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Un colegio religioso compra el histórico edificio del club Stella, icono de la arquitectura racionalista en Madrid

Estado actual de la Piscina Stella de Madrid

Somos Madrid

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La emblemática Piscina Stella tiene nuevo dueño. La histórica sede del ocio madrileño, famosa por sus fiestas entre la alta sociedad madrileña y su espíritu liberal durante el franquismo, ha sido adquirida por la congregación francesa Unión Cristiana de San Chaumond, que instalará allí un centro educativo.

El edificio, situado en el número 231 de la calle Arturo Soria, en el distrito de Ciudad Lineal, ha sido vendido después de dos décadas cerrado y pasará a ser la futura sede del Colegio Saint Chaumond. La operación ha sido gestionada y asesorada por la agencia inmobiliaria TOP Real Estate, firma boutique especializada en activos singulares.

La adquisión del histórico complejo, según apunta la información adelantada por el diario El Mundo, se produce en un momento de fuerte expansión de esta congregación en la capital. Desde hace algunos años, su crecimiento se ha visto impulsado por compras agresivas de inmuebles educativos y por litigios en los que ha conseguido apropiarse de propiedades ajenas mediante el derecho de usucapión, un mecanismo legal que permite a un juez reconocer como propietario a quien ha ocupado y explotado un bien durante años, aunque no disponga de título legal.

El inmueble fue puesto a la venta en 2018 por los herederos de Manuel Pérez-Vizcaíno y Pérez-Stella, promotor original del complejo. En 2011, el Ayuntamiento de Madrid reconoció su valor arquitectónico y lo protegió mediante un plan especial urbanístico, limitando las intervenciones en fachadas y elementos estructurales. Sin embargo, esta protección no ha logrado frenar su deterioro.

Fachada principal del Stella, ubicada en el número 231 de la calle Arturo Soria

Actualmente, el edificio cuenta con un nivel tres de protección, grado parcial, uno de los más bajos del catálogo municipal, mientras que sus jardines disponen de una protección incluso inferior. En 2024, el PSOE propuso elevar su protección y declararlo Bien de Interés Patrimonial (BIP), una iniciativa que no prosperó en la comisión municipal de Cultura, Turismo y Deporte.

El edificio se asienta sobre una parcela de aproximadamente 8.000 metros cuadrados, de los cuales unos 4.000 corresponden a jardines. Su nueva utilización como centro educativo requerirá la modificación de la actual calificación de uso dotacional deportivo.

Además, la protección patrimonial del complejo limita de forma estricta las intervenciones. Según la normativa, el comprador no podrá modificar la fachada ni los jardines, cuya protección abarca el arbolado, la vegetación, la forja de la puerta de entrada y diversos elementos decorativos. En el caso de que se quisiera recuperar el uso de la piscina, el vaso debería adaptarse a la normativa vigente, al igual que el trampolín, cuyo uso estaría actualmente prohibido.

Un icono del racionalismo

La Piscina-Club Stella es uno de los ejemplos más singulares del racionalismo madrileño del siglo XX. Su extensa fachada blanca en la calle Arturo Soria apenas deja entrever hoy el esplendor de un complejo que marcó una época. Su imagen más reconocible se encuentra al otro lado del recinto, visible desde la M-30: una estructura circular de inspiración náutica, coronada por el rótulo “Stella”, que se convirtió en un símbolo del paisaje urbano madrileño.

Inaugurada en 1947 por iniciativa de Manuel Pérez-Vizcaíno y Pérez-Stella y proyectada por el arquitecto Fermín Moscoso del Prado, la piscina nació como una anomalía en la Madrid de la posguerra. Sus líneas curvas y su concepción como club integral de ocio, con piscina, restaurante, bar, gimnasio, peluquería, bolera y salón de baile, contrastaban con una ciudad aún marcada por las heridas de la Guerra Civil.

La cercanía de la base aérea estadounidense de Torrejón de Ardoz atrajo a familias de militares norteamericanos con alto poder adquisitivo, a las que se sumaron figuras destacadas de la vida social madrileña, incluidos jugadores del Real Madrid, artistas y algunos de los personajes más relevantes de la alta sociedad de la época. De esta forma, el Stella se consolidó como uno de los escaparates sociales del franquismo en los años sesenta.

El éxito del club impulsó una ambiciosa ampliación en 1952, diseñada por Luis Gutiérrez Soto, uno de los grandes maestros del racionalismo español. La intervención mantuvo la pureza formal del edificio original y reforzó su imagen de club náutico urbano, creando un oasis arquitectónico en el entorno de Ciudad Lineal. A partir de los años ochenta, la competencia de nuevas piscinas privadas y la expansión de instalaciones públicas más accesibles fueron erosionando su clientela. Incapaz de adaptarse a un nuevo contexto urbano y social, el Stella cerró definitivamente sus puertas en 2006.

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