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"Estamos ya en los límites del ajuste de las condiciones laborales"

El presidente del Consejo de Relaciones Laborales, (CRL), Tomás Arrieta, advierte de que "nos espera un otoño caliente y un periodo de conflictividad creciente".

"Si esperamos que los jueces nos arreglen esto, estamos profundamente equivocados".

"En estos momentos no procede una nueva reforma. No sería bueno, ese margen está agotado"

Tomás Arrieta, presidente del Consejo de Relaciones Laborales (CRL)

Tomás Arrieta, presidente del Consejo de Relaciones Laborales (CRL)

Tomás Arrieta (Bilbao, 1958) encara su segundo y último mandato al frente del Consejo de Relaciones Laborales (CRL). No ve nada fácil que patronal y sindicatos alcancen un acuerdo antes de fin de año y cree que la judicialización, tras el decaimiento de la mayoría de los convenios, solo dará una respuesta parcial al conflicto en las relaciones laborales en Euskadi, y "no contribuye a crear un clima favorable a las negociaciones". Arrieta advierte de que "estamos ya en los límites del ajuste de las condiciones laborales" y constata que "nos espera un otoño caliente y un periodo de conflictividad creciente".

Pregunta. Los sindicatos han avisado de un otoño caliente. Pero en julio y agosto se han acumulado los conflictos en el Preco. Los datos evidencian que lejos de enfriarse el efecto 7-J, la conflictividad crece.

Respuesta. La conflictividad sigue, efectivamente. Se acumulan las reclamaciones en el Preco y en su práctica totalidad están derivando a los juzgados de lo Social. Estamos ante un escenario de alta conflictividad.

P. Y solo desatascando un sector como el Metal, que acumula en el Preco 252 conflictos que afectan a 154.000 trabajadores, o los cuatro conflictos que afectan al sector público, con 30.528 trabajadores, las estadísticas bajarían un montón.

R. El escenario es extraordinariamente difícil y da la sensación de que no hay una modificación mínimamente significativa frente a las posturas anteriores al 7 de julio. Pero hay vida más allá del 7 de julio y hay margen de negociación y de llegar a acuerdos que retrotraigan la situación a antes del decaimiento de los convenios por efecto de la reforma laboral. Claro que a medida de que el tiempo pasa, eso es cada vez más difícil. Las partes deberían activar las negociaciones, pero me parece complicado porque la judicialización de los conflictos no contribuye a crear un clima favorable a las negociaciones, pero es imprescindible. Otra de las cosas que la reforma laboral ha introducido en nuestras relaciones laborales es un principio de prevalencia legal de los convenios estatales frente a los provinciales o territoriales de Euskadi. Lo ideal sería un acuerdo interprofesional que dotara de una seguridad y estabilidad a los convenios que se pudieran firmarse en un futuro más o menos próximo.

P. De alguna manera el lehendakari buscaba con su propuesta prorrogar las negociaciones más allá del 7-J. ¿Les sorprendió la posición de la patronal de negarse de manera rotunda?

R. No fue tanto sorpresa, como la constatación de que nos acercábamos a una fecha fatídica y que el margen era cada vez más reducido. Más que sorpresa aquello fue una decepción. Yo defendí entonces que un gesto como el del mantenimiento de los convenios eliminaba gran parte de la incertidumbre que introdujo el 7 de julio y creaba un cierto colchón para afrontar con mayor seguridad esas negociaciones.

P. De alguna manera la posición de la patronal y los efectos de la reforma laboral van en contra del mantenimiento del marco propio de relaciones laborales en el País Vasco.

R. No me centraría en la patronal. Pero es un dato objetivo que en la medida de que perdemos convenios que se negocian aquí, que han sido el núcleo de nuestro sistema de relaciones laborales, evidentemente perdemos el control de la situación y de gestionar el modelo que hemos conocido en las últimas tres décadas. Y desde ese punto de vista el modelo vasco de relaciones laborales está sometido a una amenaza innegable. Serán los agentes estatales los que fijen el marco y las reglas del juego. Y eso es malo y claramente negativo. El mantenimiento de ese marco propio interesa a los sindicatos y a la patronal.

P. A la patronal y a las empresas porque se van a ver afectadas por esa jungla de competencia en la que se pueden ver inmersas por el decaimiento de los convenios propios.

R. Sin duda ninguna. El papel de los convenios sectoriales, entre otras cosas, ha sido el de ser instrumento de regulación de la competencia desde el punto de vista del coste laboral, de las condiciones y garantías que se establecen. Un instrumento de homogeneización de las garantías que desaparece y nos coloca en una situación mala para todos.

P. La salida de la crisis y la recuperación del empleo exigen una estabilidad también en las relaciones laborales que ahora no existe.

R. La situación de las relaciones laborales ahora en Euskadi nos hace pensar que, efectivamente, nos espera un otoño caliente y un periodo de conflictividad creciente. Es cierto que en el nuevo contexto que propicia la reforma laboral, la patronal ha puesto encima de la mesa el elemento de la flexibilidad. El punto esencial es cómo hacer compatible cierto grado de flexibilidad interna razonable y negociada en las empresas. Adaptaciones eficaces y rápidas, pero con el mantenimiento de un marco seguro de condiciones de trabajo que es imprescindible para crear un clima favorable a una actividad económica normalizada.

P. La cuadratura del círculo.

R. Es la ecuación y el reto principal al que nos enfrentamos.

P. No parece que sea el marco en el que nos estemos moviendo. Y las apelaciones tanto del consejero Juan Mari Aburto como del lehendakari a que esperan que los empresarios “no hagan barbaridades” son planteamientos preventivos ante las cartas que han enviado algunas empresas a sus trabajadores en relación a los cambios en las condiciones laborales.

"Si perdemos convenios que se negocian aquí, el núcleo de nuestro sistema de relaciones laborales, evidentemente perdemos el control de la situación y de gestionar el modelo que hemos conocido en las últimas décadas. El modelo vasco de relaciones laborales está sometido a una amenaza innegable.


R. No es fácil que un empresario que pueda mantener determinadas condiciones de trabajo vaya a modificarlas a la baja de modo unilateral solo porque el contexto normativo se lo permite. No creo que las cosas vayan a ser así, en términos generales. Al menos de los empresarios razonables y adaptados a los tiempos. Actuaciones concretas puede haberlas, claro. Por eso esas apelaciones están bien, pero no creo que hay un riesgo de que la gente cometa muchas barbaridades, porque van en detrimento de uno mismo. Gran parte de las comunicaciones que se están enviando desde las empresas no dicen que se van a cambiar las condiciones laborales ya, sino que se las puedo cambiar en un futuro inmediato.

P. Pero introduce un elemento de miedo en las relaciones entre trabajador y empresario.

R. En efecto. Eso introduce un elemento de miedo y de falta de seguridad y de certidumbre. Y eso es muy malo. Lo que hay que hacer es establecer bien las condiciones y requisitos a través de los cuales -si hay que adoptar decisiones para adaptar las condiciones de trabajo-se haga de manera pactada y con garantías, con instrumentos para resolver los bloqueos, con apoyo del Preco. Diseñemos todo eso. Es la única posibilidad y se debe hacer. No se puede vivir con ese grado de incertidumbre y de precariedad de no saber cuándo me van a modificar las condiciones y parece razonable que las empresas dispongan de mecanismos para la flexibilidad cuando se den circunstancias objetivas y acreditables.

P. ¿Y estamos preparados para una segunda decepción?, por usar el término que ha empleado antes.

R. No lo sé. Una segunda decepción sería mala, y una tercera, peor. Pero estamos condenados a retomar el diálogo desde estas bases.

P. También es cierto que hay responsabilidades compartidas. Y que en algunas negociaciones y en determinadas empresas, algún sindicato ha planteado imposibles a sabiendas, fuera de la realidad. Y hay una lucha sindical clara.

R. La responsabilidad es de todos. Y esto puede sonar a discurso políticamente correcto. También del Consejo, que no ha sido capaz de encontrar y trabajar fórmulas… En fin. Pero no es buscar culpables, sino buscar un correcto análisis. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos satisfaciendo a unos y otros y con una suerte de interés común.

P. Pero avanzamos a una judicialización clara.

R. Pues si estamos esperando a que los jueces nos arreglen esto, estamos profundamente equivocados. No porque los jueces no sean capaces de dar respuestas, sino porque las respuesta judicial no es la adecuada a los problemas que tenemos. Y mucho menos para definir los elementos básicos de un modelo. Serán respuestas parciales a conflictos puntuales que les plantean las partes y que, en virtud de la independencia judicial, pueden ser resueltos de una manera muy distinta. Y no son fácilmente reconducibles a principios generales y tienen un tiempo de respuesta y de unificación largos.

P. El consejero Aburto plantea la posibilidad de reunir la mesa de diálogo social, donde no participan ni ELA ni LAB.

R. Del que tenemos en la mesa, ese instrumento me parece el mejor. Aunque acepto que se me diga: oiga, si ustedes han fracasado, ¿por qué se va a poder retomar el diálogo ahí? Lo entiendo. Pero la propuesta no pierde valor. O somos capaces de establecer los elementos básicos del modelo o lo vamos a pasar muy, muy mal. Peor de lo que lo estamos pasando hasta ahora. Por eso coincido con esa propuesta. No veo alternativa.

P. Esta misma semana, PNV y PSE se han puesto de acuerdo. Un pacto que parecía impensable hace unos meses y que va a generar certidumbres políticas. ¡Qué contraste con el mundo sociolaboral!

R. En términos personales, yo estoy por el pacto y por los pactos. Me parece bien. Si ensanchamos la base de lo que vamos a construir, lo que construyamos será más sólido. Sin duda. Y es innegable que no perjudica al mundo sociolaboral, todo lo contrario; aunque tampoco se trasladará de manera rápida. Cuantos más acuerdos se establezcan, estaremos poniendo unos pilares más sólidos. Tenemos que tratar de conseguir un edificio en el que quepamos todos. En ese sentido, me parece una buena noticia.

P. Y noticias como las que hemos conocido este verano de planteamiento del FMI de rebaja de salarios en España o peticiones de nuevas reformas laborales, ¿cómo se perciben desde el CRL?

R. Sobre las recomendaciones continuas de la Troika de que la devaluación interna nos va a sacar del lío, pues no la comparto. La devaluación de las condiciones laborales no nos hace más competitivos y refuerza nuestra presencia en los mercados internacionales. Si devaluamos las condiciones, lo que somos es más pobres y nos impide incidir en el modelo económico,  activarlo a través de la demanda interna. Estamos en una dirección que parece una salida a corto, pero que a medio y largo plazo no sirve para sentar las bases de una recuperación sólida. Estamos ya rozando el ajuste de condiciones laborales. En el límite. Hay que ganar productividad incrementando la cualificación de los trabajadores, sus condiciones de seguridad y con más formación. Y eso no es muy compatible con la disminución progresiva de condiciones. Hay que llegar a un equilibrio. Y sobre la reforma laboral, el margen de reformas normativas está agotado. No creo que en estos momentos proceda una nueva reforma. No sería bueno, ese margen está agotado.

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