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ANÁLISIS

Las encuestas vuelven imprudente a Ximo Puig, dispuesto a convocar un superdomingo electoral en abril

El presidente valenciano evitó el adelanto cuando Susana Díaz se estrelló en Andalucía y se inhibió ante un eventual “superdomingo electoral” el 26 de mayo, pero ahora está a punto de convocar otro el 28 de abril al adelantar las autonómicas pese a la oposición de sus socios de Compromís

El president de la Generalitat, Ximo Puig, junto a la ministra de Política Territorial y Función Pública, Meritxell Batet

El president de la Generalitat, Ximo Puig.

Aunque viene especulando sobre ello desde hace un año con el argumento de que es bueno que las elecciones autonómicas valencianas se singularicen en el calendario, como ya lo están las del resto de nacionalidades históricas (una maniobra en la que, en principio, siempre ha insistido el valencianismo), Ximo Puig solo ha empezado a sopesar en serio el adelanto electoral cuando su correligionario Pedro Sánchez ha convocado las elecciones generales un mes antes de la fecha fija de las municipales y europeas. Y cuando ha visto las encuestas.

Es bastante evidente que el presidente de la Generalitat renunció al objetivo de singularizar la cita electoral valenciana (podía haberlo hecho y prefirió esperar a ver cómo se estrellaba su compañera de partido Susana Díaz contra el empuje de la derecha en Andalucía) en el momento en que tenía sentido. Tras el desastre andaluz, dejó el asunto en el cajón y se mantuvo a la expectativa mientras el líder de su partido y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, especulaba (de la mano de su fiel escudero, el valenciano José Luis Ábalos, por cierto) con un superdomingo de generales, autonómicas, municipales y europeas el 26 de mayo. Y es ahora cuando parece decidido a mover ficha para enganchar las elecciones autonómicas a las generales del 28 de abril, con el beneplácito de las derechas, ansiosas de ver cómo se agrieta el Pacto del Botánico en los estertores de la legislatura.

Y es que a Compromís, socio principal de los socialistas en la Generalitat Valenciana, le resulta especialmente antipática la perspectiva de una campaña electoral marcada por el debate estatal y sin la base de movilización que aportan las municipales. La vicepresidenta Mónica Oltra lo ha expresado con toda la contundencia: “no hay motivos”.

Bueno, el motivo ‘oficial’ es precisamente que los valencianos, como los catalanes, los vascos, los gallegos o los andaluces, puedan elegir a sus representantes sin que su agenda autonómica quede sumergida en la confusión de otros comicios. Una vieja aspiración del valencianismo político que enarbola Compromís, pillado en una llamativa contradicción en este asunto.

Una contradicción que, sin embargo, queda muy mitigada porque, en todo caso, la convocatoria de elecciones en solitario ocurriría por inducción en el futuro porque ahora mismo lo que se plantea es precisamente sumergir la agenda valenciana en la estatal por un motivo de fuerza mayor: que los sondeos dan la posibilidad al PSOE de convertirse en la formación más votada.

Puig está a punto de decidir el adelanto electoral porque confía en la tracción que esa favorable dinámica estatal puede aportar a su partido el 28 de abril. Dirigentes y asesores del PSPV-PSOE añaden que eso beneficiaría al conjunto de fuerzas del Pacto del Botánico, formado por los socialistas, Compromís y Podemos (ahora con el añadido de Esquerra Unida). Pero eso resulta tan dudoso como casi todo en un panorama electoral volátil y complicado.

El hecho cierto es que la decisión de poner las urnas de las Corts Valencianes el mismo día que las del Congreso y el Senado divide al Gobierno del Botánico, que vivirá con toda probabilidad una ruptura interna cuando el presidente la plantee porque el Estatut d’Autonomia exige que se decrete el adelanto “previo acuerdo del Consell”, y en él se sientan consellers de ambos partidos.

No parece un efecto menor, el del choque entre los socios del Botánico a unas semanas de la cita electoral cuando la estabilidad y consistencia del pacto de progreso ha sido el argumento central de la legislatura. Y no encaja con la imagen que Puig y Oltra se han esforzado en proyectar durante cuatro años, sabedores de que nada como la división penaliza a la izquierda.

Se la jugará Puig en el superdomingo de abril, si no frena a última hora. La excitación electoral tiene ese efecto incluso en dirigentes que nunca se han caracterizado por la imprudencia. Las consecuencias estarán a la altura del riesgo que se asuma.

 

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