tu familia y el de tu comunidad.

¿Romper la brecha digital es una forma de acabar con la pobreza?

Acabar con la brecha digital no acaba con la pobreza. La brecha digital es una manifestación de una brecha que ya existe a nivel económico y social. Si atacas solo por el lado digital, no vas a resolver la pobreza. Lo que es importante es que haya políticas públicas que redistribuyan la riqueza. La tecnología es una herramienta muy importante, pero no hay que endiosarla hasta el punto de creer que va a resolver el problema de la pobreza. No se le pueden pedir peras al olmo.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de cuarta revolución industrial?

Es la revolución del internet de las cosas, de los objetos que se comunican entre sí, de la economía colaborativa y de las nuevas formas de comunicarse. Las empresas tienen que adaptarse a otra forma de productividad. Por ejemplo, el carrete murió y Kodak no supo verlo y fue reemplazado por la tecnología digital. Con los coches pasará lo mismo: Ford sigue produciendo coches, mientras que Tesla produce software sobre ruedas. La informática, el software, los algoritmos cumplen cada vez un rol más importante. Hay empresas que comprenden esto y se ponen al día.

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Publicado el
13 de octubre de 2016 - 19:02 h

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