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Pedro Sánchez, con un Plan A, un Plan B y ahora un Plan C

El posible adelanto de las generales al 26 de mayo, para hacerlas coincidir con municipales, autonómicas y europeas, agita aún más las revueltas aguas políticas 

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Sánchez viaja este lunes a Rabat para entrevistarse con el primer ministro marroquí

Pedro Sánchez

¿Globo sonda para pulsar reacciones? ¿Maniobra para quitarse la presión de la oposición? ¿Aviso a los socios parlamentarios, sobre todo los independentistas?

Una declaraciones este lunes del número 3 del PSOE, José Luis Ábalos, aventurando que "no es descartable" que las elecciones generales se convoquen para el próximo 26 de mayo y se junten a las locales, autonómicas y europeas ya previstas, han agitado las ya revueltas aguas políticas. Otras declaraciones, poco rato después, del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recordando que la facultad de convocar a las urnas es suya y solo suya y que la fecha de mayo es solo una más de las posibles, han añadido aún mayor agitación y confusión al panorama. Hasta el punto de que Podemos, principal socio parlamentario del Gobierno, ha convocado de urgencia para este viernes a su consejo ciudadano, el máximo órgano del partido entre asambleas. 

Desde hace varias semanas, desde el entorno del presidente se filtran varias hipótesis de escenario político y a la vez las contrarias, o al menos algunas divergentes. Una de las más divulgadas desde hace unos diez días decía que Sánchez está pasando ya a su Plan B: renunciaría a lograr más apoyos para los Presupuestos que los que ya tiene de Pablo Iglesias y de Unidos Podemos, prorrogaría los que heredó de Mariano Rajoy, matizaría y corregiría estos a golpe de decreto ley durante todo el primer semestre del próximo año con medidas sociales y políticas de general consenso en el centro izquierda y la izquierda -nuevo Salario Mínimo Interprofesional el 1 de enero, exhumación de Franco un mes después, desactivación de las leyes de educación y de reforma laboral del PP, plan de empleo para jóvenes, etc.- y se presentaría con todo ese bagaje ante los electores en otoño de 2019 o a primeros de 2020. 

Al mismo tiempo, otros monclovitas aventuran todavía hoy que Sánchez aún trabaja por su Plan A: sacar adelante en el Congreso de los Diputados sus propios Presupuestos. De modo que en breve plazo el PNV anunciaría su apoyo a ese proyecto de cuentas públicas, tras llevarse algo más de lo que ya le dio Rajoy, y que, por un efecto dominó similar al de los días previos a la moción de censura, serían después ERC quien diera su visto bueno y PDeCAT su abstención, estos últimos también con contrapartidas que en ningún caso serían un guiño a los políticos presos. 

Quienes le dan verosimilitud a esta última hipótesis recuerdan que las comisiones entre el Gobierno central y el Govern catalán siguen avanzando, que el Consejo de Ministros se reunirá en Barcelona el próximo 21 de diciembre y que por esas fechas es muy probable que se celebre en la Ciudad Condal una nueva reunión entre Sánchez y el president catalán, Quim Torra, la segunda en pocos meses tras la de julio pasado en La Moncloa. Con las declaraciones de Ábalos de este lunes, ¿se le estaría diciendo al independentismo catalán que más le vale algún pájaro en mano este invierno que ciento echando a volar en primavera, sin saber muy bien quién acabe anidando en La Moncloa, si Sánchez más fuerte que ahora o si Casado y Rivera de presidente y vicepresidente, y en qué orden?

Aunque verbalizada hoy en público por Ábalos, secretario de Organización del PSOE y ministro de Fomento, la hipótesis de convertir el 26 de mayo en un superdomingo electoral no es nueva. Se lleva estudiando desde hace tiempo. Hay entre los que rodean a Sánchez quienes creen que este Plan C está lleno de ventajas, pues tiene algunas del A y del B, y no depende de ningún otro actor político externo.

Consideran que sería una buena ocasión para reforzar el poder socialista... y para aspirar incluso a un sillón que hace pocas semanas se veía inalcanzable para el PSOE: la Alcaldía de Madrid. Si Sánchez convocara las generales para el 26 de mayo, tendría las manos libres para, además de mandar a Josep Borrell a las europeas, presentar como cabeza de lista a las municipales en la capital a algún nombre relevante y muy conocido de su Gobierno que fuera capaz de competir con Manuela Carmena, debilitada en los últimos días por las maniobras de Podemos contra alguno de los miembros de su equipo. Algún nombre tan relevante como... la vicepresidenta Carmen Calvo, que como se contó aquí era ya una de las cabezas de cartel para la Alcaldía que se barajaban en la alta dirección del PSOE meses antes de la moción de censura.

¿Globo sonda para pulsar reacciones? ¿Maniobra para quitarse la presión de la oposición? ¿Aviso a los socios parlamentarios, sobre todo los independentistas? Las decisiones sobre el calendario político probablemente se van a tomar en La Moncloa poco a poco, sin precipitación. Pegándose a las curvas, a la actualidad cambiante. Apurando hasta marzo, midiendo bien cada paso propio o cada hito.

El próximo que influirá en las decisiones será el resultado de las elecciones andaluzas del próximo 2 de diciembre. No sólo por cómo afecten a la gobernabilidad andaluza, a con quién gobierne Susana Díaz si como dicen todas las encuestas gana y solo ella puede formar Gobierno, sino también a quién resulte ganador en el primer asalto por la hegemonía de la derecha, el PP o Ciudadanos, y con qué diferencia sobre su rival. 

Pablo Casado puede salir de las urnas andaluzas reforzado o muy tocado. Si en Andalucía los de Albert Rivera tienen más votos o más escaños que los de Casado, la segunda vuelta del partido de la derecha, el 26 de mayo, puede ser dramática para el nuevo presidente del PP. Si además de locales, autonómicas y europeas, en esa fecha hay urnas generales, Casado se jugaría su supervivencia política en un solo día. Y en La Moncloa lo saben.

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