España no se puede permitir este PP

Mariano Rajoy junto a Fernández Díaz en una imagen de archivo

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Al Partido Popular le ha estallado la Kitchen en la cara. En principio, dado que cuenta con potentes pantallas de protección. Kitchen es una de las muchas tramas que el partido tiene en los juzgados por asuntos de corrupción, mordidas, sobres bajo mano u ocultación de pruebas. En esta pieza se investiga si se puede concluir que el PP llegó al extremo de espiar a su propio extesorero, Luis Bárcenas, que guardaba comprobantes de los hechos, montar una cloaca con recursos del Estado a este fin y, ya de paso, atacar con bulos a sus rivales políticos. Todo ello, sabido a través de los años, se deduce al levantar el juez el secreto del sumario de este caso: la cocina del PP.

Un país en el que se recrudece la pandemia de COVID y vive las consecuencias económicas, sociales y hasta anímicas que impone el virus no debería tener que soportar también el 'Caso PP' y sus derivaciones. El Partido Popular es el genuino representante de esa derecha corrupta que vivificó el franquismo y que, como decíamos hace unos días, sigue presente en España. No es una cuestión ideológica siquiera, hay abrumadoras pruebas de la anomalía que la derecha española supone en términos democráticos y de rigor ético. Es esa élite que reparte sus piezas por estamentos fundamentales del país para mantener el atado y bien atado de uno de sus principales referentes. Cuenta también con altos componentes de la derecha del PSOE, o de la que entendió que más vale "la pasta" que la ideología si alguna vez existió. Les estamos viendo a todos ellos y sus voceros moverse inquietos, firmando cartas de solidaridad conjunta, por si algo termina turbando la larga y en muchos casos rentable hegemonía de la que vienen disfrutando.

Hemos visto ya cómo Pablo Casado se niega a renovar el Consejo del Poder Judicial, caducado hace 2 años, en el que tiene mayoría de miembros cuando no le corresponde. El fraude democrático que supone y sus graves consecuencias. Pueden volver a recordarlo aquí porque es esencial saberlo. Sobre todo, ahora mismo, esos nombramientos de por vida en la Sala Segunda del Tribunal Supremo, por la que pasan todos los casos de corrupción. El diario de Francisco Marhuenda anuncia este martes –como en portavocía de esta derecha–  que el CGPJ "desafía el bloqueo" y seguirá con sus nombramientos. El bloqueo es del PP.

Y es que, con numerosos obstáculos, algunos de los múltiples y graves trapicheos del PP han ido llegando a los tribunales, a esos tribunales en los que han acabado situados jueces afines. Cierto que se producen sobreseimientos o sentencias exculpatorias que nos dejan "a cuadros": desde el borrado de los discos de Bárcenas a la exculpación de Ana Botella de la venta de viviendas de protección oficial a un fondo buitre. Por citar algunos de una sonrojante lista. Pero otros son tan flagrantes o son movidos por tan tenaces denuncias que siguen su curso. Además se publican en medios informativos independientes aunque los suyos –hay que reseñar esa intolerable concomitancia– callan e incluso distraen la atención.

No descartemos que, como ocurre en organizaciones de este tipo, de vez en cuando le toque a alguno pagar por todos, como soltando lastre, para que la empresa siga funcionando. Los extremos de la trama son tantos y variados que escribirían un guion de éxito para una serie de cine negro, con trazos cutres añadidos, pero los hechos que prueba la investigación son reales y se han construido a costa de los españoles y aprovechando la confianza que unos cuantos millones de ellos depositan en el PP.

Así llegamos a Kitchen, el operativo parapolicial creado para sustraer documentos al extesorero Luis Bárcenas. Hemos corroborado –llevamos años hablando de esto– que hubo esa cloaca policial con tintes especialmente significativos: el teléfono del ex número dos de Interior revela que Fernández Díaz controló la operación de espionaje a Bárcenas. Los indicios hallados en la investigación sitúan al Gobierno de Rajoy al frente de la llamada "policía política" que también desarrolló la Operación Catalunya y las maniobras contra Podemos. Ese número dos, Francisco Martínez, se fue a un notario para dejar pruebas de las órdenes recibidas temiéndose lo peor. Los mensajes entre Fernández Díaz y su número dos apuntan a la implicación del CNI en el espionaje a Bárcenas. El Centro Nacional de Inteligencia estaba en aquella época bajo el control activo de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. El juez atribuye el espionaje a Bárcenas a "órganos superiores" del Estado que querían recuperar "material comprometedor" para dirigentes del PP

La Fiscalía Anticorrupción, por su parte, vincula además a la exsecretaria general del PP Dolores de Cospedal y a su marido, el empresario Ignacio López del Hierro, por la "documentación comprometedora" que Bárcenas tendría sobre ella. Igual colea, por ejemplo, aquel viejo asunto de las basuras de Toledo. El ex tesorero del PP aportó un recibo firmado por el gerente del PP de Castilla-La Mancha por importe de 200.000 euros que, según él, constituía la comisión por adjudicar este servicio a la empresa donante. Una ganga: el contrato por varios años ascendía a 43 millones de euros. Tres jueces de Toledo archivaron, en 2019, el caso de la mordida sin mencionar siquiera a Cospedal. Por cierto, todo esto y más lo contamos ya hace años. La auténtica historia del Caso Bárcenas-PP. En 2013 y ahí seguimos con la perdiz mareada y la ironía transmutada en rabia y desolación.

Bárcenas, el primero en ser abandonado por la cúpula pese al "Sé fuerte, hacemos lo que podemos" de Mariano Rajoy en ese 2013 ya, jugó sus cartas. Martínez, el 2 de Fernández Díaz, "el juguete roto", lo ha hecho mucho peor. Fue a un notario a registrar sus pruebas pero en ellas desliza peticiones de ayuda bajo mano que guiaron la investigación judicial a terrenos bastante resbaladizos. Así llegamos a un helador "lo sé, lo sé", del mismísimo presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro en conversación con Martínez. Lean a Ignacio Escolar.

El juez que instruye este caso es García-Castellón, el mismo que persigue férreamente a Podemos por la tarjeta robada a su colaboradora Dina Bousselham, convirtiendo en sospechosos de culpabilidad a las víctimas. El que se vino a España para trabajar más y cobrar menos. A ver cómo acaba esto.

El caso Kitchen, empleando medios del Estado para una labor de encubrimiento, las prácticas continuadas o el uso del bloqueo en la renovación del Poder Judicial implicarían en un país verdaderamente serio y democrático una revisión total del partido que lo practica. Incluso una refundación tan regeneradora como puedan. Pablo Casado ha sacado el manual y ha dicho: "En esos años yo no tenía responsabilidad en el PP". En 2007 ya era diputado de la Asamblea de Madrid y nada en su gestión ha borrado el pecado original de su Máster. Su PP es el PP de siempre, como poco. De la quema no se salva ni la hipevalorada Ana Pastor, mano derecha de Rajoy y del equipo directivo de Casado, quien este martes se despachaba con un alegato casi agónico en TVE. Pocas cosas definen mejor este momento del partido y su papel. España no se puede permitir un PP en el estado que hoy se encuentra, y en el papel de distracción torticera que de continuo ejerce entorpeciendo la vida política.

Lo peor es que esta derecha, sus negocios e intereses más bien, son como una orquesta en la que cada cual tiene su papel. Unos, presuntamente, roban o malversan, otros encubren, otros disuaden con tono amable, otros enchufan el ventilador del fango, otros crean dossieres contra sus adversarios, otros difunden los bulos dejándose la dignidad en las tertulias, otros hacen sonar insistentemente el metal de los trombones para tapar el ruido de su inmundicia. Demasiados implicados. Demoledora sensación de impunidad y por tanto de impotencia pese a los avances judiciales.

Pero lo que realmente cabe preguntarse –muchos ciudadanos lo hacemos– es lo que piensan los votantes que otorgan su confianza al PP para que haga lo que hace. Nos hace a todos, a esa España a la que dicen amar. Durante años. La ignorancia no cabe ya, a este nivel no cuela. La gota malaya de sus medios afines no puede filtrarse completa en cerebros medianamente despiertos. En los votantes de la desnortada ultraderecha pura, puede ser. Pero cuesta creer que conservadores honrados avalen lo que hace el PP.  Y que se sientan cómodo confundidos en sus practicas. Nos jugamos mucho, un gran número de personas han perdido ya demasiado.

Si esta derecha española es como es se debe a la historia de impunidad en este país, fruto de corrupciones concatenadas que nunca se terminan de resolver. Pero si esa derecha está ahí, en las instituciones, es por ellos, por los ciudadanos de a pie que le prestan su apoyo.

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Publicado el
8 de septiembre de 2020 - 22:18 h

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