El juego de mesa de dos niños conquenses apasionados de los dinosaurios

José y Luis Tárraga han creado el Reino de los dinosaurios, un juego que fomenta las habilidades artísticas

Es normal que los niños y niñas sean apasionados del deporte, la pintura, la danza o los animales, aunque también el gusto por los dinosaurios es común y más teniendo en cuenta que en Cuenca se encuentra el Museo de Paleontología de Castilla-La Mancha y yacimientos arqueológicos importantes como Las Hoyas o Lo Hueco, por lo que los más jóvenes están familiarizados con el mundo de los fósiles y las criaturas que poblaron la Tierra hace millones de años.

Este es el caso de José y Luis Tárraga, dos hermanos conquenses de 11 y 9 años respectivamente que aman el universo del Concavenator y los Titanosaurios. Les encanta leer sobre ellos, recorrer España en busca de museos donde poder ver fósiles y además uno de sus hobbies es pasar tiempo libre inmersos en un buen juego de mesa.

Esta fascinación les ha llevado a crear el suyo propio al que han llamado El reino de los dinosaurios. Una iniciativa que surge durante los aburridos días de cuarentena y que se ha convertido en un gran proyecto lúdico y pedagógico. Aunque, si bien es cierto que, el más pequeño de los hermanos ha sido quien ha contagiado al resto de la familia su hobbie preferido.

"Nos encanta leer sobre dinosaurios, ir al museo para ver fósiles, y como nos gusta pasar tiempo en familia decidimos crear nuestro propio juego de sobre paleontología"

Inspirados por la lectura, las aventuras y el misterio decidieron aprovechar y reutilizar los materiales que tenían en casa para dar forma a este nuevo entretenimiento que han terminado presentando al director del MUPA, Santiago Langreo, quien quedó impresionado por la habilidad e imaginación de los pequeños.

Se trata de un juego de cartas, tablero, dados, estrategia y personajes con el que han conseguido que su creatividad florezca. En concreto consta de ciento dos tarjetas de dinosaurios que el propio Luis dibujó en apenas dos tardes.

El tablero es un poster reutilizado al que le han pegado folios y en el que han plasmado un mapa del mundo que actúa de eje central para emprender el juego. Una actividad en la que pueden participar de dos a seis personas que eligen convertirse en un paleontólogo o paleontóloga real, personajes que ha marcado un antes y un después en este ámbito, ya que su intención es que además de ser una actividad lúdica sirva también para aprender y fomentar el interés por la historia. Por ello todos los datos, figuras y personalidades son veraces ya que previamente han buscado y contrastado información mediante libros, manuales infantiles e internet.

Para ganar la partida es necesario conseguir quince objetivos diferentes, es decir, acumular y descubrir dinosaurios de los diferentes periodos (Triásico, Jurásico y Cretácico), de los seis continentes (Norteamérica, Sudamérica, Europa, África, Asia y Oceanía), uno por cada tipo de alimentación (omnívoro, herbívoro y carnívoro) y según su hábitat (terrestre, volador o acuático). Objetivos que se consiguen descubriendo a las diferentes especies con los instrumentos que los paleontólogos tienen. Una competición que suele durar entre media hora y cuarenta y cinco minutos lo que hace que no sea pesado y que siempre haya ganas de jugar más.

La tarea no ha sido fácil ya que había que trabajar en equipo y ensamblar un proyecto que nunca habían hecho antes pero el resultado final ha merecido la pena.

Patrimonio conquense

En un primer momento hicieron brain storming (lluvia de ideas) y pensaron en dedicar el juego a los animales en general pero finalmente apostaron por divulgar el gran patrimonio paleontológico conquense para que otros niños y niñas e incluso familias completas pudieran interesarse sobre la temática.

Finalmente determinaron que sería apropiado para mayores de ocho años aunque reconocen que podrían jugar niños y niñas de cualquier edad. Pequeños que podrían aprender a trabajar en equipo e interiorizar valores como la igualdad, el respeto por las normas y la sociabilidad, así como desarrollar su capacidad de cálculo mental y lenguaje especializado sobre la materia.

"Nuestra mayor ilusión sería que el juego llegara a muchos niños y niñas y pudieran descubrir los dinosaurios"

El mayor deseo de estos dos hermanos conquenses es que otros niños y niñas pudieran tener el juego, por eso decidieron mostrárselo a Santiago Langreo, director del Museo de paleontología de Castilla-La Mancha (MUPA).

Ambos tienen varias ideas en mente para que El reino de los dinosaurios llegue a la gente. La primera propuesta plantea la idea de que los interesados en tener el juego puedan realizarlo artesanalmente en casa con materiales reciclados para así desarrollar la capacidad creativa, tal y como han hecho los hermanos Tárraga.

Por otro lado, también sugieren la organización de partidas entre los alumnos de los diferentes colegios conquenses con el fin de promover la sociabilidad entre los alumnos y normas de convivencia, al tiempo que el juego llegaría a los colegios y sería un instrumento más de aprendizaje en asignaturas como Biología y Geología.

Por último su gran sueño e ilusión sería poder comercializar el juego y que muchos niños y adultos pudieran disfrutar de El reino de los dinosaurios, lo que supondría poder comprarlo en jugueterías de toda España y, por qué no, a nivel internacional. Incluso que el Museo de Paleontología pudiera tenerlo en sus instalaciones para que los visitantes tengan la oportunidad de conocerlo de primera mano.

En un futuro no muy lejano

Todavía están dando los últimos retoques a El reino de los dinosaurios ya que el nombre no termina de convencerles puesto que Santiago Langreo sugirió durante su visita que no todos los animales que han dibujado son propiamente dinosaurios.

Por esta razón, la familia se encuentra buscando un nuevo título más apropiado aunque para ellos siempre será El reino de los dinosaurios.

Quién sabe si dentro de unos años a Luis le seguirá encantando el Brachiosaurus y a José el Stegousaurus y si continuarán investigando y aprendido sobre las placas óseas, la altura o la longitud de estos animales que tanto les gustan. Inmersos en intentar cumplir su sueño para poder comercializar el juego quizá dentro de unos años estos dos pequeños conquenses se conviertan en grandes paleontólogos.

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