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Un mar de plásticos

En Europa, según un informe de la organización WWF, solamente se recicla un tercio de las 27 millones de toneladas de residuos de plástico que se producen cada año y la mitad de este material acaba en los vertederos

Es el momento de rechazar lo que no se pueda reutilizar y de cambiar nuestras pautas de uso y consumo. No hay otro camino si queremos eliminar el plástico

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Anualmente se vierten ocho millones de toneladas de plástico al mar

Anualmente se vierten ocho millones de toneladas de plástico al mar EFE

El día 3 de julio se celebra el Día Internacional Libre de Bolsas de Plásticos. La contaminación que representan los plásticos y sus derivados es un problema ambiental de primera magnitud que evidencia una situación inmanejable que es necesario abordar de una manera efectiva. Las bolsas de plástico son uno de esos materiales de un solo uso que generan graves impactos ambientales. La producción y el consumo de plásticos siguen aumentando cada año a un ritmo alarmante e insostenible. Repensar cómo se producen, usan y gestionan es un tarea inmediata en el marco de un proyecto de desarrollo sostenible.

Las bolsas de plástico están presentes, de muchas maneras, en el paisaje de nuestra vida cotidiana. En las farmacias nos venden el medicamento dentro de una bolsa, en los supermercados y tiendas todavía se siguen usando, en grandes almacenes también, donde proliferan además los guantes de un solo uso para manejar la fruta y otros productos, las bandejas de poliestireno con un film de plástico etc. En Europa, según un informe de la organización WWF, solamente se recicla un tercio de las 27 millones de toneladas de residuos de plástico que se producen cada año y la mitad de este material acaba en los vertederos.

La respuesta legislativa que se ha dado a este problema es manifiestamente mejorable. El Real Decreto para reducir el consumo de bolsas de plástico es insuficiente. Se van a cobrar todas las bolsas ligeras (bolsa de la compra) y a partir de 2021 no se comercializarán bolsas 100% de plástico ligeras o muy ligeras (bolsas de la sección de fruta y verdura). Sin embargo, en vez de fomentar el uso de bolsas reutilizables, se plantea la sustitución de estas bolsas por otras denominadas biodegradables o compostables, que en su mayoría siguen teniendo un porcentaje elevado de plástico (entre el 60 y el 70%). Esta sustitución de unas bolsas por otras, no solucionará el problema. Se necesita la reducción de su consumo (o de cualquier otro tipo de bolsas de un solo uso) de forma masiva hasta conseguir el objetivo de que desaparezcan y solamente se puedan contemplar alternativas reutilizables.

Es el momento de rechazar lo que no se pueda reutilizar y de cambiar nuestras pautas de uso y consumo. No hay otro camino si queremos eliminar el plástico. Es necesario un cambio radical en la producción y el uso de este tipo de plásticos, pero estas medidas deben de ir acompañadas de un gran cambio cultural y de hábitos para la ciudadanía. Es posible vivir sin plásticos que apenas duran unos minutos en nuestras manos y luego van a parar a la basura.

Los mares y océanos se enfrentan a un grave problema medioambiental debido a las altas concentraciones de residuos plásticos. Cada año, en el mundo, se usan aproximadamente 500 mil millones de bolsas de plástico y, al menos, ocho millones de toneladas de ellas van a parar a las aguas superficiales, los ríos y terminan en el mar. En el año 2050 se estima que habrá más plásticos que peces en los océanos.

Los residuos plásticos se introducen a las cadenas alimenticias marinas. Mamíferos, tortugas, tiburones y otras especies, han muerto al no poder digerir estos polímeros que en ocasiones son tóxicos. Como resultado de esta basura plástica, más de un millón de aves marinas y en torno a cien mil mamíferos marinos, pierden la vida cada año debido a que ingieren estos plásticos o terminan atrapados por muchos de estos residuos que les causan asfixia o los mutilan. Los nanoplásticos generan además otro tipo de contaminantes como bifenilos policlorados (PCB) e hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP o PAH), causando efectos tóxicos y, en algunos casos, provocando problemas hormonales en determinadas especies marinas.

Estos datos evidencian la magnitud del problema y respaldan la necesidad de actuar de una manera urgente en el desarrollo de acciones regionales y estatales, así como las medidas internacionales sustanciales en la próxima década, para frenar el ingreso creciente de los desechos plásticos en nuestros océanos. Revertir el daño producido por la basura plástica que se distribuye en nuestras aguas es un objetivo de primer orden y disminuir de una manera drástica este consumo y, especialmente el de bolsas de plásticos, significa una apuesta por otro modelo de producción y consumo.

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