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La nueva estrategia para atender a las personas sin hogar en Cantabria: pisos tutelados y acompañamiento social

Una persona sin hogar duerme en la calle.

Housing first y housing led. Se trata de dos iniciativas para aportar soluciones habitacionales basadas en la vivienda que se emplean en algunos territorios de España desde 2014 y que Cantabria está empezando a implementar entre los diversos servicios y programas que desarrolla para atender a las personas sin hogar.

“El sinhogarismo es un fenómeno complejo y multicausal, que está presente en todas las sociedades, con independencia de su grado de desarrollo”. Así arranca el documento elaborado por el Gobierno autonómico para abordar esta problemática social, que afecta, según se estima en el informe, a una horquilla de entre 250 y 350 personas en la comunidad.

Hasta el momento, la aplicación de los dos modelos citados anteriormente es aún “incipiente”, según recoge el informe 'Estrategia de Inclusión para las Personas Sin Hogar en Cantabria' consultado por elDiario.es. Se trata de “proyectos piloto” que, además, en algunos casos “no siguen fielmente la metodología propia de estas intervenciones”.

Housing first ofrece una vivienda con carácter permanente a personas sin hogar y también presta un apoyo complementario, sobre todo en materia de salud y servicios sociales. Housing led presta un alojamiento temporal a personas en situación de vulnerabilidad que necesitan un apoyo puntual para recuperar su vida autónoma, que puede ser en viviendas compartidas o de uso individual.

Las primeras iniciativas se presentaron en la convocatoria de subvenciones del Instituto Cántabro de Servicios Sociales (ICASS) aprobada en 2020. Las entidades Nueva Vida y Cocina Económica presentaron proyectos relacionados con este modelo de atención -housing first-, que se están desarrollando a lo largo de este año.

En el primer caso, se trata de un proyecto piloto que propone ofrecer alojamiento durante nueve meses en dos pisos alquilados por la entidad a alrededor de 24 personas beneficiarias. El proyecto contempla además otras acciones de acompañamiento, asistencia, sensibilización e información.

Por su parte, la iniciativa de Cocina Económica es también un proyecto piloto en el que se busca aplicar la metodología housing first, partiendo de una vivienda de la que disponen y captando además otros cuatro pisos, para trabajar con cinco personas beneficiarias (al menos una de ellas, mujer), incluyendo también servicios de acompañamiento, orientación, integración y participación social.

Aparte de ello, la entidad prepara otro proyecto en el que ofrece alojamiento a una pareja sin hogar en una casa cural de un entorno rural, con el objetivo de tratar los problemas que tienen de consumo de sustancias. La Cocina Económica, según detalla el documento, estudia también incorporar otras casas curales a este proyecto, aunque por el momento prioriza encontrar personal cualificado para ofrecer acompañamiento y asistencia a las personas beneficiarias, servicios que consideran “imprescindibles” junto al del alojamiento.

Asimismo, en 2020, con la irrupción de la pandemia y el confinamiento domiciliario, los recursos fueron insuficientes y se necesitó aplicar soluciones de emergencia. De este modo, el albergue juvenil de Solórzano se convirtió en alojamiento para personas sin hogar, gestionado por Nueva Vida. Dicha entidad también gestionó la acogida de personas sin hogar en el Monasterio de El Soto (Iruz). En Torrelavega, además, un programa de atención a personas sin hogar gestionado por Cruz Roja contaba con seis plazas que se ampliaron hasta 18 a final de año.

Estas últimas son soluciones temporales en respuesta a una situación de emergencia concreta, mientras que los modelos citados anteriormente no pueden responder a todas las situaciones de sinhogarismo por sí solos, por lo que requieren de convivir con otros complementarios. Sin embargo, el documento reconoce que “no puede decirse que exista en este momento en Cantabria una política única y coherente dirigida tanto a la prevención y erradicación del sinhogarismo, como a la inclusión social de las personas sin hogar”.

“Si bien es cierto que existen recursos y programas, de las reuniones celebradas por el Grupo Motor de la Estrategia se desprende que estos no están debidamente coordinados y funcionan de forma desarticulada. Además, el sistema depende en buena medida de la actuación de las entidades del Tercer Sector y de los servicios que éstas puedan y estén dispuestas a ofrecer. Las Administraciones Públicas colaboran con las entidades sociales, ponen a su disposición recursos y les encomiendan la provisión de servicios de atención”, explica el texto.

Acompañamiento

Además de financiar los servicios de alojamiento alternativo para personas en situación de emergencia social, el Gobierno financia programas y actuaciones de las entidades del Tercer Sector, ya sea mediante la convocatoria de subvenciones del IRPF o de la firma de convenios, a través del ICASS.

Así, por ejemplo, el ICASS firmó un convenio en 2019 con Cocina Económica para poner en marcha un Centro de Día para “la atención de personas adultas en situación de riesgo o exclusión social por enfermedad mental y por su situación socioeconómica, que requieren de un recurso específico por no acomodarse sus características a los recursos de rehabilitación psicosocial existentes”. Dicho convenio fue prorrogado en 2020.

El ICASS también firmó con Cocina Económica un convenio, para ejecutar en 2021, con el objetivo de prestar asistencia a colectivos en situación de marginación. Y en 2019 hizo lo propio con Cáritas para desarrollar un taller ocupacional para personas sin hogar, “en especial, aquellas que sufren enfermedad, que requieren de un recurso específico para la atención de su problemática sociosanitaria desde la situación de calle en la que viven”.

Pero es que los programas y servicios que la Administración Pública ofrece a las personas sin hogar no solo se centran en ofrecer alternativas habitacionales, sino también en acompañarlos y prestarles apoyo. Así, por ejemplo, en el Centro de Acogida Princesa Letizia de Santander se ofrece un Programa de Corta Estancia, que permite permanecer en el centro hasta cuatro días, así como un Programa Integral de Intervención Social y un servicio de orientación laboral y capacitación, y diversos talleres de alfabetización, ocio, habilidades sociales o actividad física, entre otros.

Cáritas, por su parte, además de alojamiento oferta varios programas de acompañamiento especializado para personas con enfermedades crónicas, relacionados con la vivienda o enfocados hacia la mujer. Nueva Vida trabaja con personas que salen de internamiento en instituciones penitenciarias, ya sea en tercer grado o tras cumplir su condena, y no tienen hogar, y Cruz Roja, además de proveer alojamiento y servicios de higiene, lavandería y comedor a personas sin hogar, ofrece otros servicios y realiza intervenciones destinadas a mejorar la salud física y emocional, asistencia para la búsqueda de un alojamiento alternativo y derivaciones a otros recursos de apoyo como programas de inserción laboral. Por último, Cocina Económica, además del comedor y el albergue en Santander, organiza talleres (cartonaje y encuadernación, alpargatas, y textil) cuyo fin es no solo el de capacitar a las personas para trabajar, sino también generarles ingresos y oportunidades laborales.

Cabe destacar también las ayudas de emergencia y los bancos de alimentos como servicios ofrecidos con más frecuencia por las administraciones locales a personas sin hogar. En este sentido, el informe recoge que los recursos y programas disponibles para la atención a personas sin hogar en Cantabria se concentran en los municipios grandes. “Esto es fruto no solo de la mayor capacidad económica de estos municipios, sino también de la afluencia de personas sin hogar hacia los centros urbanos más grande”, de manera que los recursos disponibles en los municipios pequeños son “principalmente soluciones temporales de emergencia”, mientras que en los grandes se dispone de recursos especializados (centros de acogida, programas de atención a personas sin hogar), junto a otros recursos genéricos destinados a la atención de colectivos y personas en riesgo de exclusión social.

“Resulta necesario, por lo tanto, que el Gobierno de Cantabria lidere una transformación de este sistema de atención mediante la coordinación de los distintos elementos que lo forman y la definición de objetivos y prioridades de actuación. Es también esencial que se complete la dotación de un catálogo de recursos suficiente para poner en marcha actuaciones que abarquen un amplio rango de metodologías de intervención”, concluye el documento, tras añadir que, además, “se detectan situaciones en que el sistema de prestaciones no consigue cubrir las necesidades de algunos grupos vulnerables, como en el caso de los menores extranjeros no acompañados que alcanzan la mayoría de edad y salen de la tutela de la Comunidad Autónoma”.

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