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España es el país desarrollado donde más ha crecido la desigualdad

El poder adquisitivo de los hogares ha caído un 17% de media: la merma llega al 43% entre los que menos ingresan, y apenas es del 3% para los que más

La OIT señala que la pérdida de empleo y el cambio en la distribución de los salarios son responsables del 90% del aumento de la desigualdad de los últimos años

El organismo incluye una nueva estimación de la brecha salarial entre mujeres y hombres; concluye que las trabajadoras deberían tener salarios ligeramente superiores a los de los trabajadores

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El PIB crecerá un 1,3 por ciento en 2014 y un 1,8 por ciento en 2015, según AFI

La pérdida de empleo y el cambio en la distribución de los salarios explican el aumento de la desigualdad. EFE

España es el país desarrollado donde más ha crecido la desigualdad en los últimos años. Se trata de un hecho que han respaldado ya varios informes, a los que ahora se suma otro: el último publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que constata que la diferencia entre los que más ingresan y los que menos ha aumentado un 20% desde 2009. El organismo explica que la pérdida de trabajo y los cambios en la distribución de los salarios son responsables del 90% del aumento de la desigualdad en los últimos años.

Los salarios suponen en España -y en los países desarrollados, en general- la mayor parte de los ingresos que entran en un hogar. Su peso, sin embargo, se ha ido reduciendo: si en 2006 representaban un 70% de los ingresos, en 2010 habían pasado a suponer el 60%. España pertenece al grupo de países desarrollados -junto a Grecia, Irlanda, Italia, Japón y Reino Unido- donde los sueldos reales eran menores en 2013 que en 2007.

"En España, una parte del aumento de la desigualdad se explica por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, pero se debe aún más a la pérdida de salarios dentro de los hogares", explica Rosalía Vázquez-Álvarez, experta de la OIT y una de las autoras del informe. Es decir, la destrucción de empleo y el paro, por un lado, y el retroceso de los salarios, por otro, han hecho estallar la desigualdad.

Son esos factores los que han hecho que el poder adquisitivo de los hogares haya caído de media un 17%. Sin embargo, no todos han perdido lo mismo. El estudio divide a los trabajadores en diez apartados (llamados deciles) ordenados en función de los ingresos. El decil más bajo, es decir, el que incluye a los que menos ingresan, ha perdido un 43% de poder adquisitivo, mientras que el más alto apenas ha visto caer su poder de compra en un 3 ó un 4%.

Es esta diferencia la que explica que la brecha entre el decil más alto y el más bajo haya crecido un 20%. Y es ese abismo entre los que más tienen y los que menos el que hace de España el país donde ha crecido más la desigualdad, seguido de Estados Unidos, donde ha crecido un 13%. Es también esa brecha la que distingue a España de otros países del entorno que también han sufrido con dureza la crisis y las políticas de recorte, como Grecia o Portugal: allí, explica la OIT, los deciles más altos sí han perdido de forma significativa poder adquisitivo, de forma que la diferencia que les separa de los que menos tienen no se ha agrandado tanto.

"Los ingresos procedentes del autoempleo y de las pensiones también han caído. En el 10% de los que menos reciben, solo los ingresos que proceden de prestaciones por desempleo crecieron, pero no lo suficiente para frenar la aguda caída de los ingresos reales", dice el documento.

El informe señala también la diferencia que ha existido entre la evolución de la productividad -el valor añadido que produce cada trabajador-, y la de los salarios. Mientras que la primera creció el 10% entre 1999 y 2009, los segundos lo hicieron un 5%. La OIT asegura que esa tendencia ha continuado desde 2009 hasta la actualidad y que, como consecuencia de ello, los trabajadores están recibiendo una parte más pequeña del crecimiento económico. Esto es, la proporción del PIB destinada al trabajo es cada vez menor, mientras crece el trozo de tarta destinado al capital.

Por eso, el organismo defiende que es hora de subir los sueldos, en línea con lo que los sindicatos llevan meses planteando. "La pregunta es ¿cuánto puede permitirse la economía española subir los salarios? Tanto como lo permita la productividad, que ha crecido mucho más que los salarios. Por eso creemos que existe un margen real que permite la subida de los salarios, así como de los subsidios", afirma el director de la oficina de la OIT en España, Joaquín Nieto, que cree que esta cuestión es fundamental para reactivar la economía y corregir la desigualdad.

Las mujeres deberían cobrar más que los hombres

El estudio incluye una nueva forma de medir la brecha salarial entre hombres y mujeres que permite obtener resultados novedosos. La OIT fija esa brecha en el 17% para España: las españolas cobran un 17% menos que los hombres. Pero no solo la cuantifica, también busca identificar si hay factores objetivos -como la educación, la antigüedad o el tipo de trabajo- que la explique. El resultado es que el total de la brecha salarial en España se debe a razones para las que no hay una explicación objetiva. Es más, si se atiende a la capacitación y el tipo de trabajo que ejercen las mujeres, éstas deberían cobrar ligeramente por encima de lo que ya lo hacen los hombres, según concluye el organismo.

Es lo que Vázquez-Álvarez denomina "brecha negativa". Esta brecha es aún mayor en los países nórdicos: aunque su brecha -tal y como suele medirse- está entre las menores del mundo (aproximadamente de un 4%), su brecha negativa es muy superior. Es decir, en países como Suecia o Noruega las mujeres cobran algo menos de lo que cobran los hombres, pero sus sueldos deberían estar muy por encima, mientras que en España esa diferencia (lo que deberían cobrar más que los hombres) es aún pequeña.

Para hacer estos cálculos, la OIT ha medido parámetros como la educación, la experiencia, el sector de empleo, la intensidad del trabajo, el número de horas trabajadas o la zona en la que se trabaja, y ha atribuido a cada individuo el salario que debería cobrar. El resultado ha sido que muchos de los países desarrollados esconden esta brecha negativa que minusvalora el sueldo que deberían cobrar las mujeres.

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