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El año del cambio, Telegram y el Halcón Milenario

2015 es un año de carreras a gran velocidad, ¿qué necesitamos para correr esas carreras?

¿Cómo nos cuidamos y qué relatos de los cambios hacemos? Un relato en primera persona.

Han y Chewie a punto de empezar 2015

Han y Chewie a punto de empezar 2015

El mundo da vueltas enloquecido,

se disuelve en la oscuridad

Oscila a través de huecos de bruma

Corre alrededor de las estrellas,

en un viaje a través de un universo que

arde con cambios.

(Phil Ochs: Changes)

El corredor de Kessel es una ruta secreta que usan los contrabandistas para mover sus mercancías lejos de los ojos del imperio galáctico. El Halcón Milenario es capaz de recorrerlo entero en menos de 12 parasegundos. Eso es muchísimo, pero se tarda menos en tomar decisiones por Telegram.

Me ha dejado dormir en el sofá de su casa y yo tengo resaca y me duele la cabeza, pero M ha hecho tostadas para mí y para su amiga y hace tanto que nos nos vemos que parece que nos vimos ayer mismo. El tiempo, como digo, se agota y se expande y no es más que una historia que nos contamos. Hablamos de política y de amistad y de cómo la política y la amistad se fusionan y se expanden. Parecemos el Halcón Milenario recorriendo la carrera Kessel del 2015 a toda velocidad: a más de 12 parasegundos y siete millones de grupos de Telegram de velocidad.

Me pregunta porque estoy tan tranquilo y le digo que nada de lo que suceda en 2015 puede alcanzarme porque yo viví 2014 y en 2014 pasaron todas las cosas que podían pasar: vinieron todos los huracanes y levantaron la pintura de todas las puertas y dejaron los libros y los cómics tendidos en el suelo, y los átomos desaparecieron de las fotografías y en medio de horrores imposibles de imaginar, incluso ahí, estallaron alegrías enormes. Mientras lo digo me doy cuenta de que estoy celebrando el aniversario de algo que ocurrió hace cuatro siglos en una sala de hospital.

Las cosas cambian todo el rato y el año del cambio podría ser un relato, o millones. Permitamos que sean millones de relatos de cambio. La gente se sigue muriendo en el año del cambio. Es una frase que me repito y que se concreta vía Telegram segundos antes de que J empiece a explicar las prácticas cooperativas en un encuentro sobre cultura en Barcelona y a hablar de líneas de autobús romanas y bosques comunales. Ahí estoy yo sentado queriendo estar a la vez allí y en otra parte. La muerte últimamente llega por mensajería instantánea y la combatimos con otros mensajes de afecto. Electrones teledirigidos contra las rocas de la muerte. No me importa si creéis que no hablo de política: yo sólo sé hablar de política, así que ahora también.

A través del aparato que tengo en las manos puedo estar aquí y allí sin estar del todo ni aquí, ni allí. Esa noche veré un capítulo del Doctor Who en el que el doctor se aparecerá durante unos microsegundos delante de su acompañante, que está atrapada en un limbo feliz de familia, hijos, parques y edredones, y vendrá a traerle la verdad, que es el fin del confort y el principio del cambio. Así que me quedo ahí sentado con mi máquina móvil de estar y no estar en dos sitios a la vez, mandando mensajes. Pero luego esos mensajes forman imágenes en la cabeza y se quedan ahí y construyen algo, yo no sé qué.  Todo el universo está contenido en nuestra cabeza pero, como con los móviles, necesitamos un interfaz para sostener esa imaginación. A esa interfaz la llamamos cuerpo. Los cuerpos a veces se agotan y mueren y nos quedan sus historias en el año del cambio.  

Mi padre creyó que iba a suicidarme porque le mandé un relato sobre personas que mueren y ahora me lee en twitter para saber que estoy bien. Esa es la potencia de las historias y de los cuidados. Mi padre me dio una cama este año inolvidable y ahora nos echamos de menos y nos mandamos mensajes de mail y sms porque él no tiene Telegram. En serio, estoy hablando de política. Atendedme, por favor: estoy hablando de política.

Le digo a M, en su precioso salón, que tengamos cuidado con la aceleración. Le hablo de gestión documental, de nervios a flor de piel. Días después lo repito en un bar hablando con J. La política no puede ser sólo anfetamínica porque nuestros cuerpos no lo aguantan. La muerte llega igual en el año del cambio y en el anterior y en el siguiente y hay que estar preparado para conquistar calmas.

Hablamos de elecciones. La velocidad electoral y la velocidad del día siguiente, cuando se apagan los Telegrams, “when the music is over” que decían Los Doors. Cuando el Halcón Milenario se enfrenta a la maquinaria política más refinada para desapasionar, segmentar, aburrir y hacerlo todo lento. Los saberes de la velocidad se vuelven inútiles paseando por los pasillos del congreso de los diputados y en las salas de plenos de los ayuntamientos. Los zapatistas lo llevan diciendo años, desde que sacaron aquello que muchos no entendimos sobre la velocidad del sueño. La velocidad del sueño viaja a lomos de caracoles. Es solo que ahora, como en La Historia Interminable, estamos cabalgando caracoles de carreras.

El tiempo es un problema político.

Nuestro problema político es el enfrentamiento entre varios tiempos. El tiempo del cambio y el tiempo del tedio. Cuanto más aceleramos nuestro tiempo de cambio más nervioso se pone el tiempo del tedio y se pregunta cuándo vinieron estos bárbaros a robarles los relojes.

Pero no solo queremos quedarnos con sus relojes: queremos relojes nuevos. Por eso necesitamos caracoles de carreras y grupos de Telegram y noches sin dormir y colectivos que se vuelven familias y ocupan nuestra mente y nos dejan sin tiempo siquiera para enamorarnos si nos da la gana o mandarnos a la mierda si nos da la gana también. Por eso necesitamos el mejor sistema de frenada del mundo. Una red de amigas y amigos, familias y personas desconocidas que nos sujeten y a la que nos sujetamos.  

A se sienta delante de mí y bebe cerveza y me habla de tebeos y de las películas de Edward Furlong después de Terminator y yo le digo que vea “El Arpa de Hierba”, que sale Furlong y que vimos C y yo hace años en uno de esos cines de Madrid que ahora han cerrado. Al día siguiente mi madre me recibe para cenar y me dice que está muy contenta porque es la primera vez en meses que le he mandado un chiste por Telegram y yo me doy cuenta de que tiene razón y me siento tan bien que no puedo dormirme y esa noche C está cuidando de su hijo y nos escribimos por twitter y compartimos una canción de Los Waterboys.

Y esto también es política.  

Así que no olvidemos que el Halcón recorre la ruta Kessel a esa velocidad porque Han Solo y Chewbacca son amigos y darían la vida el uno por el otro.

Eso (también) es ganar.  

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