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Opinión - Obligados a subvencionar la desigualdad, por Rosa María Artal

Mayo: Más Madrid o más Gürtel

Manuela Carmena e Íñigo Errejón

Bajo el gobierno del Partido Popular con apoyo de Ciudadanos, la Comunidad de Madrid se ha convertido en una región más segregada, ineficiente e injusta, en donde los más pudientes reciben subvenciones y los más perjudicados son perseguidos. Si Madrid no está peor es gracias a su ubicación como centro económico de España, una realidad que en lugar de aprovecharse para garantizar la prosperidad a la ciudadanía madrileña, se utiliza para implementar medidas que tienen como único objetivo beneficiar a la cúspide de la pirámide. En Madrid, al mismo tiempo que se crece económicamente también aumenta la deuda, la desigualdad y la exclusión social. Por una sencilla razón: la orientación de las políticas públicas en favor de unos intereses minoritarios en detrimento del bienestar del conjunto de la población. Dicho de otra manera, para que los ricos puedan ser todavía más ricos, los pobres tienen que ser todavía más pobres.

Cómo es posible que seamos la región más rica de España, al mismo tiempo que somos una de las regiones de Europa más desiguales. Esto se explica, entre otras razones, por el desprecio a la democracia que destilan las élites extractivas que gobiernan la comunidad, lo que se traduce, por ejemplo, en que somos la región de España que menos invierte en educación –también la que tiene la educación más segregada-, la que menos invierte por habitante en gasto social y unas de las que registra mayor riesgo de pobreza cuando lo medimos en relación a la propia riqueza que genera Madrid. Dicen defender la vida, pero luego vacían de pediatras la sanidad y limitan las visitas a la mañana, dicen defender la familia, pero luego la mayoría de los solicitantes de ayudas a la dependencia en Madrid murió sin percibirla, dicen apoyar a la juventud y luego hacen todo lo posible por acercarles a las casas de apuestas y retrasar su emancipación. Afirman que Madrid es una tierra de oportunidades, pero se olvidan de la distribución de rentas: la renta media de Madrid es muy superior a la del resto de España (casi un 18%), pero más del 30% de la población madrileña ingresa menos de 1000 euros al mes. Dinero hay y mucho, la pregunta es dónde, si en su bolsillo o en el tuyo.

El gobierno de la Comunidad de Madrid ha trabajado sistemáticamente para cercenar la libertad de los madrileños acabando con las condiciones que le permiten a uno ser libre: los derechos sociales. Cuando toda su política se traduce en el aumento del precio del alquiler, en fomentar el trabajo precario, en ponerle una alfombra roja a las casas de apuestas o en destrozar el metro, lo que están haciendo es vaciar la posibilidad de que todos los madrileños tengan el mismo derecho a decidir en libertad. ¿De qué oportunidades hablamos cuando 1 de cada 3 niños de Madrid se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión? ¿Qué libertad de elección existe cuando el barrio donde se ubica el colegio determina si se saca mejor o peor nota en la selectividad? ¿Qué seguridad existe cuando el alquiler se lleva medio sueldo? La «libertad» del PP siempre acaba convirtiéndose en el privilegio de unos pocos en detrimento del derecho la mayoría: libertad para que los ricos paguen menos impuestos, libertad para que sus hijos solo se mezclen entre ellos, libertad de las casas de apuestas para expandirse por los barrios.

Todo lo malo siempre es peor cuanto menos renta se tiene: la obesidad, la contaminación, la educación, o el transporte. Esto tiene que cambiar. Madrid necesita un cambio que garantice a todas las personas un suelo mínimo de dignidad para que cualquiera, independientemente de su cuenta corriente y del barrio en donde viva, pueda disfrutar del mismo derecho a ejercer su libertad. Esto será factible si se ponen en marcha los mecanismos políticos, presupuestarios, institucionales y jurídicos necesarios para que, por ejemplo, todas las familias tengan la tranquilidad de que el mejor colegio al que va a ir su hijo sea el colegio más cercano a su domicilio. Para movilizar a precios asequibles miles de viviendas de las más de 260.000 vacías que hay en Madrid, poniendo de acuerdo a propietarios e inquilinos en donde los únicos que salgan perdiendo sean los especuladores. Para coordinar y ampliar la red de transporte público, mejorar su funcionamiento, electrificarlo y facilitar el acceso con precios más reducidos. Para desarrollar planes de conservación de espacios naturales y vida silvestre sobre la expansión urbanística, desplegar un turismo sostenible y conectar a la ganadería y agricultura con los consumidores y administraciones. Para revitalizar la negociación colectiva, mejorar la calidad del empleo en Madrid y garantizar los derechos, con especial atención en las mujeres. Para desplegar un plan de rentas eficiente y justo que borre la vergüenza colectiva de la pobreza severa y reduzca drásticamente la desigualdad.

Estas líneas de intervención –y muchas otras-, se encuadran en un mismo “núcleo de sentido”: la democracia es el poder de los que no tienen poder. Se trata del poder para poder vivir con dignidad y se trata de contar con la seguridad que permite decidir en libertad, algo que beneficia al conjunto de la región, porque una sociedad libre es una sociedad que avanza y avanza porque todos sus miembros, y no solo unos pocos, pueden hacerlo. Al contrario de lo que repiten PP y Ciudadanos, los países donde la movilidad social es más factible y menos determinada por los ingresos familiares, es decir, en donde más se valora el esfuerzo, es en los países con los Estados del bienestar más desarrollados. Cuánto talento, proyectos, innovación e inteligencia colectiva estamos desperdiciando, por culpa de un modelo centrado en aplicar políticas que insisten en segregar y frustrar a los madrileños. Madrid puede convertirse en la punta de lanza de la España democrática, la que junta a quienes no renuncian a lo logrado con quienes tienen la necesidad de conquistar más. Hay que volver a poner de acuerdo a los españoles empezando por Madrid. Tejer de nuevo el deseo de la amistad y la justicia, que en las tiranías se aminoran, y en las democracias, como recuerda Aristóteles, se agrandan, pues es mucho lo que tienen en común los que son iguales. Para todo eso, Más Madrid.

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Publicado el
18 de enero de 2019 - 22:15 h

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