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Lo que ha ganado Madrid 2020: poder colgarse los aros olímpicos

Raúl Rejón / Raúl Rejón

Lo que el Comité Olímpico Internacional ha decidido a medianoche en la canadiense Quebec en el denominado corte de las candidaturas olímpicas es, en realidad, a quién le permite adornar su logotipo con los aros olímpicos. Eso es lo que distingue a las, hasta ahora, aspirantes (sin aros) de las candidatas oficiales a organizar los Juegos Olímpicos de 2020. Los aros son el maná. La fuente de ingresos de la que se nutre el Comité Olímpico Internacional. Madrid, Tokio, Bakú, Estambul y Doha aguardaban a que el COI les otorgara ese derecho. Madrid ha pasado el examen. Tokio y Estambul también. Se quedan fuera la azerí Bakú y la árabe Doha (que daba miedo por sus petrodólares pero que necesitaba llevarse los Juegos a Octubre, demasiado). Más allá de las cábalas sobre quién se llevará el certamen de 2020, que suponen un ejercicio de escrutinio lejano y difícil, Madrid ya puede colocarse los aros en su extraño logo.

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Porque en una coyuntura económica como la actual, los números del negocio del deporte importan más que nunca. Desde luego, las notas que han obtenido las ciudades aspirantes (siempre que no queden eliminadas, claro) no indican nada. En el anterior ciclo, Madrid obtuvo un 8,1. La segunda por detrás de Tokio. La urbe que luego se haría con los Juegos de 2016, Río de Janeiro, se quedó en un 6,4. Tokio quedó la tercera en Copenhague (Dinamarca), aquel 2 de octubre de 2009. Pero cuatro años antes, Madrid arrancó otra vez con la segunda calificación más alta (8,3) sólo a la zaga de París. ¿La ganadora? Londres, que encenderá su pebetero en poco más de dos meses.

Descartada la trascendencia de la nota (que además se desglosa en en un montón de apartados), el mayor premio de las ciudades que reciben el visto bueno olímpico es poder colgarse los aros y empezar a rentabilizar esa medalla. Porque aunque la candidatura madrileña presupuestó 22 millones de euros para esta intentona (frente a los 37,8 de la anterior), no cabe esperar empujón del dinero público proveniente de los impuestos. El Ayuntamiento, de momento, ha puesto 600.000 euros. Para la aventura de 2016 llegó a pagar 22 millones. Esta vez no quieren pasar de 11.

Más cifras. El gasto en infraestructuras calculado para las candidaturas de 2012 y 2016 era de 824 millones. Si bien es cierto que el 80% ya está construido (no pagado), la ejecución de instalaciones no suele ajustarse a lo planeado. Ejemplo: la Caja Mágica de tenis. De los 120 millones presupuestados, terminó costando 294. El Másters 1000 de tenis se realiza allí pero ¿qué más? El Real Madrid de baloncesto amagó con hacerla su sede y pagar un alquiler (en el que estipulaba además que debía ser en exclusiva, es decir, sin compartir con el club Estudiantes con el que se repartía la cancha en la plaza de Vista Alegre o el Palacio de los Deportes) pero se marchó. Ahora la escudería de Fórmula 1 HRC se ha instalado allí (provisionalmente).

Los aros concedidos a Madrid 2020 los gestionará un equipo dirigido por el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, que encabeza la candidatura. Para 2016, el entonces alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, colocó de jefa a Mercedes Coghen quien, tras no ganar la organización de los Juegos, pasó a asesora municipal y luego directora general de Deportes del Consistorio.

Para ejemplificar la trascendencia de tener unos aros multicolores con los que adornar todo el proceso de candidatura, basta con ver las cifras de derechos televisivos de los JJOO. Esa partida supone más del 50% de los ingresos del COI y en estas magnitudes: los Juegos de Barcelona y Albertville 92 fueron 928 millones de dólares. Sólo los de Sydney 2000 llegaron a 1.331 millones. Atenas 2004 aportó al COI 1.496 millones de dólares y el conjunto de Pekín y Turín ascendió a 2.546 (datos obtenidos del Centro de Estudios Olímpicos de la Universidad Autónoma de Barcelona).

Y sin ir tan lejos, no hay que olvidar que el Comité Olímpico Internacional (el dueño de los aros) se ha venido asegurando hasta ahora que los ingresos que obtiene por su show queden exentos de impuestos en los países anfitriones. Así se hizo en Barcelona 92, y así se propuso para Madrid (un sistema también aplicado a la Copa de América de vela disputada en Valencia).

¿Sale rentable disponer de esa insignia olímpica? Si contestara un griego diría que no, ya que los Juegos de Atenas 2004 acabaron con un desfase de 8.000 millones. En los de invierno de Salt Lake City se perdieron 150. Pero en Sydney 2000, Australia revirtió su balance comercial exterior, que pasó de perder 1.300 millones de dólares el mes antes de los Juegos a ganar más de 600 al acabarlos, según los datos del Departamento Australiano de Estadística.

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