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Juicio al hermano de Antonio Anglés: “Me torturaron dos horas, me pegaban cadenazos y me quemaban con brasas”

El hermano de Antonio Anglés, Joaquín Martins Monroig, durante un juicio.

Lucas Marco

València —

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La primera sesión del juicio a uno de los hermanos de Antonio Anglés, desaparecido autor del crimen de Alcàsser, ha arrancado con la declaración del hombre secuestrado y torturado salvajemente el 29 de noviembre de 2021. La Fiscalía pide para Joaquín Martins Monroig, que cambió su identidad original —Mauricio Anglés, también conocido como El Mauri— y para otros cinco acusados (todos con antecedentes penales) una pena de 27 años de prisión por los presuntos delitos de secuestro, lesiones, amenazas, robo con violencia, daño por incendio y pertenencia a grupo criminal. El secuestrado ha relatado que, tras un violento asalto cerca de su domicilio en Montserrat por parte de un grupo de hombre sencapuchados, fue introducido a la fuerza y herido en una furgoneta y conducido a una especie de cuadra en la localidad de Catarroja, localidad en la que se había criado y donde conoció a los Anglés.

El secuestrado (condenado por tráfico de drogas, según el principal acusado) ha relatado ante el tribunal de la sección tercera de la Audiencia Provincial de Valencia la tremenda sesión de tortura que sufrió, esposado y desnudo, durante aproximadamente dos horas, mientras le pedían “100 o 150.000 euros”. “Me dejaron semiinconsciente, estuvieron dos horas torturándome, me hicieron un montón de daño, cada vez que les decía que no tenía dinero me pegaban 10 o 15 cadenazos, era doloroso no, lo siguiente”, según ha rememorado protegido por un paraban.

“No había sentido tanto dolor en mi vida de los cadenazos, la sangre de la cabeza me tapaba los ojos y la boca”, ha declarado. También le hicieron cortes en un dedo y en una oreja y le quemaron con unas brasas. Tras unas dos horas, el hombre escuchó que sus secuestradores dijeron: “Nos toca soltarlo o lo matamos”.

Los secuestradores le quitaron las esposas y le colocaron unas bridas y acabaron liberándolo desnudo en una zona de Paiporta. Se dirigió hacia un barranco al pensar que iban a ejecutarlo. Al ver que sus secuestradores habían huido, pidió ayuda a los vehículos que pasaban hasta que un motorista (que era agente de la Policía) paró y avisó a los servicios de emergencia. “Gracias a Dios, me ayudó”, ha dicho el denunciante.

El hombre ha desvelado que, semanas antes de los hechos, a través de un amigo común, el hermano de Antonio Anglés (del que ha dicho que, a pesar de su cambio de nombre y apellidos, todo el mundo conoce como Mauricio) lo citó en dos o tres ocasiones para comentar una posible venta de un terreno.

También ha dicho que el acusado le pidió “5.000 o 10.000 euros” en una de aquellas quedadas y que, en aquellas fechas, se cruzó con varios de los acusados, de los que conocía los motes, en un coche. La Fiscalía mantiene que los acusados sometieron a seguimientos al hombre para familiarizarse con sus rutinas y planificar el secuestro.

La presunta víctima ha detallado que conoce, al menos “de vista”, a casi todos los acusados (uno de los cuales ha comparecido, esposado y escoltado por dos agentes de la Policía Nacional, al estar encarcelado actualmente).

Al inicio de la declaración ha dicho que conocía a Joaquín Martins Monroig de Catarroja —“alguna vez hemos salido de fiesta”, ha apostillado— aunque hacía “20 años que no tenía amistad con él”. El denunciante ha asegurado que, en aquella época, tenía una empresa de reformas. El hermano de Antonio Anglés alega que, en el momento de los hechos, se encontraba en otro lugar (en la discoteca K-Ché de València).

Los testigos: “Los han amenazado a todos”

Días después del secuestro, varias personas se acercaron para pedirle dinero a cambio de contarle detalles sobre los hechos. El hombre ha afirmado que la exnovia de uno de los acusados relató detalles que solo alguien que estuviera presente en la sesión de tortura conocería.

La mujer, muy asustada, le dijo que los autores del secuestro eran “muy peligroso”. “Nos contó cosas que solo lo puede saber persona que estaba allí”, ha remachado.

Sin embargo, esa mujer y otros testigos se negaron a declarar en sede judicial por miedo a represalias, según ha asegurado el hombre: “Los han amenazado a todos”.

De hecho, el hombre también ha manifestado que acabó vendiendo un piso de su propiedad en Albal, localidad en la que reside el clan familiar de varios de los acusados. “El padre me amenaza con el garrote cada vez que paso por allí”, ha afirmado.

A un amigo suyo que, supuestamente, conocía detalles sobre el secuestro y sobre los acusados le rayaron su Audi con inscripciones como “cerdo” o “chivato”, según ha detallado el secuestrado.

La prueba clave de la baliza

En la fase inicial de cuestiones previas, las defensas han pedido la nulidad de una de las pruebas principales, de la que depende toda la investigación policial posterior: la baliza que permitió a los agentes del Grupo de Homicidios de la Guardia Civil la localización de uno de los vehículos vinculados al secuestro.

Varios abogados de los acusados han argumentado que la baliza carecía de autorización judicial.

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