Sobre este blog

El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano y Concha López.

La verdad está en el cubo

Un ciudadano fotografía a los activistas del 'cubo de la verdad' en Barcelona

Alba está totalmente inmóvil, es su primer 'cubo de la verdad'. Lleva una máscara de Guy Fawkes y sujeta una pantalla en la que se reproducen vídeos de situaciones cotidianas de explotación animal. Son imágenes duras, desagradables, de esas que se repiten cada día en cualquier granja o matadero de nuestro país y que la industria trata de ocultar a cualquier precio. La acompañan otros 51 activistas dentro del cubo y 100 más fuera de él. Entre ellos están su marido, Miguel, y sus dos hijos, María y Albert, de 17 y 14 años.

Alba se hizo vegana por influencia de su hija María. "La de nuestra familia fue una historia de amor y respeto. Primero de respeto hacia mi hija y después de respeto a los animales, al medio ambiente, a nuestro planeta".

María empezó a ver vídeos y a descubrir la realidad de la explotación animal y comunicó a su familia que no quería seguir participando de tanto horror. Al principio, preocupada, su madre trató de obligarla, pero pronto reconoció que ese no era el camino. "María lloraba cuando le ponía carne en la mesa y yo no quería verla sufrir. En esta familia siempre hemos tenido animales en casa y sentimos mucho respeto por ellos. Así que nos informamos, buscamos una buena nutricionista vegana y no pasó mucho tiempo hasta que todos hicimos la conexión", nos cuenta Alba durante un descanso de su estancia en el cubo.

Anonymous for the Voiceless

La organización de activistas Anonymous for the Voiceless (Anónimos por los que no tienen voz) nació en abril de 2016 en Melbourne (Australia), inspirada en acciones callejeras realizadas en Reino Unido. La aproximación a las personas es informativa y pacífica, entablándose conversación únicamente con aquellas que muestren interés en las imágenes expuestas.

En España, decenas de localidades como Madrid, Barcelona, Sevilla, Córdoba, Granada, Almería, Murcia, Oviedo, A Coruña, Pontevedra, Vigo, Bilbao, Pamplona o Ibiza ya tienen su cubo, que realiza eventos semanales en zonas céntricas de la ciudad. La organización, a pesar de tener unos procedimientos comunes, funciona de forma totalmente descentralizada y cada equipo se coordina de manera independiente a través de las redes sociales.

Como decía, los actos transcurren de forma totalmente pacífica. Los activistas se dividen en dos grupos, los de dentro y los de fuera del cubo (que es en realidad un cuadrado, aunque en sus orígenes era un espacio cerrado con forma de cubo, y de ahí el nombre).

Los primeros, siempre en número par para formar las cuatro caras del cuadrilátero, permanecen inmóviles y en completo silencio, sujetando las pantallas en las que se proyecta la parte importante de la acción: la miserable vida de miles de millones de animales que son explotados de forma despiadada para ser usados como comida, vestimenta, objeto de experimentación o entretenimiento. Todos van vestidos de negro y llevan la cara cubierta con la icónica máscara de V de Vendetta, convirtiéndose en una especie de escultura viva, que atrae la atención de los presentes.

Los viandantes que pasean por la zona pueden elegir si acercarse o no. Un roll up informativo les indica de qué se trata la acción y quién la organiza. Solo aquellos que muestran interés y curiosidad, que se paran a ver los vídeos y que dan señales de querer saber más, son abordados por los activistas que permanecen fuera del cuadrado.

"La mayoría de las personas reaccionan bien. Te hacen preguntas, te cuentan sus dificultades y sus objeciones. Solo hablamos con aquellas que están interesados y pocas veces nos encontramos con reacciones negativas", explica Miguel, que lleva participando un año y medio en el cubo de Barcelona.

Una verdad tan insoportable como evitable

Clara y David, los organizadores del cubo de Ibiza, no quisieron perderse la celebración del segundo aniversario de Barcelona, que reunió a más de 150 activistas venidas de muchos puntos del país y estableció conversaciones informativas con casi 350 personas interesadas en saber más.

Marta y Dani son pareja, ella cumplirá pronto los 18 y él tiene 19 años. Cuando empezaron a informarse sobre lo que ocurría con la industria de la explotación animal decidieron dejar de formar parte de esa rueda. Los padres de Dani reaccionaron relativamente bien; no así la madre de Marta, que se negó a comprarle la comida si la joven insistía en ser vegana. "Ahora vivimos juntos en casa de Dani y estamos bien, aunque hay actitudes que duelen. Venimos a participar en el cubo porque aprendemos mucho y porque la gente tiene que saber lo que está ocurriendo", cuenta la pareja.

Lo que está ocurriendo es que más de 56 mil millones de animales mueren cada año, después de vivir vidas miserables, para consumo humano. Esa cifra no incluye a los animales que mueren en laboratorios, perreras, circos, rodeos, zoos, festejos taurinos, peleas de gallos, de perros o de osos, carreras de caballos o de galgos. La buena noticia es que parar ese horror está en nuestras manos.

El desafío 22 días

En los próximos meses cumplo siete años de vegana y solo me arrepiento de una cosa: no haber empezado antes. Cada vez existen más recursos para dejar la disonancia cognitiva atrás y conseguir vivir de forma coherente con nuestras convicciones. Un ejemplo de ello es la plataforma Desafío 22 días, disponible en castellano, que ofrece un programa interactivo de acompañamiento con información nutricional que incluye respuestas a las preguntas más habituales, deliciosas recetas y apoyo de profesionales en el gratificante camino hacia una vida más ética, más saludable y más sostenible.

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El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano y Concha López.

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Publicado el
9 de agosto de 2019 - 20:45 h

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