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Cuotas de género y corrupción

¿Reduce los niveles de corrupción la proporción de mujeres en puestos de representación política?

La introducción de cuotas de género para la distribución de cargos en los municipios desde 2007 podría haber tenido ese efecto.

Además no es un efecto efímero ya que no se desvanece con el tiempo.

Los niveles de corrupción en municipios españoles son, desde un punto de vista comparado, bastante notables. Acuerdos ilegales con promotores urbanísticos, comisiones ilegales en la construcción de rotondas faraónicas, favoritismo en la contratación, personal inflado. El recetario de la corrupción municipal en España es tan extenso que rivalizaría con la mismísima Simone Ortega.

Existen dos tipos de estrategias orientadas a combatir o, al menos, reducir los niveles de corrupción política. La primera de ellas es la rendición de cuentas. Esta estrategia asume que todos los políticos pueden ser tentados por la corrupción. La manera de evitar que lo hagan es creando mecanismos de castigo en caso de que decidan hacerlo. El objetivo es que la amenaza de ese castigo haga que los políticos decidan no corromperse porque “no les merece la pena”. Para que la rendición de cuentas funcione son necesarios (a) Transparencia, es decir, que el político que se corrompe sea detectado, y  (b) que una vez que la información sobre corrupción es conocida, que haya mecanismos de castigo disuasorio, sin sesgos políticos. La segunda estrategia presupone que no todos los políticos son iguales y, por tanto, busca generar mecanismos de selección de la élite política que haga emerger cuadros políticos más honestos y menos propensos a beneficiarse ilegalmente de lo público.

Este artículo pretende contribuir a este segundo tipo de análisis. Nuestro objetivo es analizar si la proporción de mujeres en puestos de representación políticatiene un impacto en los niveles de corrupción. Para ello hemos estudiado las consecuencias que ha tenido la implantación de cuotas de género en municipios españoles desde el año 2007.

Pero… ¿por qué se podría esperar una relación entre género y corrupción?

La relación entre el género de un político y su propensión a corromperse no es ni mucho menos obvia. Existe, sin embargo, un argumento relevante que apunta a la existencia de una relación causal entre la proporción de mujeres en puestos de decisión política y los niveles de corrupción. De acuerdo con esta explicación, los roles de género asociados a las mujeres en el proceso de socialización las hacen menos proclives a la corrupción (Dollar, Fisman, y Gatti 2001). El mecanismo fundamental se basaría en que las diferencias en la socialización entre géneros hace que las mujeres tiendan a presentar un mayor nivel de aversión al riesgo (Esarey y Schwindt-Bayer 2017). De esto modo son más reticentes a jugársela aceptando un soborno o a comprometerse a favorecer a una empresa frente a las demás. Esto podría explicar por qué existe una correlación entre el porcentaje de mujeres en parlamentos nacionales y mayores niveles de honradez política. 

Ahora bien, existe un argumento alternativo que pone en duda que el género sea el factor clave en esa relación empírica. Según este argumento, la clave está en que para corromperse es necesario tener una cierta experienciay contactos políticos. De este modo, la correlación entre el ascenso en la proporción de mujeres en puestos de representación y el descenso en la corrupción no se debería a la entrada de representantes que son mujeres sino a su inexperiencia política. De acuerdo con esta lógica, el descenso en la corrupción asociado al aumento de la paridad de género sería solo de corto plazo: Una vez que las nuevas representantes adquiriesen mayor bagaje político, su comportamiento y, por tanto, la probabilidad de que participen en corrupción serían las mismas que las de los hombres.

El sistema de cuotas en España.

La introducción de cuotas de género en los municipios españoles desde el año 2007 nos permite empezar a responder a la pregunta de si hay una relación de causa y efecto entre el género de los políticos y la honestidad de su comportamiento. Es posible, además, comprobar si los efectos, en caso de haberlos, son solo temporales o si, por el contrario, éstos se mantienen a medio plazo.

Las cuotas de género en España se aprobaron por ley en 2007. Establecen que en las listas de los partidos políticos a los ayuntamientos, parlamentos regionales, Congreso de los Diputados, o parlamento europeo la proporción de candidatos de cada género no puede ser inferior al 40%. Para aumentar su efectividad, este mínimo se aplica a cada intervalo de 5 candidatos. A nivel municipal, el sistema de cuotas se ha aplicado de manera gradual: Para las elecciones municipales de 2007, las cuotas se aplicaron a municipios con más de 5000 habitantes. En las elecciones siguientes, las de 2011, el sistema de cuotas se amplió también a municipios de más de 3000 habitantes. La aplicación de este cambio institucional a partir de umbrales de población permite aplicar el método conocido como regression discontinuity design (RDD). La lógica es la siguiente: Dado que los municipios alrededor del umbral de población son muy similares, si se encuentra una diferencia sistemática en los niveles de corrupción entre un lado y el otro, esta diferencia se puede atribuir al efecto de las cuotas.

La aplicación secuencial de las cuotas, además, permite distinguir entre efectos a corto y a medio plazo. En las elecciones de 2011, los municipios de más de 5000 habitantes aplicaron la cuota de género por segunda vez, mientras que los municipios entre 3000 y 5000 empadronados lo hacían por vez primera. De esto modo, se puede estimar si el efecto a medio plazo es distinto del de corto plazo. Si la hipótesis de la inexperiencia política estáen lo cierto deberíamos observar que el efecto de la cuota en aquellos municipios que la aplican por segunda vez es menorque en aquellos que la acaban de aplicar, dado que en aquéllos las mujeres ya han acumulado experiencia que les permite participar de la corrupción. En cambio, si el argumento de los roles de género es el correcto, no deberían existir diferencias sistemáticas entre aquellos que llevan dos y los que llevan solo una legislatura con cuotas.

 Efectos a corto plazo

Por su naturaleza ilegal y encubierta, es imposible medir la corrupción de manera directa. Por eso, utilizamos dos indicadores que, sin medirlo directamente, nos aproximan al fenómeno de la corrupción. El primer indicador que utilizamos es si ha habido algún caso de corrupción que afecte al gobierno local. En segundo mide la magnitud de la expansión inmobiliaria en el municipio. Esta segunda medida es interesante porque las burbujas inmobiliarias ofrecen oportunidades jugosas para la corrupción.

El gráfico siguiente muestra las diferencias en ambos indicadores durante el periodo 2007-2011 entre municipios que acaban de aplicar las cuotas (los de más de 5000 habitantes) y los que no las tienen (los de menos de 5000). El panel izquierdo del gráfico se refiere a los casos de corrupción. El panel derecho, a la expansión urbanística. La línea vertical negra indica el umbral de 5000 habitantes a partir del cual se aplicó la cuota de género. La línea azul representa el nivel del indicador de corrupción. Como puede comprobarse, los casos de corrupción disminuyen entre aquellos municipios en los que se aplica la cuota (a la derecha del umbral). Del mismo modo, la burbuja inmobiliaria también es de menor tamaño allí donde se implementan cuotas. Se puede concluir que, al menos a corto plazo, la introducción de cuotas de género disminuye la corrupción.

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El gráfico 2 permite discriminar si la reducción en la corrupción con la introducción de cuotas de género es solo temporal. Para ello examinamos los niveles de corrupción en el periodo 2011-2015. Seguimos comparando municipios justo por encima y justo por debajo del umbral de 5000 habitantes. Para este periodo, aquellas localidades con más de 5000 habitantes han tenido cuotas durante dos legislaturas, mientras que los de menos de 5000 solo llevan una. De este modo podemos evaluar si los efectos positivos de la introducción de las cuotas se desvanecen con el tiempo o no.

Este segundo gráfico muestra que no hay diferencias significativas entre municipios que llevan dos periodos con cuotas de género y los que las acaban de aplicar. No existe variación sistemática ni en el número de casos de corrupción (panel de la izquierda) ni en términos de burbuja inmobiliaria (panel de la derecha). Por lo tanto podemos concluir que los efectos positivos sobre la corrupción de la introducción de las cuotas de género no desaparecen a medio plazo. Este patrón empírico serían pues más coherente con el argumento de los roles de género. A falta de un estudio en un espacio de tiempo más prolongado, estos resultados sugieren que la incorporación de mujeres a puestos de representación política disminuye de manera duradera los niveles de corrupción local.

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