La apuesta por una escuela inclusiva en Canarias
La construcción de una escuela inclusiva es un proceso que requiere de importantes recursos y de plazos medios y largos, los cuales suelen contraponerse con el modelo de visión cortoplacista y fragmentaria que suele imperar en la acción política partidista. Si a ello se une la discontinuidad de las acciones a desarrollar por la reiterada costumbre de hacer “borrón y cuenta nueva” que tienen los actores políticos, llevar a cabo ese proceso se torna complicado, pues esas formas de actuar se contraponen a la necesidad de dar continuidad a esa apuesta para desarrollar un proyecto de escuela inclusiva que responda a las necesidades educativas que demanda el alumnado diverso que tanto por sus características personales como sociales acceden a la misma.
Generalmente, este conflicto se agudiza en la escuela pública, que es la que mayoritariamente acoge al alumnado con más problemas para desarrollarse y aprender, dado los sistemas más o menos encubiertos que tiene la escuela concertada para seleccionar a su alumnado. Otro factor son las continuas políticas de restricción del gasto en los servicios públicos, entre ellos los educativos, que complican la construcción y el funcionamiento de un sistema de enseñanza público inclusivo en las condiciones adecuadas.
En los últimos tiempos vuelven a salir a la palestra las protestas de las familias ante la carencia de servicios en la escuela pública, así como las contradicciones en el funcionamiento de una escuela que se denomina inclusiva, pero que sigue albergando en su seno elementos segregadores, a pesar de que en Canarias el proceso de construcción de una escuela inclusiva empezó a generarse a principios de los años noventa del siglo pasado.
Se han dado pasos importantes en la mejora de la respuesta educativa del alumnado con NEE o NEAE, pero ha faltado a lo largo de estos años un proyecto que apostara claramente por un modelo de escuela inclusiva que se fuera construyendo en el medio largo plazo, así como por la ausencia de una política que apostara claramente por el mismo desde la continuidad de las acciones a desarrollar, aspecto que ha tenido sus altibajos por esa discontinuidad y visión cortoplacista de la acción política que enumeramos al principio. La construcción de una escuela inclusiva requiere de amplios consensos en el ámbito político y social, así como de una voluntad política decidida para proveer los recursos que se requieren y de la participación directa de los sectores familiares y profesionales en la construcción de la misma.
Vemos en los medios, declaraciones del Consejero de Educación afirmando que van a resolver los problemas que tiene acumulados la respuesta educativa al alumnado con diversidad funcional, pero desde nuestro punto de vista, no parece que las actuaciones vayan en la línea correcta, si eso va a significar, como afirma en sus declaraciones, la construcción de nuevos centros específicos y aulas enclave. A estas alturas, lo que exige la construcción de una escuela inclusiva, es invertir en recursos que favorezcan la inclusión y no la segregación.
Urge, por tanto, la clarificación del modelo de escuela que se quiere construir, así como favorecer el necesario consenso político y social en la definición de lo que es un proyecto de escuela inclusiva, pues no puede hablarse de inclusión cuando en el sistema existen centros específicos o aulas enclave que funcionan como un sistema segregado. Ello no quiere decir que esos centros no existan de forma transitoria en ese proceso de construcción de un modelo inclusivo. Al respecto, hay que decir que ya en los inicios de los años noventa se definieron estos servicios como transitorios en la legislación canaria, pero a pesar de ello, los mismos no sólo han continuado funcionando como un sistema estanco, sino que la Consejería anuncia que va a construir nuevos centros y crear nuevas aulas enclave. Si a ello se une que dichas aulas enclave, se han ido convirtiendo en aulas segregadas que funcionan de forma paralela en el sistema ordinario, aun siendo definidas también como aulas de transición cuando se crearon para facilitar el camino hacia un mayor nivel de inclusión, no parece por tanto, que estemos en el buen camino para la construcción de una escuela inclusiva.
Juan Espino. Maestro jubilado, autor del libro: “La Génesis de la Educación Inclusiva en Canarias” Ed. Canarias Ebook.
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