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El agua que le sobra al Segura: ¿trasvase a la Cuenca del Ebro?

 ¿Por qué no trasvasamos el agua que le sobraba a la Cuenca del Segura cuando el 28/09/2012 el embalse de Puentes recibió caudales que superaron los 2000 m3/s? ¿Y la que sobraba en las inundaciones de agosto (¡agosto!) de 2010? ¿Septiembre de 2009? ¿Octubre de 2003?

Un trasvase de cientos de kilómetros desde el Ebro es tan inviable que ni siquiera el PP, con sus mayorías absolutas y sus gobiernos nacional y autonómicos, lo ha desarrollado más allá del eslogan trasnochado e inquino del “Agua para todos”

Debemos apartar viejos dogmas y enfrentamientos regionalistas, pensando a escala nacional, desmitificando los pros y contras de las derivaciones kilométricas de agua y sin supeditación a las ideológicas y partidistas

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En la última gran avenida en la Cuenca del Segura, se alcanzaron caudales por encima de los 2000 m3/s. Al Segura le sobra mucha agua. ¿Por qué no clamamos por un trasvase hacia el Valle del Ebro para evitar nuestras inundaciones y solucionar su sequía? Una locura. Pues hace un mes, el Ebro alcanzó caudales similares. En el Sureste no se hablaba de otra cosa, y no parecía tanta locura. Vamos a matizarlo.

El pasado 15 de abril, el río Ebro experimentó una avenida extraordinaria que provocó desbordamientos en numerosos tramos de su cauce, llegando a la ciudad de Zaragoza un caudal máximo de 2050-2200 m3/s. Las  impactantes imágenes de la crecida dieron rápidamente la vuelta por todo el país y las reacciones viscerales por parte de la España más árida no se hicieron esperar. A los comentarios en redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, totalmente infundados e impregnados de odio, en torno a la idea de que “esto es culpa de ZP y ojalá se ahoguen todos los aragoneses, por no querer darnos agua”, se unieron declaraciones y actos vergonzosamente demagógicos y populistas de autoridades políticas murcianas, como  la visita “de solidaridad” de Garre a zonas afectadas o los datos aportados por el Consejero de Agricultura y el propio Presidente regional, que afirmaron, respectivamente,  que el agua que le sobra al Ebro en cinco días llenaría todos los pantanos del Segura y que lo arrojado al mar en doce horas cubriría las necesidades murcianas de un año.

¿Pero realmente hay agua que sobra en unas zonas de España y que puede ser trasladada a otras donde falta y solucionar así de una sola tajada dos graves problemas ambientales (inundaciones y sequías)? Siento ser un aguafiestas, pero la respuesta no admite discusión, ni desde un punto de vista técnico, ni ambiental, ni económico, ni social, ni cultural, ni político, ni integral: no.

Sistema natural

Un río de primer orden vertebra toda una cuenca hidrográfica, recibiendo aportes de otros cursos secundarios, permanentes o no, hasta desaguar en el mar, sedimentos incluidos. Forma parte del ciclo del agua y en definitiva del complejo sistema natural: hay entradas, escorrentías, infiltración, erosión, transporte, sedimentación, percolación, geodinámica costera… a lo largo de un ciclo estacional que se autorregula. Cualquier intervención en este proceso más allá de regulaciones y derivaciones muy controladas, más en un contexto de cambio climático, puede provocar su desequilibrio y su devastación, causando problemas ambientales (ecosistemas), económicos (costes de infraestructuras y energía), culturales (etnografía de ribera), sociales (elitismo en el consumo hídrico), materiales (desgaste de infraestructuras)… Un trasvase de cientos de kilómetros desde el Ebro es tan inviable que ni siquiera el PP, con sus mayorías absolutas y sus gobiernos nacional y autonómicos, lo ha desarrollado más allá del eslogan trasnochado e inquino del “Agua para todos”.

El Ebro no tiene la culpa. Los ríos se desbordan por procesos naturales, dentro de una relativa normalidad; si estas crecidas causan daños es por la mala gestión territorial humana, con ocupaciones de suelo inadecuadas y sobreexplotación de recursos. Todos los ríos cuentan con un lecho de inundación técnicamente delimitado, en función de años de retorno. ¿Los tenemos en cuenta? Casi nunca, asumiendo, aunque sea inconscientemente, el coste de nuestra mala ordenación del territorio (urbanización de zonas inundables o intensificación del regadío ilegal, por poner dos ejemplos paradigmáticos).

El agua que le sobra al Segura: ¿trasvase a la Cuenca del Ebro?

Crecida de la Rambla de Fuente Álamo, 2012

El agua que en esta avenida “le sobra” al Ebro no es constante, sino producto de una situación excepcional, provocada por un fuerte episodio de lluvias equinocciales junto al deshielo en zonas altas, una combinación que ocurre una o pocas veces al año, y en ocasiones nunca. ¡Ojo!: también se dan caudales extraordinarios en el río Segura (a pesar de su extrema regulación), y en cualquier río mediterráneo. ¿Por qué no trasvasamos el agua que le sobraba a la Cuenca del Segura cuando el 28/09/2012 el embalse de Puentes recibió caudales que superaron los 2000 m3/s? ¿Y la que sobraba en las inundaciones de agosto (¡agosto!) de 2010? ¿Septiembre de 2009? ¿Octubre de 2003?... La Cuenca del Ebro también presenta una situación de sequía a pesar de estos episodios coyunturales de crecida.

Problema de falta de agua en España

Por supuesto que en la Región de Murcia (y todo el sureste peninsular) hay un grave problema de escasez hídrica; al fin y al cabo disfrutamos (y sufrimos) de un clima semiárido, con características estacionales mediterráneas. No es una preocupación local; el abastecimiento de agua para consumo, riego y cualquier actividad económica es un asunto de Estado, un servicio inalienable, un derecho básico, una cuestión de ciudadanía e igualdad. ¿La única solución es trasvasar agua de un lugar a otro? Obviamente no. Un trasvase, además del coste medioambiental mencionado, presenta un elevado coste energético, técnico, económico, además de social, cultural y político. ¿No existen alternativas de menor coste? Si el trasvase del Tajo sigue en funcionamiento es por haber asumido ya su coste, a lo largo de las últimas décadas, pero parece claro que requiere de una regulación más estricta, ajustada a una actualización permanente de las reservas hídricas de cada cuenca. Cada vez se construyen más desaladoras, y se optimizan las técnicas de almacenamiento y riego, y aunque el precio de esta agua sigue siendo elevado, es claramente menor que el que se derivaría de un nuevo gran trasvase intercuencas.

El desarrollo económico, equitativo y sostenible, también requiere de actuaciones, no creo que haya que caer en el mantra conservacionista de la cero intervención en la Naturaleza. Entonces, ¿trasvases nunca? No. El gran trasvase del Tajo, ya en funcionamiento y con su coste efectuado, debe ser mejor gestionado, con mentalidad de país, y se pueden seguir contemplando, junto a otras instalaciones e infraestructuras, trasvases entre cursos hídricos, a distancias salvables y con las suficientes garantías de equilibrio ambiental y sostenibilidad económica y natural, con informes técnicos pertinentes, totalmente apolíticos en su elaboración.

A por alternativas

En definitiva, un trasvase desde el Ebro no soluciona ningún problema de inundaciones allí, ni de sequía aquí. Afirmar que al Ebro le sobra agua cuando sufre una crecida es equivalente (salvando las distancias proporcionales) a decirlo para el río Segura cuando se desborda en distintos puntos de la cuenca. Todos nos llevaríamos las manos a la cabeza con tal manifestación.

Creo que ahora, que ha pasado un mes desde la última avenida y están los ánimos más calmados, podemos reflexionar sobre ello y no olvidar exigir a la clase política regional y nacional que llegue a buen puerto con el Pacto Nacional del Agua que se está pergeñando. La propia ministra del ramo, en el Congreso Nacional de Comunidades de Regantes que se celebra estos días en Torrevieja, asegura la imposibilidad del trasvase del Ebro, frente a la obsesión trasvasista del grueso de agricultores, precisamente en la ciudad con una de las desaladoras más potentes del país. Debemos apartar viejos dogmas y enfrentamientos regionalistas, pensando a escala nacional, desmitificando los pros y contras de las derivaciones kilométricas de agua y, en definitiva, teniendo en cuenta todas las valoraciones técnicas comentadas, sin supeditación a las ideológicas y partidistas. Es la única forma, al amparo de una adecuada y global ordenación del territorio, de un verdadero “Agua para todos”, sostenible, ético, justo, viable, universal… y real.

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