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Meritxell Budó, la portavoz de los berenjenales

La nueva consellera portavoz del Govern se ha convertido en solo unas semanas en una cara conocida por protagonizar polémicas, enredos y situaciones cómicas

Budó se ha convertido en diana de parodias televisivas, pero también en fuente de preocupación para una parte del independentismo

Elegida por su cercanía a Puigdemont y sin experiencia en comunicación, su equipo la defiende y pide tiempo para ganar práctica en su complicado puesto

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Budó reconoce que le "sabe muy mal" la polémica con el castellano pero reafirma su postura

Meritxell Budó, en una de sus comparecencias posterior al Consell Executiu

En el programa satírico Polònia del pasado jueves a los alumnos de la selectividad les cayó en la prueba de lengua el texto más difícil de sus vidas: la explicación de Meritxell Budó sobre los resultados del independentismo en Barcelona. "¿Qué habéis respondido en el texto de la Budó?", preguntaba uno de los alumnos tras el examen. "Vinyes verdes vora el mar", le responde una compañera, "¿y tú?". "Dos Pi erre al cuadrado. ¡Mierda!", remataba el primero.

La broma recoge con el característico humor del programa de TV3 el alud de críticas que la consellera de la Presidència ha recibido durante las últimas semanas, después de que haya protagonizado varias polémicas encadenadas. En apenas dos meses y medio desde que fue nombrada, la portavoz del Govern ha saltado a los medios por sus desconcertantes declaraciones, lapsus al tratar de explicar sus afirmaciones o directamente por los choques con los periodistas a cuenta de la lengua empleada para hacer preguntas.

Con sus equivocaciones, esta consellera ha sido carne de sátira para los medios, pero también motivo de preocupación política. En ERC, formación que comparte el Ejecutivo con Budó, esta semana saltaron las alarmas después de que la portavoz se mostrara reticente a contestar una pregunta por haber sido formulada en castellano. Para los republicanos, más allá de la confusión que la consellera mostró sobre la mecánica habitual de las ruedas de prensa del Govern, la actitud de Budó reflejaba una ideología nacionalista encarnada por sus socios y de la que ellos aseguran sentirse cada vez más lejanos.

Voces del equipo de la consellera, en cambio, achacan los problemas de comunicación al poco tiempo de rodaje que ha tenido en su nueva tarea y confían en que la práctica la pulirá como portavoz. Budó, como recuerdan sus cercanos, es una recién llegada a la política de primer nivel. En las últimas dos legislaturas se ha desempeñado como alcaldesa de La Garriga, un municipio que combina el sector terciario con la industria alimentaria y el turismo de balneario. Ella, experta en farmacia, antes de dedicarse a la política pasó 17 años trabajando en laboratorios, en el sector veterinario.

Pero a Budó la vena política le viene de toda la vida, siempre en el entorno de Convergència. Por cercanía geográfica y afinidad personal, la actual consellera de la Presidència es del entorno cercano de dos hombres claves en Junts Per Catalunya: el exconseller encarcelado Jordi Turull y el expresident Carles Puigdemont. Esta vinculación fue fundamental para que acabara dando el salto desde su cómoda alcaldía hasta una de las figuras más sensibles de cualquier gobierno, la que da la cara cada semana ante la prensa para explicar las iniciativas aprobadas. 

El partido había barajado otras opciones, como fusionar la portavocía con las responsabilidades de otro conseller –se especuló con el titular de Territori, Damià Calvet– o incluso se sopesó el fichaje de un perfil técnico e independiente, como era la periodista Pilar Calvo. Pero Turull apostó por Budó, Puigdemont celebró la idea y Quim Torra la rubricó. Y así comenzó la actual etapa política de la consellera, que venía a sustituir a una Elsa Artadi que había preferido apartarse del Govern para impulsar la candidatura de su partido al Ayuntamiento de Barcelona pese a los malos pronósticos que se auguraban para ella –y que se acabaron cumpliendo–.

"No sé si son errores o es así, pero no podemos salir a un metedura de pata por semana", sentenciaba esta semana un dirigente de ERC, alarmado por la última intervención de Budó. Unos días antes de la rueda de prensa semanal, la consellera había hecho unas declaraciones sobre el pacto de Ada Colau con el PSC y Manuel Valls para repetir en la alcaldía de Barcelona. Budó no solo había tildado el movimiento de "operación de Estado" sino que además había reclamado una "respuesta de país" si se consumaba. Sus palabras levantaron polvareda e incomodaron a miembros de ERC.

Así que, durante la rueda de prensa del Govern, Budó trató de esquivar las preguntas sobre esas declaraciones. Cuando una periodista pidió en castellano una aclaración sobre la supuesta "operación de Estado", la portavoz vio oportunidad de utilizar esa circunstancia para irse por las ramas, asegurando que había una norma según la cual no podían hacerse preguntas en castellano sobre cuestiones que no se hubieran tratado previamente en catalán. Una ocurrencia que sorprendió a los presentes y que no tardó en saltar a todos los medios.

Era la tercera polémica que Budó protagonizaba en apenas 15 días. La consellera rectificó al día siguiente, aludiendo a un malentendido y comprometiéndose a responder a todas las preguntas que se le lancen en rueda de prensa en cualquier idioma. Pero el mal ya estaba hecho y, ahora, la mayoría de los catalanes conocen a la Budó que aparece en el Polònia. Una portavoz de brevísima trayectoria que ya se ha convertido en una experta en entrar y salir de berenjenales.

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