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La falta de trabajo, agua corriente y electricidad ahoga a Gaza: “Será inhabitable en 2018”

Jóvenes refugiados palestinos junto a la playa durante un corte de energía en el norte de la Franja de Gaza.

Isabel Pérez

Gaza (Palestina) —

En la castigada franja de Gaza también hay momentos para celebrar y estos días de julio marcan el compás, al menos temporalmente. Tras unos meses de insomnio, preocupaciones y muchas horas dedicadas al estudio, la juventud gazatí termina su año académico. Centenares de chicos y chicas se colocan el birrete de graduación de las diferentes universidades y posan para un sinfín de fotos y selfis que desbordan las noticias en árabe y las redes sociales.

Rasha es una de estas jóvenes. Con 22 años ha terminado su carrera en Administración y Gestión de Empresas. Está jubilosa por haber logrado alcanzar esta meta con todas las dificultades que acarrea vivir –y estudiar– bajo bloqueo.

Pero Rasha también sabe bien que se enfrenta a una dura realidad que se representa en cifras que casi paralizan. La franja de Gaza tiene la tasa de paro entre jóvenes de entre 15 y 29 años más alta del mundo. Para ellas es incluso mayor: un 77,8% de desempleo.

“No tengo ninguna opción para encontrar un trabajo aquí en Gaza”, sentencia la joven asimilando la tragedia. “Mis planes serán buscar una beca y salir fuera a estudiar un máster, si Dios quiere. Quizás allá afuera pueda hacer lo que quiero”, añade en una entrevista con eldiario.es.

Para Rasha, al igual que para el resto de jóvenes recién licenciados e incluso sin ningún tipo de título académico, la única solución es esa: abandonar su hogar, su familia y sus amistades. “Nunca pensé que nuestra situación llegaría hasta aquí y que mi deseo sería salir fuera de mi país. Es la política y el bloqueo de la ocupación lo que nos ha llevado a esto. Han hecho que la mitad de nuestras vidas las vivamos con un auténtico agobio y que tengamos que irnos aunque no queramos”, lamenta la recién licenciada.

Más allá de la supervivencia

Los acontecimientos de los años 2006 y 2007, victoria en elecciones palestinas y toma de poder de Hamás en la franja de Gaza, sirven al Gobierno de Israel como argumento cuando se aborda la situación de la población de la franja de Gaza.

Sin embargo, la historia de la economía de Gaza desde 1994 ha sido de continuo declive en términos reales. Así lo dice el reciente informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Tres años después de las hostilidades de 2014 en Gaza. Con un enfoque socioeconómico, el PNUD aborda la actual situación, con retrospectiva histórica, y los desafíos para una recuperación económica con recomendaciones a largo plazo para que Gaza, dice el organismo, pueda “prosperar, no solo sobrevivir”.

El informe clarifica los hitos que marcaron el devenir de una economía en continuo descenso: la retirada de las tropas israelíes fuera de la franja de Gaza en 2005, el bloqueo israelí ejercido desde hace diez años contra la franja y la división política interna palestina. Todo esto ha provocado que la vida en Gaza no pueda ir “más allá de la supervivencia”, como se menciona en el propio documento, y que la población beba de un agua no apta para el consumo –el 90% del agua que tiene a su disposición no lo es–, o que el 60% de los habitantes dependan de la ayuda humanitaria.

La pérdida del PIB ha alcanzado el 50% debido, en parte, a que más de un tercio de tierra cultivable no puede ser explotada y más de la mitad de las aguas marinas pactadas en 1993 con los Acuerdos de Oslo son inalcanzables. Tierras agrícolas y demarcaciones de pesca fueron declaradas unilateralmente por Israel como zonas de no circulación y están fuera del uso económico de Gaza.

El PNUD apunta también hacia la falta de compromiso de los donantes internacionales. Tras la operación militar israelí 'Margen Protector', de la que estos días se cumplen tres años, la comunidad internacional se comprometió en una conferencia en El Cairo a destinar 3.500 millones de dólares para la reconstrucción de Gaza. “La última actualización del Banco Mundial –en diciembre de 2016– indica que solo se ha desembolsado el 51%”, se indica en documento.

Está también el factor demográfico. En un lugar que posee una de las densidades de población más altas del mundo y con casi el 70% de la población refugiada, esto es, personas y descendientes de aquellas que entraron a la franja huyendo de tropas israelíes en 1948, el crecimiento anual de población fue del 3,3% en 2016. Con este dato, se calcula que 35.000 nuevas personas se incorporan anualmente al mercado laboral, como es el caso de Rasha.

La volatilidad de la situación es una condición adversa para hacer negocios en Gaza y así lo demuestra también la comparativa ofrecida con respecto a sus compatriotas en Cisjordania. La franja está siendo separada geográfica, política, social y económicamente de la otra isla palestina. 

Un potencial de crecimiento económico

El PNUD lo manifiesta claramente. Los resultados del análisis son una imagen del estrés interno y externo, “particularmente desde la implementación del bloqueo económico de Israel”. Gaza necesita más que una mera “relajación del bloqueo”.

“Esta lógica de 'trabajar dentro del marco del statu quo' –señala el organismo– parece subrayar el enfoque ad hoc gradual que la comunidad internacional ha estado siguiendo para hacer frente al empeoramiento del entorno empresarial en Gaza”. En resumidas cuentas, la franja de Gaza necesita “un cambio de política estratégica a largo plazo”, un “enfoque alternativo” que considere el enclave costero por “su potencial de desarrollo estratégico, más que como una carga humanitaria”.

Esta perspectiva casa con la opinión de Jalil Shahin, director de la Unidad de Economía y Derechos Sociales del Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR) con sede en Gaza. Los porqués del estado actual de Gaza se encuentran en la política y es ahí donde hay que incidir, a su juicio, para encontrar soluciones.

“Gaza no es la prioridad a nivel internacional. Es un punto menor en la agenda internacional. Eso afecta a las donaciones que llegan, escasas. Y esto no se debe solo a la situación en Siria u otros conflictos coetáneos, o a la crisis económica mundial, se debe a razones políticas”, explica Shahin.

Como vislumbraba Rasha, obtener un trabajo, una vida digna en Gaza, está fuera de cualquier cálculo. “En Gaza nunca ha habido una vida normal”, recuerda Shahin. “Ahora, sin embargo, la están empujando hacia condiciones peores como parte de la presión política. Presión de EEUU y de la ocupación israelí para que la política palestina acepte finalmente lo que sea en futuros acuerdos”, prosigue.

Las Naciones Unidas ya han marcado el punto del precipicio hacia la inhabitabilidad en la franja de Gaza: el año 2020. Sin embargo, Shahin advierte de que si la comunidad internacional, la autoridad de la ocupación israelí y la política palestina no actúan “la franja de Gaza no será inhabitable en 2020, sino en 2018”.

Hace meses que la población de la franja de Gaza malvive con cuatro horas de electricidad al día, con la imposibilidad de recibir un tratamiento médico adecuado, con aguas residuales que se vierten en el mar o con las fronteras cerradas. ¿Podrá la franja sobrevivir a peores condiciones? ¿Hasta cuándo? Son las cuestiones que emanan en estos momentos de desesperanza.

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