¿Es Lavapiés el nuevo Chueca?

El viernes el diario El Mundo publicaba, en su edición de Madrid, un artículo titulado Lavapiés releva a Chueca en el que planteaba la metamorfosis que está sufriendo ese castizo barrio por el que cada vez apuesta más el colectivo gay. Una extensa oferta de actividades culturales, alquileres mucho más asequibles que los de Chueca, el crisol de culturas de sus vecinos y comerciantes, su rollo bohemio y ese encanto de barrio de toda la vida –casi rural– son algunos de los aspectos más valorados por los nuevos vecinos, que ya notan cómo el fenómeno de la gentrificación está siguiendo los pasos de Justicia y Universidad.

Lo saben bien en la Fundación 26 de Diciembre, que tras intentar encontrar un local en Chueca y Malasaña tuvieron que emigrar hasta C/ Amparo, 27 para poder materializar su proyecto de apoyo al colectivo LGTB que ya se encuentra en la tercera edad, con un Centro Residencial Especializado en hombres y mujeres mayores con vidas marcadas por la persecución y la represión por su condición sexual.

«Chueca y Malasaña se han puesto por las nubes y prácticamente son inabordables. Aquí también han subido los alquileres, pero aún es posible tomarse unas cañas y no dejarse una fortuna. Este barrio, estando en el centro de Madrid, siempre ha sido algo más barato», explica el bailarín y actor Alberto Ferrero. Y todos los entrevistados para este artículo son unánimes a la hora de destacar que no quieren que se convierta en un gueto exclusivo de la comunidad LGTB.

Locales como la sala 33 (C/ Cabeza, 33) o Bearbero (C/ Embajadores, 10), que ha dejado de arreglar barbas en Malasaña para hacerlo en Lavapiés, son algunos de los negocios que han tomado el relevo de precursores como el Medea –primer bar de lesbianas de Madrid– y se han dejado seducir por este barrio, que muchos siguen viendo como algo oscuro, como Chueca en los años 80.

Como en aquellos tiempos, el Lavapiés de hoy tiene que luchar con la delincuencia y el trapicheo de sustancias estupefacientes en sus calles. De hecho, en los balcones de la plaza de Lavapiés varios vecinos colgaron hace ya unos años unas pancartas en las que se quejaban por la droga que se pasa en sus calles y de la inseguridad que todo ello provoca.

Otra muestra del cambio lo encontramos en el último Orgulo LGTB, en el que tuvo lugar el primer Orgullo en Lavapiés, una iniciativa promovida por distintas asociaciones de Lavapiés y el Concejal del distrito Centro, Jorge García Castaño, destinada a descongestionar Chueca –como adelantaba en entrevista a Somos Chueca– y que reconoce a este barrio como una de las zonas con más residentes LGTBI.

Fernando

Chueca se ha convertido en marca comercial, una excusa para que todo lo que se hace aquí sea negocio. Pero al final está pasando como en la zona peatonal de Fuencarral, de un tipo de comercio alternativo y moderno se ha pasado a una calle de franquicias de grandes marcas expulsando a los originarios creadores de la idea.En Chueca al final solo quedarán locales cool para gente con dinero, y se irá, sin duda, a Lavapiés todo el movimiento joven y creativo que acompaña a esta cultura alternativa y sin complejos. Si al final se extiende en mancha de aceite y convertimos a Madrid en referente de libertad y creatividad no estará mal la cosa.

Fernando

Chueca se ha convertido en marca comercial, una excusa para que todo lo que se hace aquí sea negocio. Pero al final está pasando como en la zona peatonal de Fuencarral, de un tipo de comercio alternativo y moderno se ha pasado a una calle de franquicias de grandes marcas expulsando a los originarios creadores de la idea.En Chueca al final solo quedarán locales cool para gente con dinero, y se irá, sin duda, a Lavapiés todo el movimiento joven y creativo que acompaña a esta cultura alternativa y sin complejos. Si al final se extiende en mancha de aceite y convertimos a Madrid en referente de libertad y creatividad no estará mal la cosa.

Fernando

Chueca se ha convertido en marca comercial, una excusa para que todo lo que se hace aquí sea negocio. Pero al final está pasando como en la zona peatonal de Fuencarral, de un tipo de comercio alternativo y moderno se ha pasado a una calle de franquicias de grandes marcas expulsando a los originarios creadores de la idea.En Chueca al final solo quedarán locales cool para gente con dinero, y se irá, sin duda, a Lavapiés todo el movimiento joven y creativo que acompaña a esta cultura alternativa y sin complejos. Si al final se extiende en mancha de aceite y convertimos a Madrid en referente de libertad y creatividad no estará mal la cosa.
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Publicado el
8 de noviembre de 2015 - 20:37 h

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