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Pasado San Lorenzo

San Lorenzo

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En Alameda de Cervera, pedanía de Alcázar de San Juan donde me toca residir en verano, el día 10 de agosto sus lugareños celebran San Lorenzo, que coincide con las Perseidas, lluvia de estrellas, lágrimas de San Lorenzo. Lo celebran con muchas ganas. Ellos mismos afirman que, pasado San Lorenzo, la aldea comienza a amortecer, dada la temible proximidad de la vuelta fatídica a septiembre. A este respecto, yo le suelo decir a mi mujer (es profesora y goza de dos meses de vacaciones) que se prepare, pues ya le va quedando poco.

San Lorenzo es uno de los santos más prestigiosos del panteón católico (venerado también en el mundo luterano), siendo muy célebre. Se duda si nació en Huesca o en Valencia. Lo cierto es que su padre y su madre eran oscenses. Es el tercer santo patrón, después de Pedro y Pablo, de la ciudad de Roma, donde fue diácono regionario. Es muy conocido por su martirio, perpetrado en Roma en el año 258. Padeció una cruelísima y duradera agonía al ser torturado sobre la tan quemante famosa parrilla. Parece ser que el santo bromeó con sus ejecutores mientras transcurría su gran sufrimiento: “Assum est, inqüit, versa et manduca» (‘Asado está, parece, gíralo y cómelo’).

Por el ingenio del poeta Gabino-Alejandro Carriedo, creador genial pero hoy semiolvidado, conozco una coplilla irreverente, mas inofensiva y sumamente chistosa: “ San Lorenzo, en la parrilla, / decía a los filisteos: / Echad más leña, cabrones, / que tengo fríos los huevos”. Como me va la marcha, pese a mi declarado y sincero agnosticismo, fecho este escrito en el monasterio de Santa María de El Paular, en Rascafría, donde en la comida efectuada dentro del solemne refectorio del siglo XV (que alberga una réplica de una enorme Última Cena de Tiziano, cuyo original está en El Escorial), el monje encargado de la lectura refería la vida de San Lorenzo, y también la de Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, carmelita de origen judío que fue mártir en Auschwitz. Yo, la verdad, en lo que estaba más atento era observando el orden, desarrollado con una máxima pulcritud, del par de serviciales frailes ofreciendo el condumio y recogiendo la loza empleada por los huéspedes que almorzábamos con el requerido silencio. La exactitud de las faenas realizadas en los conventos es verdaderamente ejemplar.

Un poeta, mi viejo gran amigo, dotado de una poética muy original y de un estilo inconfundible (“Mata en el olvido los racionalismos y llora al amanecer”), José del Saz-Orozco, que fue también amigo de Carriedo y que ha heredado su chistera, madrileño de toda la vida, aunque con orígenes maternos en San Sebastián, lleva ya años viviendo en Cantabria, atraído por su mujer, María, una santanderina muy inteligente física y espiritualmente. Reside el matrimonio, con un hijo, ya universitario, en una pequeña pedanía llamada Llerana, dependiente del municipio de Saro. Lo de residir en Llerana es un decir. Hace muy poco fui a visitarlos y quedé con Pepe a la puerta del bar de la aldea. Sin bajarnos de nuestros coches, me dijo: “Sígueme”. Iniciamos un camino de subida, bastante empinado, adentrándonos por el espeso bosque que tapiza el monte durante unos buenos y a veces interminables minutos hasta llegar a la vivienda de los Del Saz-Orozco situada en la más agreste, pura, bella naturaleza. Adquirieron una sobria y aislada cabaña pasiega, de piedra, en el paraje de La Hormaza, con un amplio y sugestivo solar adyacente, que tardaron un lustro en reconstruir hasta convertirla en el lindo y acogedor hogar que es hoy.

José del Saz-Orozco, hoy jubilado, ejerció la profesión de abogado. Ahora es el juez de paz de este rincón cántabro donde goza de su existencia y se lleva de maravilla con las gentes que lo habitan. En 2019 pronunció el pregón de fiestas en Llerana en honor a su patrón San Lorenzo. Leo el texto jugoso y dulcemente descriptivo: “Hace ya más de siete años que resido en la Hormaza, ese cabañal alto al que yo llamo la antesala del cielo, ese balcón desde el que diviso todo el valle sembrado de cabañas”.

Refiere en su pregón que muchas veces su familia y él se convierten en nefelibatas, es decir, en rigurosos habitantes de las nubes, “pues con frecuencia la niebla nos envuelve y nos encontramos entonces en un ambiente precioso y recogido, ya que los campanos de las vacas quedan ahogados por la niebla, como también lo hacen las campanas de la iglesia y los ladridos de los perros. Y a menudo puedo divisar cómo las nubes deshilachadas trepan las laderas de este valle bendito; en mi interior vengo a pensar que son las nubes las almas de los difuntos que nos dejaron, que recorren nuevamente las tierras húmedas que divisaron sus ojos y sintieron sus pies, acercándose al cielo”. Soberbia lírica, sí señor.

El poeta canta al viento: “Ah! Los vientos de la Hormaza, cómo rugen, silban y nos asustan, cómo azotan, cómo nos estremecemos con ellos. Vientos de galerna que abrazan la cabaña y me hacen recordar a los marineros valientes que pueblan las costas de Cantabria”. Sin olvidarse de los árboles, “las cagigas y los castaños, los nogales, los acebos, los abedules y los sauces, los abetos que me saludan al salir de casa”. Transmitiendo una íntima y sabrosa confidencia: “A veces, cuando estoy solo, para que no crean que loco soy, doy en abrazar algún árbol y parece que el árbol algo me susurra, como si alma tuviera, y yo hago como que entiendo lo que el árbol me dice, y soy así más feliz”.

Al cabo, él se preocupa en recopilar los nombres de las muchas localidades del globo que celebran a San Lorenzo como su protector y su patrono, muchas de ellas en Hispanoamérica, en Chile, México, Colombia, Guatemala, Paraguay, Puerto Rico, etc. Detalla la abundancia en España de esta honra, mencionando algún lugar de Europa (Polonia, Italia), sin olvidarse, para mi dicha, de la tan familiar pedanía manchega de Alameda de Cervera. Lista que se exhibió inmediatamente antes de proclamar ante los agradecidos paisanos la justa exaltación: ¡VIVA SAN LORENZO! ¡VIVA! 

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