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La radio es la escuela

La radio ha sido y es fundamental para la educación en comunidades rurales, especialmente para los adultos

En los municipios bolivianos de Potosí y Chuquisaca, ha acercado la educación a quienes históricamente se les ha negado: campesinos e indígenas

Un programa de radio ha conseguido alfabetizar a un 70% de la población del municipio potosí de Betanzos (Bolivia)

Participantes del proyecto de eduación a distancia de Betanzos, Bolivia.

Participantes del proyecto de eduación a distancia de Betanzos, Bolivia. (ACLO)

Desde la década de los 30, la educación por radio se ha revelado como un instrumento eficaz en la alfabetización y formación de personas de escasos recursos, habitantes de comunidades aisladas, adultas… y es una metodología aún vigente en muchísimos países, como es el caso de la UNED o de ECCA en el nuestro o de la Fundación ACLO en Bolivia. Con esta última, hemos llevado a cabo una experiencia de educación a distancia por radio en municipios rurales de los departamentos de Potosí y Chuquisaca entre el 2004 y 2012, que ha permitido acercar la educación a poblaciones bolivianas como Betanzos.

En este municipio, la educación por radio ha sido uno de los varios proyectos educativos inmersos en el programa de desarrollo integral que a lo largo de 13 años ha tenido el objetivo de mejorar las condiciones de vida (educación, salud, economía familiar) de más de 13.000 personas. Al iniciar el proyecto en 1998, había baja cobertura educativa, gran absentismo y deserción escolar, así como altos índices de analfabetismo en adultos, con cifras del 38% en hombres y del 73% en mujeres. En la actualidad, el 100% de los niños y las niñas de primaria y más del 50% de adolescentes de secundaria asisten a la escuela, y el 100% de la población de Betanzos tiene acceso a una educación alternativa, adecuada para el entorno rural en el que viven, a través de medidas como la construcción de un colegio, dos centros de recursos pedagógicos o cuatro telecentros y, por supuesto, las ondas radiofónicas. Más de 500 personas, de las cuales al menos el 50% son mujeres, han reducido el analfabetismo a partir del programa de educación básica por radio que, destinado a jóvenes y adultos mayores, se ha prolongado durante varios años. Iniciado en 2004, siete años más tarde, el 70% de la población del municipio había sido alfabetizada.

Derecho a la educación, por radio

Las Escuelas Radiofónicas de Bolivia surgieron en 1967 a partir de un exitoso modelo educativo llevado a cabo en Colombia por Radio Sutatenza, pionero en Latinoamérica. Con el fin de alfabetizar, en el país andino surgieron las emisoras FIDES de la Paz, Radio Pío XII de Siglo XX, Radio San Rafael de Cochabamba, Radio San Gabriel de La Paz, Radio Loyola de Sucre y Radio Bolivia de Oruro. Todas comprometidas con la población más pobre, todas con la misma misión: enseñar a leer y escribir a los campesinos.

Compartían la creencia de que, a través de la educación, se mejoraría la calidad de vida de personas que habían sido olvidadas por el sistema educativo tradicional: la alfabetización, estrechamente ligada a la liberación de los pueblos. Nada más lejos de la realidad a la que se enfrentan la mayor parte de organizaciones de cooperación que trabajan en los países más desfavorecidos, corroborada por mujeres participantes en el curso de Potosí: “Este programa fue una oportunidad para no quedarnos atrás, la sociedad nos ha marginado diciendo que no sabemos, que nuestra opinión no vale. Sólo leyendo y escribiendo podemos realizar sugerencias críticas y aportar desde nuestro pensar y sentir para vivir mejor…".

Participantes del proyecto de eduación a distancia de Betanzos, Bolivia. (ACLOS)

Participantes del proyecto de eduación a distancia de Betanzos, Bolivia. (ACLOS)

La Fundación ACLO, que lleva años defendiendo el derecho a la educación a través de las ondas, ha sido la precursora a la hora de implantar sistemas de educación a distancia por radio en el sur de Bolivia. Tras el éxito de Betanzos, la experiencia radiofónica se trasladó a los municipios rurales de Caiza “D” (Potosí), Tabaruco, Presto y Sopachuy (Chuquisaca), zonas rurales con elevados niveles de pobreza y exclusión social donde el derecho y acceso a la educación estaba siendo claramente vulnerado y donde el cultivo de cereales, tubérculos, hortalizas y frutales permitía el sustento de las familias pero no constituía una fuente de ingresos, provocando altos porcentajes de migración.

Para muchos, la educación por radio ha sido un verdadero trampolín para acceder al mundo laboral, “Gracias a que he estudiado y me he interesado en aprender por mi cuenta he podido conseguir trabajo, por eso para mí es muy importante seguir estudiando”, cuenta Gaspar, de Chuquisaca. Otros, como Damiana, han mejorado su producción Me ha servido mucho estar en el programa porque ahora puedo calcular cuánto gasto en hacer mi pan y cuánto voy a ganar”. Y la inmensa mayoría, ha combinado su quehacer diario con la enseñanza, como relata una estudiante de Potosí: “Lo más importante es que podemos estudiar sin tener que dejar nuestros trabajos, solamente escuchando la radio. Las cosas que aprendemos nos sirven cuando tenemos que salir a la ciudad y dentro de nuestra comunidad”.

Aprender escuchando

Los estudiantes de estos municipios han sido personas mayores de 15 años, todos procedentes de familias con escasos recursos económicos, que se vieron obligados a abandonar la escuela para subsistir, debido a la discriminación por género o por la escasa infraestructura educativa en sus comunidades. A la hora de enfocar el curso educativo se tuvieron en cuenta los usos, hábitos y costumbres, la cultura o el lenguaje de esta población principalmente campesina e indígena, de tal manera que se decidió ofrecer los programas de radio en quechua, complementados con material didáctico en español.  Porque tan importante como proporcionar acceso a la educación es hacer la educación accesible.

Los resultados de la radio, como medio de comunicación y enseñanza masivo, en la educación de actores históricamente invisibilizados –campesinos e indígenas fundamentalmente– han sido indiscutibles. En palabras de Cecilia Lazarte, experta en Derecho a la Educación y responsable de CLADE  de Ayuda en Acción Bolivia, “Don Néstor, de 67 años, terminó su educación básica no por mejorar la comercialización de sus productos, sino porque tenía un tema pendiente: ejercer su derecho a la educación. Lo mismo en el caso de las mujeres, muchas de ellas son ahora concejalas y han ido más allá de aprender a leer y escribir lo esencial; han querido ser útiles para transformar la realidad de sus comunidades y de su región”. Cecilia nos cuenta también que los hombres y mujeres participantes en el programa de educación básica por radio quieren ser llamados estudiantes, sentirse promotores y constructores del proceso, y que son ellos mismos los que exigen que el programa se amplíe a otras zonas. En muchos casos, han sido sus propios hijos quienes han apoyado la alfabetización de sus progenitores y los que les han ayudado en casa para que superen los desafíos que supone aprender siendo adulto.

Insiste en que los derechos que no se conocen, no se ejercen. “El derecho a la educación es un derecho humano, indivisible y asociado al ejercicio de otros derechos económicos, sociales y culturales que hacen posible un mundo distinto”. Y recupera una frase de Paulina, niña de apenas once años, para hacer hincapié en la importancia de la educación o de la capacidad de decisión en la lucha contra la desigualdad: “Seré una estrella, seré una luna, pero yo decidiré qué seré”.

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