Sobre este blog

Contrapoder es una iniciativa que agrupa activistas, juristas críticos y especialistas de varias disciplinas comprometidos con los derechos humanos y la democracia radical. Escriben Gonzalo Boye (editor), Isabel Elbal y Sebastián Martín entre otros.

Castigo para los crímenes en Chad después de 25 años

Varias organizaciones de derechos humanos de Chad y de todo el mundo documentan que, entre los años 1982 y 1990, Hissène Habré torturó y asesinó a más de 40.000 opositores y prisioneros de guerra, además de haber esclavizado sexualmente a muchas mujeres.

Como aliado clave del gobierno de Estados Unidos contra la Libia de Muammar Gaddafi, Habré pudo mantener a partir de 1990 una lujosa vida como exiliado en Senegal. Sin embargo, Souleymane Guengueng -superviviente de tortura- consiguió, junto a un grupo de activistas, declaraciones de testigos a partir de 1990. Con los antecedentes recopilados acudieron a los tribunales de justicia en Bélgica, luego a la Corte Penal Internacional (CPI) y finalmente a los tribunales en Dakar, sobreponiéndose así a la falta de voluntad política de las autoridades en Chad y en Senegal para castigar estos delitos. Lucharon no solo por obtener justicia para las víctimas de Habré, sino que además despertaron el interés en todo el mundo por el caso y lograron poner en marcha un juicio de gran importancia e impacto más allá de las fronteras de Chad y Senegal.

Por otra parte, la esclavitud sexual a la que fueron sometidas muchas mujeres en el régimen de Habré -esta vez fue puesta en el tapete- es un tema que suele permanecer en el silencio. En un inicio, los cargos no incluían estos delitos, pero las mujeres se atrevieron a declarar y relataron el daño causado. Una testigo, violada por el mismo Habré, habló abiertamente sobre la vergüenza que había sentido, pero que ya nada le impediría hablar. Así, su testimonio, junto con el de muchas otras víctimas, es prueba fehaciente de la importancia de prestar declaraciones abiertamente en un tribunal, de enfrentarse al torturador y reconocer tanto la propia historia como el dolor sufrido. De ese modo, una víctima aparentemente pasiva deja de ser objeto de violencia y comienza a tener un rol activo.

Sin duda que una sentencia dictada 25 años después de cometidos los crímenes viene un poco tarde, pero de todos modos tiene mucho sentido, porque los juicios en los que los supervivientes participan activamente tienen una importante función simbólica en el proceso de una sociedad completa por superar una etapa oscura y violenta.

Este es el primer juicio a un exjefe de Estado africano en otro país de África, por lo que es una importante señal en el proceso de superación de los delitos de derechos humanos en todo el continente. Hace mucho que la elite africana tilda a la justicia penal internacional de neo-colonialista, como sucedió, por ejemplo, en el caso del presidente keniata Uhuru Kenyatta, investigado por la CPI. Es cierto que hasta el momento solo africanos han sido demandados ante la CPI y los juicios penales nacionales basados en el principio de jurisdicción universal solo han condenado a miembros de los llamados "países frágiles", mientras que los crímenes de occidente siguen impunes. Pero el valor de la crítica es dudoso si quienes se quejan son los mejores “candidatos” a ser acusados por delitos de violaciones de los derechos humanos.

El caso Habré, apoyado por la Unión Africana, le resta importancia a este argumento, porque demuestra que buscar justicia por violaciones de los derechos humanos no es algo impuesto por occidente, sino el deseo cumplido por los activistas de Chad y sus colaboradores en todo el mundo tras muchos años de lucha.

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Publicado el
10 de junio de 2016 - 20:38 h

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