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ENTREVISTA Carlos Hipólito, actor

"La jubilación en los actores suele retrasarse por la cuestión vocacional, pero también porque las pensiones son patéticas"

Carlos Hipólito.

Carlos Hipólito (Madrid, 1956), nunca pensó que una obra de teatro podría llevarle a actuar junto a su mujer, la actriz Mapi Sagaseta, en el papel de hermanos, pero 'Rita' ha conseguido eso y mucho más, como hacerle plantearse la importancia de tener un testamento vital. No obstante, esta función que trata la muerte desde una perspectiva cómica y reflexiva, habla de algunos temas polémicos como la eutanasia, pero con la dificultad añadida de no posicionarse a favor o en contra "en ningún momento". Pero Hipólito confiesa que, si hay algo que le ha fascinado de esta obra es que, al contrario de lo que puede parecer "habla más de la vida que de la muerte": "A través del humor se puede probablemente profundizar mucho más en temas que son aparentemente peliagudos porque, con él, es más fácil digerir determinados mensajes". Con frases como estas, el intérprete ha hablado con elDiario.es a unos días de visitar el Palacio de Festivales, en Santander, para presentar su nueva función, todo un ejemplo de lo que le gustaría hacer después de cumplir 43 años sobre los escenarios: "Si me tocan obras tan interesantes como 'Rita' me será muy fácil seguir actuando, es un regalo que un oficio te pueda regalar cosas tan bonitas".

En 'Rita' se trata la muerte desde dos perspectivas pero con un paralelismo, el de alargar la vida o no hacerlo cuando ya hay poco que hacer… ¿Cómo se trata una cuestión así para que nadie se sienta ofendido?

La autora, Marta Buchaca, ha tenido una mano finísima a la hora de escribir el texto. Primero, porque ha abordado un tema como este, tan complicado y tan duro, desde el punto de vista del humor, lo cual no es fácil, pero lo ha conseguido. Y por otro lado, ha escrito un texto que lo que hace es plantear una serie de preguntas para que el público reflexione sobre el tema, pero no da ninguna solución, es decir, la obra es enormemente respetuosa con todo el tipo de creencias, como el tema de la eutanasia.

En realidad, 'Rita' es la historia de dos hermanos, de una familia, de lo difícil que es decir adiós a los seres que queremos cuando están a punto de marcharse, y es una obra divertida y emocionante a partes iguales. Así que si alguien tiene la creencia de que la eutanasia es un horror, no se va a sentir ofendido por la obra, porque no es una obra de tesis. Y si alguien está a favor de la eutanasia tampoco va a sentir que se va contra él porque solo es una representación que plantea una situación sobre la que los espectadores pueden pensar qué es mejor.

¿Considera que en muchos asuntos como este se está perdiendo el matiz?

Por supuesto, lo creo firmemente. Está todo tan polarizado que ya parece que no existen posturas intermedias, ni la posibilidad de escuchar al otro. Estamos llegando a un momento en el que parece que escuchar al que piensa diferente supone una rendición por nuestra parte, y me parece absurdo. Hay mil matices, las cosas no son blancas o negras, sino que son grises y, aunque uno tenga unas creencias muy firmes en una determinada dirección, siempre hay que escuchar al otro e intentar entender sus razones porque siempre nos podrá enriquecer, a pesar de que sea para reafirmarnos en nuestros propios pareceres. Siempre se intenta calificar todo como 'esto es de esta tendencia, o es de la otra'. Y hay cuestiones que simplemente intentan plantear reflexiones al espectador, y ya está. Ese es el caso de 'Rita', que no es un teatro militante en ningún sentido, es una obra que trata de conmover y entretener al público. Nada más. Seguro que hay gente que cree que es una obra que no se puede ver por ir en contra de lo que piensa, pero no. Es un error.

La ideología no es solamente enquistarme dentro de un castillo y defender mis ideas en contra de todo lo demás

¿La cultura debería quedar exenta de ideologías?

Todo está cargado de ideología, todo lo que hacemos, lo que decimos, y cómo nos comportamos, siempre está cargado de ideología porque uno tiene sus creencias. Lo que considero es que no hay que tener miedo a expresar lo que uno piensa, pero tampoco hay que tener miedo a escuchar lo que piensan diferente a nosotros. No se trata de que haya que estar definiéndose permanentemente, pero, inevitablemente, si eres más tolerante con los demás, ya estás haciendo ideología, porque eso también lo es. La ideología no es solamente enquistarme dentro de un castillo y defender mis ideas en contra de todo lo demás, y todo el que no piense como yo es un enemigo, al menos para mí no es eso. Yo creo en el humanismo, en que podemos comunicarnos, entendernos, dialogar… Así que la ideología va siempre con nosotros.

Cada vez somos más esclavos de este enfrentamiento permanente que parece que a mucha gente le gusta fomentar

¿Somos menos libres que hace unos años?

Pues en parte sí, porque está tan exaltado todo el mundo, que a veces puede producir cierto miedo que algo que se hace o se dice, de repente desencadene unas reacciones muy agresivas. En mi caso, hace tiempo decidí no estar en redes sociales, y eso no es por mi edad porque me manejo divinamente con el ordenador y soy bastante manitas (risas). Pero decidí que no quería estar ahí, porque yo con la gente con la que me quiero comunicar, me puedo comunicar y prefiero tener un círculo más reducido. Tampoco necesito saber cuántos seguidores tengo porque eso lo voy viendo cada día cuando voy al teatro y veo la gente que ha comprado entradas para venir a verme.

Por lo que, consecuentemente, tampoco es algo que me preocupe mucho como si sí que estuviese en las redes. La realidad es que ahí notaría la reacción a cada cosa que hago o digo. Creo que cada vez somos más esclavos de este enfrentamiento permanente que parece que a mucha gente le gusta fomentar, y me da mucha tristeza todo esto porque tengo muchos amigos que piensan de una manera muy diferente a mí, y me puedo comportar con ellos de una manera sincera, sin tener que estar midiendo permanentemente mis palabras para no herir sensibilidades. Y supongo que por eso precisamente son mis amigos. Estamos llegando a un punto en el que solo leemos la prensa que dice lo mismo que nosotros pensamos, así como solo escuchamos la emisora que nos dice lo que queremos escuchar para ratificar nuestras ideas. Y el intercambio de opiniones, el intentar ponerse en el lugar del otro siempre es bueno y enriquecedor.

¿Interpretar a Toni le ha hecho cambiar de opinión sobre la muerte?

Pues… Quizá la obra sí nos ha hecho reflexionar más a Mapi y a mí sobre este tema. A mí, por ejemplo, me ha hecho plantearme más seriamente la necesidad que existe de dejar hecho un testamento vital porque cuando una persona está en una situación muy complicada porque ha tenido un accidente o porque está atacada por una enfermedad terminal, es muy duro para sus familiares tener que tomar decisiones sobre lo que tiene que pasar. Sin embargo, si esa persona hubiese dejado hecho un testamento vital, eso liberaría mucho de responsabilidades a los que se quedan, a los que están bien y tienen que tomar decisiones en un momento determinado. Sobre eso sí que me ha hecho pensar, y especialmente, lo que me ha fascinado a mí de esta obra es que habla más de la vida que de la muerte... Y es una comedia contada a través de dos hermanos bastante singulares psicológicamente, de hecho son un poco neuróticos (risas), pero lo bonito es que vamos viendo el viaje interior de estos personajes.

Sobre lo que comentaba de la comedia, la verdad es que una no se espera que pueda haber humor en una obra de teatro que reflexiona sobre la muerte. ¿Considera que deberíamos quitarle peso a este tema?

Yo creo que sí, todos sabemos que en situaciones absolutamente dramáticas se pueden producir grandes carcajadas y grandes momentos cómicos, y que a veces uno puede sentir pudor por vivirlos, pero no nos queda otra que vivirlos. Además, la inteligencia de la autora es que a través del humor se puede probablemente, profundizar mucho más en temas que son aparentemente peliagudos porque, con él, es más fácil digerir determinados mensajes y situaciones que a través del drama. El humor nos coloca siempre en un lugar que tiene un punto de ironía y de distancia con lo que estamos tratando, y eso es la habilidad de Marta Buchaca y de nuestro director Lautaro Perotti que es extraordinario. Él tiene un concepto del teatro que a mí me gusta mucho, que es el de intentar que el espectador olvide que está en un patio de butacas y sienta casi como que está corriendo la cortina de su ventana y está viendo lo que les pasa a los vecinos de al lado. Vamos, que intentar huir de lo teatral y artificioso e intentar atrapar cachitos de vida en el escenario, y eso es lo que nosotros intentamos hacer con 'Rita'.

Se tiende a pensar muchas veces que nosotros (la cultura) somos una parte de la sociedad bastante prescindible, y es un error

Los teatros, y la cultura en general, han sufrido mucho en el último año. ¿Es de los que piensa que este tiempo en blanco servirá para que le demos más importancia?

Sin duda. Mucha gente se ha dado cuenta de la importancia que tiene la cultura porque, incluso los que en algún momento han dicho que los titiriteros éramos mucho menos importantes y mucho más prescindibles que cualquier otro oficio, seguro que en la época del confinamiento han visto alguna película, han leído algún libro o han escuchado alguna canción... Todo eso es cultura, y eso probablemente es lo que les ha ayudado a sobrevivir a ese confinamiento. Así que estoy seguro de que hay personas que han valorado que haya habido otros que hayan hecho cosas para ayudarles a pensar y evadirse de esa realidad. Pero por otro lado, políticamente no se ha apoyado a la cultura de una manera potente. Sé que todos los sectores del tejido social se han visto dañados por esta crisis, es evidente porque ha afectado muchísimo materialmente y personalmente a todos los estratos de la sociedad. Pero en el ámbito de la cultura y el espectáculo hay que añadirle que nuestro tejido es muy frágil, y ha habido muchísimas pequeñas y medianas empresas que no han sido apoyadas como las de otros ámbitos, y muchas de ellas han tenido que cerrar y probablemente no puedan volver a abrir nunca. Esto ha significado la ruina para muchísimas familias. Y la gente tiende a pensar que en el teatro y el cine solo existen los actores y los directores, pero es que hay montones de empresas que hacen material de iluminación, vestuarios… Mil cosas que van añadidas a esto y que han sufrido un batacazo tremendo. Considero que desde el Ministerio de Cultura se podría haber apoyado mucho más… Pero creo que el ministro está tomando nota, y cada vez se está dando más cuenta de que hay que apoyar de una manera más directa. Pero siempre es poco. Se tiende a pensar muchas veces que nosotros somos una parte bastante prescindible de la sociedad, y es un error.

¿Cómo está viviendo que las restricciones en los teatros sean tan severas? Algunos compañeros las han calificado incluso de excesivas...

Lo que me pregunto es: ¿cuántos espacios hay que, como en el teatro, mantengan a la gente mirando en la misma dirección todo el tiempo, con la mascarilla puesta todo el tiempo y sin hablar en ningún momento? Es que no lo hay. Los teatros han sido uno de los lugares más seguros a los que hemos podido asistir durante esta pandemia, pero el público se está dando cuenta y afortunadamente las salas están cada vez más llenas a pesar de las reducciones de aforo, que están afectando mucho, lógicamente, a la rentabilidad de los espectáculos y consecuentemente a la supervivencia de muchas empresas.

No es lo mismo haber trabajado 42 años en una empresa donde has estado cotizando 12 meses al año, que llevar 42 años haciendo teatro, cine o televisión, porque eso significa que ha habido meses en los que no has estado trabajando

También he leído por ahí que lleva 43 años sobre los escenarios, ya que debutó, nada más y nada menos, en 1978. En cualquier otra profesión muchas personas estarían pensando ya en la jubilación, pero, sin embargo, de los actores nadie espera que se retiren pronto...

Creo que es por varias razones... Está el factor vocacional, que hace que en la medida en la que uno sigue teniendo condiciones para poder trabajar como mantener buena memoria y en un buen estado de salud física, siempre hay personajes mayores para hacer. Uno pasa de hacer de hijo, a hacer de padre y luego ya de abuelo, que a mí me quedan dos telediarios ya para hacer de abuelo (risas). Y el tema es que los actores nos sentimos más vivos cuando estamos trabajando porque amamos mucho nuestro trabajo.

Pero es que, a eso hay que añadirle que las jubilaciones de los actores son patéticas. Te tiras toda la vida trabajando y cotizando, pero nuestro trabajo es muy intermitente y, no es lo mismo haber trabajado 42 años en una empresa donde has estado cotizando 12 meses al año, que llevar 42 años haciendo teatro, cine o televisión porque eso significa que ha habido meses en los que no has estado trabajando. Así que, generalmente, lo que nos queda a los actores de jubilación es muy poco dinero, así que muchos compañeros lo que hacen es retirarse cuando llega la edad, y optar por la jubilación intermitente, que te permite renunciar a tu prestación de vez en cuando para poder realizar algún trabajo.

Aún así, pienso que es más por una cuestión emocional y por un deseo de seguir palpitando delante de una cámara o encima de un escenario. Siempre recuerdo lo que me decía Asunción Balaguer, que se nos fue hace poquito y que era una actriz maravillosa con la que trabajé, por suerte, en un musical precioso. Ella ahí tenía 86 años, y hacíamos clases de claqué, de canto… Eran muchas horas de ensayo cada día y yo solía decirle si no estaba cansada después de tantas horas de trabajo. Su respuesta siempre era la misma: "En casa soy una viejita, pero sobre las tablas me siento viva". Esto te da la medida de hasta qué punto nuestro trabajo nos llena de vida... Por lo que, mientras tenga memoria y no me vaya arrastrando (risas), voy a seguir ahí.

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