Bienvenidos a la política

Juan Carlos Monedero, Tania González, Luis Alegre, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Carolina Bescansa, en la asamblea de Podemos en Vistalegre. / Marta Jara

Por la falta de costumbre, creo que no llegamos a darnos cuenta de la magnitud del cambio que representa el proceso en el que anda metido Podemos para decidir su forma de ser. Nunca habíamos asistido a la construcción de un partido con la posibilidad de intervenir en su estructura y fundamentos. Mientras los amigos y exministros del PP pasean por delante de los jueces, IU duerme un sueño exasperante que parece el de los justos, UPyD repite entre bostezo y bostezo que la democracia la inventó Rosa Díez y el PSOE organiza aquí y allá primarias tan cosméticas como sus llamadas al 'Sálvame', hay gente que está ejerciendo la democracia como no se recuerda. Ya te puede repatear Podemos hasta lo más hondo, pero veo difícil negar que están cambiando la forma de hacer política en este país.

Evidentemente, ni el proceso es perfecto ni todo es como nos gustaría; ni siquiera es como los propios promotores dijeron que sería. Creo que de ahí viene parte de la crítica y la frustración que han provocado algunas propuestas, maniobras y gestos de Pablo Iglesias y sus compañeros en estos días. Son presos de sus propias palabras. Prometieron un partido de la gente y de los círculos, horizontal y asambleario y ahora se han dado cuenta de que, para ganar, tienen que ir al grano y tomar el mando. Iglesias promete ponerse al servicio de la organización que le ha pedido que sea el líder, y acto seguido dice que se quitará de en medio si no votan su modelo. Si dices que crees en el poder popular, deberías someterte a sus decisiones. Como dice la policía, cualquier palabra que digas podrá ser utilizada en tu contra.

También presentaron un programa electoral para las europeas muy ambicioso y Évole me confesó en una reciente entrevista que Pablo Iglesias le dijo que tienen que sentarse a revisarlo porque lo hicieron motivados por la ilusión y por las prisas. El mismo Évole contó el otro día en el programa de Buenafuente que el líder de Podemos dejará su escaño en la Eurocámara si no gana las generales. O sea, ni va a ser todo tan bonito ni tan fácil ni tan coherente como parecía o como gustaría a la gente que se ha ilusionado con Podemos. Ángel de la Cruz, de IU, lo resumía con mucho acierto en un artículo: “bienvenidos a la política real, compañeros”.

La política es el arte de lo posible, pero el ser humano sueña con lo imposible. Por eso se producen, se han producido y seguro que se producirán decepciones o resquemores con algunas decisiones de los promotores del partido. Dándole alguna vuelta a las palabras del propio Iglesias, aunque el cielo se tome al asalto, en la subida hay que llegar a consensos con la realidad. Hay que hacer concesiones. La cuestión está en que no cedamos más de lo que tomamos y que nunca perdamos de vista los ideales que nos motivan. Ni a quienes los olvidan cuando llegan a la meta. La de Pablo Iglesias no es (como se dice) ni debe ser ganar. Ganar es sólo el medio para hacer el cambio social y político que este país pide a gritos. ¿El fin justifica los medios? Pues sólo si los medios no traicionan el fin.

El grupo Claro que Podemos no está traicionando el fin pero sí algunos principios. En realidad es algo que han hecho constantemente como estrategia: aparcar ciertos debates, ocultar ciertos mensajes, diluir la ideología, difuminar los perfiles más extremos. Así han llegado hasta aquí y por eso piden a los militantes que vuelvan a confiar en ellos para seguir camino hacia arriba. Ellos tienen claro cómo hacerlo, y de ahí la tensión que les genera pensar que puedan perder la ocasión porque la gente escoja otra vía. Era un riesgo que tenían que correr porque también es cierto que sin el apoyo de los círculos no hubieran llegado tan lejos.

La sensación de los "circulistas" (y de Izquierda Anticapitalista) de que les están dejando fuera es tan comprensible como el nerviosismo a veces mal disimulado de Pablo Iglesias. Como dijo Teresa Rodríguez en la asamblea, se juegan mucho. Todos nos jugamos mucho porque está claro que Podemos es la única oportunidad de acabar con el bipartidismo hegemónico. En ese sentido, me parece más pragmático, realista y eficaz el modelo de Claro que Podemos que el borrador de Sumando Podemos que le disputa el trono, por varias razones que descubrí, paradójicamente, hablando con los círculos en la asamblea, en principio más partidarios de Echenique.

Para empezar, Podemos aún no tiene la estructura suficiente para controlar que no se le cuelen advenedizos y trepas en los círculos como, de hecho, está ocurriendo. En un país con 8000 municipios, sería muy arriesgado presentarse a las municipales como quieren muchos activistas. Aparte del resultado incierto que puede perjudicar a una marca que hasta ahora significa éxito, podría ocurrir que las malas hierbas malograsen la marca. Creo que no es el momento de descentralizar, pero no habrá que olvidarse de reclamarlo luego si las cosas van bien.

Precisamente por la falta de tiempo y de cuadros, deben concentrarse en las generales y concentrar el golpe. La tricefalia de Sumando Podemos y su mayor horizontalidad asamblearia, más fiel a los principios de la formación, creo, sin embargo, que es más ineficaz para sus fines. Podemos tiene una cabeza visible clara y ponerle otras dos cabezas al lado puede mermar fuerzas más que multiplicarlas, generar mensajes contradictorios y provocar eternos debates para los que no hay tiempo. No hay más que ver cómo Eduardo Inda ahora apoya el asamblearismo de Podemos en televisión para empezar a pensar que hay que hacer lo contrario.

Por último, como explicó Carolina Bescansa en la asamblea, Claro que podemos está pensado para toda esa gente que no tiene tanto tiempo para la política, que tiene que conciliar vida familiar y cuidados, pero quiere participar. O sea, la mayoría de la gente. No eran los que estaban en Vistalegre, pero serán muchos de los que voten. Por eso me parece bastante probable la victoria de Pablo Iglesias. Por eso no entiendo que aprobaran, con nocturnidad y cuando Echenique estaba en un avión, la norma que obliga a votar a los tres borradores juntos (organizativo, político y ético) del grupo promotor o renunciar a votarles por completo. Es otro órdago del grupo que le puede salir caro, pero lo peor es que huele a maniobras orquestales en la oscuridad. Son estos gestos los que les desacreditan justo cuando están pidiendo que se les confíe el proceso casi por completo. Ahora los militantes tienen que decidir si perdonan o aceptan estas traiciones a los principios a cambio de la promesa incierta de alcanzar los fines. Bienvenidos a la política, compañeros.

Javier Gallego es director de Carne Cruda. Escucha las entrevistas a Jordi Évole e Íñigo Errejón en el último programa. Javier Gallego es director de Carne Cruda. Escucha las entrevistas a Jordi Évole e Íñigo Errejón en el último programa.Escucha las entrevistas a Jordi Évole e Íñigo Errejón en el último programa.

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Publicado el
24 de octubre de 2014 - 07:57 h

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