La pandemia no ha frenado las reivindicaciones de los pueblos conquenses que no quieren macrogranjas ni ganadería industrial. Por tercer año consecutivo, esta vez bajo el lema 'Pueblos vivos y unidos por un medio rural sostenible', la Plataforma Pueblos Vivos Cuenca ha hecho oír su voz en la región. Ha conseguido congregar a cientos de vehículos en la caravana de protesta organizada en Cuenca de esta manera para cumplir con las medidas de seguridad frente a la COVID-19. Han acudido a la capital provincial habitantes de pueblos conquenses afectados por las macrogranjas en defensa de “un modelo agroecológico para la pervivencia de nuestra tierra”.

La acción arrancó a las 11.00 horas en las calles aledañas al Centro Comercial 'El Mirador', desde donde partieron todos los coches y furgonetas. Después, recorrieron las calles Avenida Juan Carlos I, Hermanos Becerril, Fermín Caballero, Hurtado de Mendoza, República Argentina, San Ignacio de Loyola, Colón, Puente de San Antón, Avenida de los Alfares y finalizará en el entorno del Centro Comercial 'Alcampo'.

"Queremos mostrar así nuestro rechazo al modelo de ganadería industrial que en los últimos años se ha disparado en la provincia de Cuenca. Es realmente preocupante como este 2020, y durante la pandemia, el Gobierno de Castilla-La Mancha ha continuado aprobando autorizaciones ambientales de ampliaciones mediante 'modificaciones no sustanciales' y nuevos proyectos de macrogranjas porcinas y avícolas y algunas en zonas vulnerables a la contaminación por nitratos", denuncia la plataforma convocante. Estas prácticas, añade, se han dado en localidades como Villar de Domingo García, Belinchón, Zarzuela, Huerta de la Obispalía, Iniesta, Osa de la Vega, Sotorribas, Carboneras de Guadazaón, Yémeda, Barajas de Melo o Priego.

De igual modo, desde la Plataforma Pueblos Vivos Cuenca afirman que con esta protesta también pretenden denunciar "la carencia de garantías en el bienestar animal para los cientos de miles de animales que mueren anualmente por la avaricia de la industria, y porque la ganadería industrial no solo no soluciona el problema de la despoblación, sino que lo agrava". "Genera escasos puestos de trabajo y de baja cualificación, produce carne barata para la exportación al extranjero, esquilma los acuíferos, acorrala a la ganadería extensiva ya que el vertido de purines inutiliza los pastos de parcelas agrícolas, y perjudica a las pequeñas empresas familiares, al turismo rural y de naturaleza y a la compra de viviendas por la condena de oler a mierda en los pueblos".

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