En 2026, swing y derecho a la vivienda
¿Ya has hecho tus propósitos de año nuevo? ¿Gimnasio, estudiar otro idioma, trabajar menos, dormir más, menos pantallas…? Me suenan, sí, yo también tengo mucha voluntad en los primeros días del año y me propongo objetivos que no llegan vivos a final de enero. Así que para 2026 he apuntado en la agenda solo dos objetivos: aprender a bailar swing y resolver la crisis de vivienda.
Uno es fácil, el otro prácticamente imposible. Uno parece asequible, el otro lo exigirá todo de mí y ni por esas. Uno está en mi mano, depende de mí, mientras que el otro necesita intervención divina. Uno confío en conseguirlo, el otro seguramente me frustrará y acabaré dejándolo para otro año.
El propósito casi imposible, que me lo exigirá todo, y seguramente no consiga ni con intervención divina, es aprender a bailar swing. ¿Qué te habías pensado? Se ve que no me conoces, tengo la genética bailarina de mi padre, una falta total de coordinación corporal y mucha timidez. Totalmente negado para el baile, imagínate el swing. Me lo he propuesto para 2026 porque he visto a gente bailar swing y es pura felicidad, qué buen rollo transmiten, además de socializar y apuntarse a fiestas divertidas. No confío en lograrlo, pero lo intentaré.
En cambio, resolver la crisis de vivienda es fácil, no necesita milagros y está en mi mano conseguirlo. En mi mano y en la tuya, en la de todos, incluido el gobierno central y los gobiernos autonómicos. Si todos lo tuviéramos como buen propósito para 2026, ya te digo yo que dentro de doce meses tal vez no habríamos resuelto el disparate inmobiliario, pero seguro que estaríamos más cerca y ahorraríamos sufrimiento.
No es que esté yo en plan Mr. Wonderful de “si te lo propones, lo conseguirás”, pero parte del problema es que ni siquiera nos lo proponemos. Ni tú, ni yo ni los gobiernos, empezando por el central. Todos mirando la emergencia de vivienda como quien ve llover, todos contemplando cómo los precios del alquiler baten récords históricos mes tras mes, todos lamentando pasivamente cómo los jóvenes y no tan jóvenes sufren las consecuencias. Como quien ve llover, como si la vivienda fuese un fenómeno de la naturaleza ante el que poco podemos hacer más que buscar paraguas.
Estos días, por ejemplo: leo previsiones para el nuevo año en materia de vivienda, y todas coinciden en que los alquileres seguirán subiendo hacia nuevos récords, habrá más gente con problemas para tener techo, y también los hipotecados estarán más achuchados por un aumento de los tipos de interés. Como si leyésemos el pronóstico del tiempo: lluvias generalizadas, temperaturas a la baja, alquileres en alza, menos vivienda asequible.
Todas las previsiones de vivienda para 2026 dan por hecho que nadie hará nada por remediarlo, que todos veremos llover y lamentaremos. En estos primeros días de año estamos a tiempo de decir que no, que la vivienda no es un fenómeno natural, que por supuesto se pueden tomar medidas, incluso medidas radicales, que el gobierno central y los autonómicos tienen mecanismos para ello, y que los ciudadanos somos capaces de forzarles a actuar.
En diciembre hablamos y comprobamos si ha sido otro año perdido, o por fin garantizamos el derecho a una vivienda digna. Pero no nos rindamos ya en enero. Yo por ahora voy a buscar unos tutoriales de swing, a ver si me voy soltando. Vamos.
1