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La primavera morada: Podemos se da un baño de amor propio y reivindica su agenda feminista

Un instante de la intervención de Owen Jones en la fiesta de la primavera de Podemos en València / Dani Gago.

Laura Martínez


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“Esta fiesta es una demostración de cómo creemos que hay que hacer política. Pocas cosas son más políticas que una fiesta (...) que construir comunidad, compañerismo”. Ante un mar de sombrillas blancas y moradas, siguiendo el pantone de la formación, Lilith Vestrynge, secretaria de Organización de Podemos, resumía la jornada del fin de semana en los Jardines de Viveros de València.

Unas 3.000 personas han pasado por la fiesta de la primavera de Podemos, una exhibición de músculo ideológico que aspira a celebrarse de forma anual y aborda los temas que la formación ha puesto en agenda. Tras meses siendo vapuleados en todos los foros, los morados se dieron un baño de amor propio entre los suyos, de abrazos y palmadas en la espalda, en un acto de autoafirmación política.

En Podemos tenían ganas de fiesta. Tanta que, como bromeaban al día siguiente, se dejaron la garganta en los conciertos y terminaron con las existencias de cerveza. Sin una asistencia masiva, consiguieron llamar la atención suficiente en las charlas, especialmente en las que abordaron la relación entre tiempo y trabajo, la supervivencia de la monarquía o la salud del bloque de investidura. No obstante, apenas hubo debate alguno: las jornadas fueron una sucesión de la puesta en valor de sus acciones, de su papel en el Estado, con temas que en su agenda tienen sobradamente trabajados, en los que ya han generado su perfil.

La sorpresa, para algunos, fue la jornada sobre el Papa Francisco, impulsada por el dirigente en el Gobierno valenciano Héctor Illueca. El vicepresidente segundo valenciano y exdirector de la Inspección de Trabajo es un devoto estudioso de la figura del Papa Francisco e impulsó un foro en el festival para poner en valor que su doctrina impugna el sistema neoliberal. Para sumar, reflexionaron los ponentes, hay que incorporar al proyecto a aquellos que “comparten el anhelo de justicia”, sean o no creyentes, en un tema poco habitual en los morados.

La batalla cultural estaba en todas las sesiones, quizá por ello echaron mano de su star system para completar las sillas: los escritores y pensadores Owen Jones, Elisabeth Duval o Miquel Ramos acompañaron a sus cargos más relevantes en presentaciones y a las actuaciones de Samantha Hudson, Manel y Los Chikos del Maíz; tres estilos musicales con poco o nada en común pero que impulsan un cambio ideológico desde los escenarios. La de Ramos, acompañado por la fotoperiodista Eva Máñez y Ricardo Romero 'Nega', vocalista de los Chikos del Maíz, fue una de las mesas más emotivas, con varios momentos lacrimógenos en el público al repasar la historia de movimiento y la militancia desde los años noventa.

Como en todo festival, hubo merchandising a toneladas: bolsas con el lema 'fck vox', libros, camisetas, más libros, pegatinas y memes con bromas en clave interna, con gestos a las redes en las que Podemos ha desplegado su acción política. El actual presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, llenaba camisetas y vasos a través de la fotografía que le vincula con un narcotraficante, compitiendo con la simbología republicana en atención.

Pese a reivindicarse como un partido de suma y de mayorías, apenas hubo palabras para las “otras fuerzas hermanas” que han posibilitado el bloque de investidura -que sí tuvo una mesa de debate con Bildu y ERC- o a las alianzas autonómicas y municipales que comparten. Durante el fin de semana no hubo menciones a las acciones del Gobierno del Pacto de Botánico, en el que gestionan la vicepresidencia segunda y conselleria de Vivienda, tampoco a Yolanda Díaz y a las medidas que impulsa su ministerio, más allá de la intervención de Jaume Asens, ni hubo una notable presencia de sus compañeros de Ejecutivo valenciano; asistió la vicepresidenta del Consell y líder de Compromís, Mónica Oltra, a una presentación, y la consellera de Transparencia y líder de Esquerra Unida, Rosa Pérez, al mitin, ambas con un papel discreto entre el público. En un momento en el que se están fraguando alianzas que resultarán determinantes en las próximas elecciones, hasta el silencio comunica.

La agenda feminista

Pese a la diversidad temática de las jornadas, un tema centró el fin de semana: la agenda feminista. Los morados ponen en valor las medidas que han impulsado en el Gobierno y que esta semana les ha dado varios éxitos. Los permisos por dolor menstrual, la ley de violencia sexual o los avances en la reforma de la ley del aborto son puntos del programa que, pese a las reticencias de su principal socio, han dado a la organización de los círculos un protagonismo notable.

Las reformas en el Ministerio de Igualdad, las políticas feministas, son el estandarte que la formación exhibe. Varias mesas abordaron el consentimiento y el deseo sexual, la justicia patriarcal, los derechos sexuales y cómo legislarlos; el mitin central contó con la presencia de dirigentes latinoamericanas, que denuncian que ser mujer es un factor de riesgo, y un baño de aplausos arropó a Irene Montero al reivindicar lo que ya es un lema en las manifestaciones: que el miedo a volver sola a casa es una forma de poder. Al finalizar su discurso la secretaria general, Ione Belarra, un hombre mayor en el público comenta a su compañero: “El mundo será de las mujeres. Apunta eso”.

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