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Los activistas que se juegan la cárcel por defender a los que fabrican tu iPhone

El flamante iPhone X, salpicado por las condiciones laborales de los proveedores chinos de Apple

Álvaro Hernández

Aunque los llevamos todo el día a cuestas y los sacamos miles de veces del bolsillo para consultar un aluvión de mensajes, no es muy habitual que nos paremos a pensar de dónde vienen esos dispositivos electrónicos que se han convertido en uno de los pilares fundamentales de nuestro día a día. Es poco frecuente preguntarse quiénes los hacen y, sobre todo, en qué condiciones.

“Las condiciones para los trabajadores son espantosas”, explica a HojadeRouter.com Elaine Lu, la portavoz de la ONG China Labor Watch, una organización que se esfuerza por arrojar algo de luz en los oscuros procesos de fabricación de nuestros móviles.

Fundada en 2000, China Labor Watch vela por los derechos de los trabajadores de las fábricas chinas que, más allá de la tecnología que usamos a diario, también surten al resto del mundo de juguetes, calzado, muebles y ropa. A su creador, el abogado Li Qiang, le motiva precisamente haber vivido las extremas condiciones laborales del gigante asiático: hijo de trabajadores de la construcción, vio a sus padres sufrir el trato de una empresa que no pagaba los seguros médicos y decidió estudiar Derecho mientras trabajaba de carpintero.

“Occidente siempre habla de los derechos humanos, pero las multinacionales occidentales que tienen fábricas en China continúan violando los derechos laborales”, denuncia Lu. Y el caso de la industria tecnológica, a su parecer, es especialmente grave: la carrera por lanzar constantemente nuevos modelos de dispositivos conlleva un ritmo de fabricación endiablado que pesa sobre los hombros de los empleados. “Tienen que hacer muchas horas extra para que su fábrica pueda cumplir con los pedidos”, concreta la portavoz de China Labor Watch.

“Además, los trabajadores están en contacto con productos químicos tóxicos”, acusa. De hecho, uno de los últimos hallazgos de la organización tiene que ver con ello: hace solo unas semanas, China Labor Watch hizo público que 90 empleados de una de las fábricas de Catcher Technology, uno de los principales proveedores de Apple, tuvieron que ser ingresados tras permanecer en contacto con un gas tóxico.

“Los trabajadores no suelen recibir formación sobre cómo manejar adecuadamente los productos químicos, ni reciben el equipo de protección necesario”, detalla.

Precisamente, Apple es una de las compañías que menos parecen dispuestas a colaborar con China Labor Watch. Al menos, no de una forma decidida. “Después de que lanzáramos un informe sobre Samsung en 2012, la compañía llevó a cabo una auditoría en todas sus fábricas de China y abordó estos temas”, recuerda Lu, que sitúa a la firma coreana en el lado positivo de la balanza. “Sin embargo, Apple solo ha realizado mejoras en algunas áreas y solo en algunas regiones”.

Según la portavoz de la ONG, los de la manzana mordida acaban de solicitar a todas sus proveedores con instalaciones en Shanghái que paguen el seguro médico de sus trabajadores. Sin embargo, fuera de la provincia, los fabricantes de componentes utilizados por Apple no hacen lo propio. De hecho, China Labor Watch ni siquiera cree que la empresa desconozca la situación de fábricas como la de Catcher Technology: O los empleados de Apple encargados de hacer auditorías son corruptos o Apple ignora intencionadamente los problemas”, denuncian.

En ese mismo informe, los trabajadores denuncian que trabajan más de 11 horas al día durante 6 días a la semana (cuando Catcher Technology estipula las jornadas laborales en 8 horas diarias durante 5 días a la semana) y que no todos los días pueden ducharse por falta de agua caliente o de duchas disponibles. Además, el par de guantes de goma que la propia empresa facilita a los trabajadores no dura todo un turno y las necesarias máscaras, con las que evitarían respirar gases tóxicos, según los testimonios, solo se estarían repartiendo cuando los responsables esperan una inspección.

En cuanto a la formación, los nuevos trabajadores deberían recibir un mínimo de 24 horas. Sin embargo, protestan, no llegan a tardar ni una: “Se les entrega un cuestionario y el personal lee las respuestas, así que desconocen los posibles factores de riesgo durante el proceso de producción”, explican desde China Labor Watch. Y todo por un salario base de 1950 yuanes, unos 250 euros al cambio actual.

Riesgo de cárcel

Las propias tecnológicas no son el único oponente al que los activistas de China Labor Watch se tienen que enfrentar. Para entrevistar a empleados y conseguir pruebas con las que elaborar sus informes, la organización también debe superar antes los obstáculos del propio Gobierno del país asiático.

Muestra de ello es lo que sucedió el pasado año cuando tres trabajadores de la organización fueron detenidosfueron detenidos mientras trataban de investigar las condiciones laborales de una de las fábricas a la que Ivanka Trump recurría para su marca de zapatos. “Fueron liberados un mes después y, a día de hoy, dos de ellos tienen prohibido hablar con los medios y deben informar periódicamente a la policía local”, relata su portavoz.

Además, la propia legislación china dificulta el trabajo a las organizaciones que, como China Labor Watch, tratan de denunciar casos de abuso laboral y ayudar a los empleados a que reclamen sus derechos. Según la propia ONG, la ley en China impone fuertes restricciones para obtener financiación procedente del propio país y establece una larga lista de requisitos para abrir una oficina dentro de sus fronteras. “Nos enfrentamos a mucha presión del Gobierno chino porque supervisan mucho cualquier trabajo relacionado con los derechos humanos”, sentencia Lu.

Desde la ONG afirman que, a día de hoy, es difícil encontrar dispositivos electrónicos que hayan salido de fábricas éticas o en las que, al menos, los trabajadores gocen de unas condiciones laborales más dignas. Pero que no exista no quiere decir que sea imposible: “Mejorar las condiciones de los trabajadores requeriría que las empresas aumenten sus costes, pero todavía podrían seguir obteniendo muchos beneficios”, aclaran desde China Labor Watch.

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Las imágenes son propiedad de William Hook y China Labor Watch

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