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El fondo de privatizaciones de la troika en Grecia incluye activos inflados y promesas irrealizables

Terrenos en Asprovalta (Grecia) en venta por la agencia privatizadora helena.

Belén Carreño

Una fianza por valor de 50.000 millones de euros a cambio de prestar casi 82.000 millones. Este es (muy, muy resumido) uno de los principales ejes del principio de acuerdo firmado entre la troika y Grecia este mismo lunes. La creación de un fondo con bienes públicos a privatizar por el Gobierno heleno fue uno de los escollos más duros a salvar durante la larga noche. Alemania fue la artífice de la idea (que pone cifras a la desconfianza) y Alexis Tsipras terminó considerándola con importantes cambios: se gestionará desde Atenas y por griegos.

La forma del fondo no parece muy compleja (los principales detalles aquí) pero el fondo es lo que entraña más complicaciones. Para empezar, llama la atención que se haya puesto una cifra (50.000 millones de euros) antes de saber el contenido. Al final, se meterán diferentes activos (compañías públicas, edificios, terrenos, etc...) y se hará que cuadre la cifra en 50.000 millones de euros. Pero, ¿por qué este número?

El plan de privatizaciones procede ya de 2011, cuando el FMI calculó para dar su parte de la financiación a Grecia que para finales de 2015 se podría conseguir 50.000 millones de euros mediante privatizaciones. Sin embargo, en su polémico informe de hace apenas tres semanas, el Fondo Monetario Internacional reconocía que esta había sido una (de las muchas) previsiones fallidas. A día de hoy solo se ha logrado hacer caja con 3.200 millones de euros, un 94% por debajo del objetivo marcado al inicio del rescate.

De hecho, el fondo que se quiere crear ya existe en cierta manera, ya que para cumplir el más que ambicioso plan de privatizaciones inicial, Grecia creó el “Hellenic Republic Asset Development Fund” una agencia privatizadora. En su web se puede ver la cartera de propiedades a la venta, que incluye playas, castillos, red de hoteles, el aeropuerto de Atenas, correos, empresas de aguas, autopistas y un largo etcétera. Las únicas alegrías se la han dado, por ahora, la venta de Loterías, los edificios de algunas embajadas en el extranjero, terrenos y sobre todo la telefónica del país.

Según el FMI, por ahora se ha vendido los activos menos polémicos pero los que se preveían como “socialmente más sensibles” no han sido enajenados. Esto es: la red aeroportuaria, las eléctricas, las gasistas, los trenes, etc... En enero de 2013 se rehicieron a la baja las previsiones pero tampoco se acertó. En ese momento se consideró que se podría lograr al menos 23.000 millones de euros entre 2014 y 2022 pero de los cuales, al menos la mitad debería haber venido por la venta de las participaciones en los bancos (como sucedió con Bankia, al rescatarlos el Estado heleno pasará a ser su principal accionista). Al final, en los últimos tiempos, solo se ha conseguido 400 millones de euros al vender un espectro de radiofrecuencias y al resto ha pinchado

El informe sobre la sostenibilidad de la deuda de hace quince días, y que las otras dos patas de la troika trataron de abortar, intentó hacer un ejercicio de realismo reconociendo que los bancos son, a día de hoy, imposibles de vender. Más bien al contrario, necesitan al menos 25.000 millones de euros para recapitalizarlos así que son en realidad un agujero negro. También se reconoce que es casi imposible vender más activos inmobiliarios.

Tampoco son ninguna bicoca las empresas públicas. Ya en su día fue casi imposible lograr la venta de ninguna de ellas y además, el cierre de la bolsa helena estos quince días ha dejado su valor por los suelos. En 2014 se trató de vender la empresa pública de gas (DEPA) que había sido cortejada por la pública rusa Gazprom. Finalmente el acuerdo quedó en agua de borrajas, supuestamente porque la rusa no ofrecía las garantías suficientes al Gobierno, pero huelga decir lo que supone para la zona del euro que Gazprom tome posiciones dentro del continente. La Comisión ya había advertido de que podría bloquear la operación.

Además, solo en el último año, la cotización de la gasista griega ha perdido casi un 50% de su valor y el día que se cerró la bolsa de Atenas apenas capitalizaba por 400 millones cuando en su día se esperaba que su venta diera alrededor de 1.000 millones. En general, desde mediados de 2014, la bolsa helena se ha llevado un buen trastazo.

En cuanto a la venta de propiedades inmobiliarias y terrenos, el FMI se ha dado de bruces con la realidad griega: cuando se inició el rescate en 2010 ni siquiera existía el catastro (una de las reformas auspiciadas desde entonces) y para hacer cualquier tipo de venta los litigios son interminables. Por no hablar, claro, de que habría que cambiar la Ley de Costas o la Ley de Montes vigentes en el país para poder vender muchos de los terrenos (con algún tipo de valor) que tiene el Estado heleno.

Como muestra de estos problemas, el New York Times contaba que al intentar privatizar la compañía de aguas Griega descubrieron que tenía 700 millones de euros en facturas sin pagar. Por no hablar de la necesidad de pasar incluso leyes que pusieron un precio al agua. También se llevaron un chasco al intentar vender varios kilómetros de costa que daban al mar Jónico y pertenecían al Estado griego. Cuando fueron a tasar la propiedad se encontraron con que había más de 7.000 viviendas ilegales a las que nadie había prestado atención. Y pasar el bulldozer no era una opción.

Así las cosas, en el informe del FMI se rebajaban las expectativas a 500 millones de euros de privatizaciones al año. Con esta proyección se necesitarían solo 100 años para que el fondo pudiera liberar esos ínclitos 50.000 millones de euros.

Con estos mimbres, lo esperable es que se busquen otros activos para redondear el fondo, ya que el casero alemán no parece dispuesto a recortar la fianza.

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